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	<title>Francisco J. Carballo, autor en Chesterton.es</title>
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	<title>Francisco J. Carballo, autor en Chesterton.es</title>
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		<title>XX años de la Nota Doctrinal del cardenal Ratzinger sobre la vida pública de los católicos: Los católicos y la democracia moderna</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Feb 2023 14:44:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Casi coincidiendo con el fallecimiento del Santo Padre emérito, Benedicto XVI, de feliz recuerdo, hemos celebrado el XX aniversario de la publicación de un texto memorable sobre el magisterio político de la Iglesia. Se trata de uno de los documentos más importantes de los últimos años sobre Doctrina Social de la Iglesia, titulado Nota doctrinal [&#8230;]</p>
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<p>Casi coincidiendo con el fallecimiento del Santo Padre emérito, Benedicto XVI, de feliz recuerdo, hemos celebrado el XX aniversario de la publicación de un texto memorable sobre el magisterio político de la Iglesia.</p>



<p>Se trata de uno de los documentos más importantes de los últimos años sobre Doctrina Social de la Iglesia, titulado <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida pública</em>, de 24 de noviembre de 2002<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>, firmada por el cardenal Ratzinger y con aprobación expresa del Santo Padre San Juan Pablo II.</p>



<p>Pese a la suficiente claridad<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a> de los textos oficiales de la Iglesia, el pueblo de Dios vive no pocas veces de espaldas a sus enseñanzas. Por eso la Iglesia emite periódicamente algunos documentos para subrayar viejos principios olvidados.</p>



<p>El magisterio pontificio vuelve a enseñar, por enésima vez, la obligación ineludible de los fieles laicos cristianos hacia las realidades socio-políticas para ordenarlas según Cristo. San Juan Pablo II en <em>Christifideles Laici</em>, hablando sobre la vocación y misión de los laicos en el mundo, decía que el servicio a la sociedad de los fieles laicos debe hacerse desde el amor al prójimo <a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>y para Gloria de Dios<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>, constituyendo una oportunidad especial de apostolado<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>, santificación<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a> y testimonio de la justicia inherente al mensaje evangélico<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a>. En la Instrucción <em>Instrumentum laboris</em><a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>, para la preparación del Sínodo de los obispos de 1987,<em>se </em>recordaba la doble tarea de los cristianos en el orden temporal, esto es, la promoción y liberación integral de la persona<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>, y la denuncia de las estructuras sociales de pecado<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>. En el Concilio Vaticano II, <em>Lumen Gentium<a href="#_ftn11" id="_ftnref11"><strong>[11]</strong></a></em> se ocupó ampliamente de este asunto, para recordar que Dios tiene deseos para este mundo que los cristianos deben implantar por imperativo de su filiación divina, oponiéndose a los atentados contra la dignidad de la persona. San Pablo VI en <em>Populorum Progressio<a href="#_ftn12" id="_ftnref12"><strong>[12]</strong></a></em> ya señalaba el deber de los cristianos hacia el desarrollo de los hombres y de los pueblos como si se tratase del desarrollo propio.</p>



<p>La <em>Nota Doctrinal</em> del cardenal Ratzinger no añade sustancialmente nada nuevo que no haya enseñado el Catecismo de 1992, compendio de la enseñanza cristiana. Quiere, sin embargo, responder a las graves desviaciones que personas e instituciones presumiblemente cristianas realizan en el contexto de las democracias modernas<a href="#_ftn13" id="_ftnref13">[13]</a>.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque ciertamente la vida pública goza de justa autonomía, no debe confundirse ésta con la independencia absoluta, con la neutralidad moral, que acaba convirtiéndose en una negación de la dignidad humana. Efectivamente, hay un texto del Concilio mal interpretado y peor aplicado sobre la autonomía del orden temporal. Porque la independencia jurídica del Estado con respecto a la Iglesia nada tiene que ver con la independencia moral del Estado respecto a la ley de Dios, si no queremos caer en la tiranía del error, la mentira y el mal.</p>



<p><strong>Los límites del sistema democrático</strong></p>



<p>El texto denuncia el «relativismo cultural» y el «pluralismo ético» imperantes, que provoca «la decadencia y disolución de la razón y los principios de la ley moral»<a href="#_ftn14" id="_ftnref14">[14]</a>, y que se traduce en «leyes que prescinden de los principios de la ética natural, limitándose a la condescendencia con ciertas orientaciones culturales o morales transitorias». Y señala la falsa concepción de la tolerancia que pide a los católicos que renuncien a una moral que nace de la naturaleza humana, «a cuyo juicio se tiene que someter toda concepción del hombre, del bien común y del Estado»<a href="#_ftn15" id="_ftnref15">[15]</a>.</p>



<p>La Iglesia aprecia el sistema democrático en la medida que implica la participación de todos en la búsqueda del bien común, que «comprende la promoción y defensa de bienes tales como el orden público y la paz, la libertad y la igualdad, el respeto de la vida humana y el ambiente, la justicia, la solidaridad»<a href="#_ftn16" id="_ftnref16">[16]</a>.&nbsp; Estamos ante el primer límite a la soberanía popular.</p>



<p>Pero «la libertad política no está ni puede estar basada en la idea relativista según la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas»<a href="#_ftn17" id="_ftnref17">[17]</a>, porque no todas las filosofías o religiones tienen el mismo valor<a href="#_ftn18" id="_ftnref18">[18]</a>. «La pluralidad de las orientaciones y soluciones, deben ser en todo caso moralmente aceptables»<a href="#_ftn19" id="_ftnref19">[19]</a>. Estamos ante el segundo límite a la soberanía popular.</p>



<p>«La democracia, (…) sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepción de la persona»<a href="#_ftn20" id="_ftnref20">[20]</a>. Estamos ante el tercer límite a la soberanía popular. &nbsp;Los católicos no pueden admitir componendas en este aspecto, añade el texto, porque de lo contrario se menoscabaría el testimonio cristiano en el mundo, y la unidad y coherencia interior de los fieles<a href="#_ftn21" id="_ftnref21">[21]</a>.</p>



<p>El bien común, la moral objetiva y una recta concepción de la persona son por lo tanto límites a toda acción de gobierno, incluida la democracia moderna. Recordemos que la democracia liberal es un régimen político absolutista que no admite ninguna consideración a priori o externa al voluntarismo jurídico que se manifiesta en la lógica de las mayorías parlamentarias. Este planteamiento será la primera razón que deja a la Iglesia extramuros del orden político vigente en el mundo occidental.</p>



<p><strong>La participación de los católicos en la vida democrática</strong></p>



<p>«El cristiano (…) está llamado a disentir de una concepción del pluralismo en clave de relativismo moral, nociva para la misma vida democrática, pues ésta tiene necesidad de fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, de principios éticos que, por su naturaleza y papel fundacional de la vida social, no son “negociables”»<a href="#_ftn22" id="_ftnref22">[22]</a>. San Juan Pablo II enseñaba que la auténtica libertad no existe sin la verdad. «Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente»<a href="#_ftn23" id="_ftnref23">[23]</a>.</p>



<p>Pero disentir no es suficiente para la moral cristiana. La participación en la democracia moderna exige como condición previa el respeto a la persona<a href="#_ftn24" id="_ftnref24">[24]</a>, condición que no se cumple en ninguna de las sociedades democráticas de la Unión Europea<a href="#_ftn25" id="_ftnref25">[25]</a>. Estamos ante todo un planteamiento «antisistema» del Cardenal Ratzinger.</p>



<p>«El respeto de la persona es, por lo demás, lo que hace posible la participación democrática»<a href="#_ftn26" id="_ftnref26">[26]</a>. Como enseña el Concilio Vaticano II, la tutela «de los derechos de la persona es condición necesaria para que los ciudadanos, como individuos o como miembros de asociaciones, puedan participar activamente en la vida y en el gobierno de la cosa pública»<a href="#_ftn27" id="_ftnref27">[27]</a>.</p>



<p>El texto es claro. Para que un fiel católico pueda participar en un régimen político, la ley positiva debe respetar la dignidad de la persona. Aborto legal, experimentación con embriones, anticoncepción, perversiones sexuales, pornografía, ideología de género…, son algunas de las innumerables realidades que cuentan con la permisividad, promoción y subvención de las administraciones públicas en las sociedades occidentales. ¿Qué hacen los fieles católicos en medio de este aquelarre?</p>



<p>Se trata de algo tan lógico y natural como pedir a los católicos que no participen en un régimen como el hitleriano, el estalinista, el maoísta o el de la Convención Nacional de Francia. Es imposible justificar la presencia de católicos en gobiernos que permiten y financian, por ejemplo, la ejecución de millones de seres humanos con el nuevo holocausto del aborto<a href="#_ftn28" id="_ftnref28">[28]</a>.</p>



<p><strong>Unidad de vida</strong></p>



<p>Otro de los grandes problemas de nuestro tiempo es la incoherencia de vida. Especialmente en el caso de los fieles laicos hay incongruencia generalizada entre vida pública y privada. La conciencia es una, como afirma el documento, y no podemos creer y hasta divulgar una idea de la vida en casa, y vivir otra opuesta en el trabajo o la política. Recuerda el texto que toda la existencia humana entra en el designio de Dios y que cualquier actividad, situación o esfuerzo es una ocasión providencial de expresión de la fe, la esperanza y la caridad. La política, del mismo modo, ejercida desde la recta conciencia, es la aportación de los cristianos a un orden social más justo y más respetuoso con la dignidad de la persona.</p>



<p>En consecuencia el fiel católico puede adherirse a soluciones temporales incompatibles con la fe: «la legítima pluralidad de opciones temporales mantiene íntegra la matriz de la que proviene el compromiso de los católicos en la política, que hace referencia directa a la doctrina moral y social cristiana»<a href="#_ftn29" id="_ftnref29">[29]</a>.</p>



<p>Aunque hay pluralidad de metodologías posibles para salvaguardar el bien común «ningún fiel puede, sin embargo, apelar al principio del pluralismo y autonomía de los laicos en política, para favorecer soluciones que comprometan o menoscaben la salvaguardia de las exigencias éticas fundamentales para el bien común de la sociedad»<a href="#_ftn30" id="_ftnref30">[30]</a>.</p>



<p>Dice el futuro Benedicto XVI que «algunas organizaciones católicas apoyan fuerzas y movimientos políticos contrarios a la enseñanza moral» de la Iglesia. Y «algunas revistas y periódicos (católicos) orientan a los lectores de modo ambiguo e incoherente»<a href="#_ftn31" id="_ftnref31">[31]</a>. Los católicos no pueden participar en ninguna opción política que se oponga a la doctrina moral y social de la Iglesia.</p>



<p>Si la colaboración de muchos católicos con ideologías contrarias al Evangelio es un signo decadente de nuestro tiempo, no lo es menos la ambigüedad o la cómplice pasividad. Lo que se espera de un bautizado laico, dice el cardenal Ratzinger, es el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia a la construcción de una cultura inspirada en el Evangelio, que recupere el imperio del «patrimonio de valores y contenidos de la Tradición católica»<a href="#_ftn32" id="_ftnref32">[32]</a>.</p>



<p>Es necesario vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia, y los cristianos deben esforzarse por instaurar un ordenamiento social más justo y coherente con la dignidad de la persona humana<a href="#_ftn33" id="_ftnref33">[33]</a>.</p>



<p>Se trata de un esfuerzo conjunto y complementario de reforma de las estructuras de pecado y de las costumbres que amparan moral y legalmente esas estructuras, porque</p>



<p>«es insuficiente y reductivo pensar que el compromiso social de los católicos se deba limitar a una simple transformación de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyarán siempre sobre fundamentos frágiles»<a href="#_ftn34" id="_ftnref34">[34]</a>.</p>



<p>El Concilio Vaticano II exhorta a los fieles a «cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta de que la propia fe es un motivo que les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno»<a href="#_ftn35" id="_ftnref35">[35]</a>.</p>



<p>El juicio del cardenal Ratzinger es inapelable y severo, porque deja fuera de juego a la inmensa mayoría de los fieles católicos; unos, por vivir al margen de su vocación cristiana hacia la transformación en Cristo del orden social y político. Otros por participar en regímenes políticos que niegan la dignidad y por lo tanto los derechos fundamentales del ser humano. Y otros, finalmente, por participar en soluciones incompatibles con la fe de la Iglesia.</p>



<p><strong>Los políticos profesionales</strong></p>



<p>Los políticos cristianos que participen en funciones legislativas deben oponerse a toda ley contraria a la dignidad del hombre, no pueden promover campañas de opinión contra ella, ni por supuesto apoyar con su voto leyes, programas políticos o propuestas contrarias a la Ley de Dios<a href="#_ftn36" id="_ftnref36">[36]</a>.</p>



<p>Para que el cerco moral acabe de cerrarse sobre la terrible complicidad de los católicos de nuestro tiempo con la inmoralidad de las estructuras, instituciones y código de valores que padecemos, afirma el documento que ni siquiera es moralmente aceptable el compromiso político a favor de uno o varios aspectos del bien común que desatiendan al bien común en su conjunto<a href="#_ftn37" id="_ftnref37">[37]</a>. Con esta vara de medir ninguno de los partidos con representación parlamentaria merece el voto católico<a href="#_ftn38" id="_ftnref38">[38]</a>.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; San Juan Pablo II una vez más había recordado a los católicos el 14 de noviembre de 2002 en su discurso ante el Parlamento de la República italiana que la democracia genuina está amenazada por el relativismo, «que funda sus valores en el simple consenso de las mayorías».</p>



<p>La democracia moderna mezcla la negación de la verdad con la dictadura de las mayorías, y hace imposible la salvaguarda del bien común. Cuando las leyes no son justas, no obligan a una conciencia cristiana, que debe desobedecer.</p>



<p>Además el texto rechaza las concepciones políticas que sólo atienden a la realidad mundana del hombre y que ignoran («anulan o redimensionan») su destino trascendente. Es decir, la Iglesia rechaza toda ideología que adopte una concepción monista del ser humano, toda ideología que enfatiza la dimensión material del hombre como si fuese la única, e ignorando su realidad espiritual que constituye la esencia de la naturaleza humana.</p>



<p>Con esta sola afirmación de la <em>Nota Doctrinal</em> quedan excluidas para un cristiano las ideologías políticas que detentan el poder en la Unión Europea.</p>



<p><strong>No todas las religiones son iguales</strong></p>



<p>Finalmente, el documento realiza una explicación, que no pocos esperaban, para acabar con abusos y erróneas exégesis de las palabras del Concilio sobre la libertad religiosa. Dice el entonces Cardenal Ratzinger que la condena del indiferentismo y del relativismo no es incompatible con la libertad de conciencia de la Declaración <em>Dignitatis Humanae</em> del Concilio Vaticano II. Al contrario, es plenamente coherente con ella, porque la Declaración conciliar no presupone una «inexistente» igualdad entre las religiones, culturas o doctrinas, incluso erróneas, como si tuvieran una valor más o menos igual<a href="#_ftn39" id="_ftnref39">[39]</a>, en palabras de Pablo VI. La libertad de conciencia y religiosa se funda en la dignidad humana, es decir, en la ausencia de coacción que oprima la conciencia para buscar la verdadera religión y adherirse a ella<a href="#_ftn40" id="_ftnref40">[40]</a>.</p>



<p><strong>Principios innegociables</strong></p>



<p>Por si cabía alguna duda, el documento que estamos abordando específica las materias más graves que merecen la atención política urgente de los cristianos. Son cuestiones morales que no admiten «excepciones». Se trata del aborto, la eutanasia, los derechos del embrión humano, la tutela y la promoción de la familia fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto<a href="#_ftn41" id="_ftnref41">[41]</a> frente al divorcio, la libertad de los padres en la educación de sus hijos, la tutela social de los menores, la liberación de las víctimas de las modernas formas de esclavitud como la droga o la explotación de la prostitución, el derecho a la libertad religiosa, o la consecución de la justicia social como exigencia de la dignidad del hombre con una economía al servicio de la persona y del bien común bajo los principios de solidaridad humana y de subsidiariedad<a href="#_ftn42" id="_ftnref42">[42]</a>.</p>



<p>El texto insiste, aunque tal vez no fuera necesario salvo en atención a la mentalidad de esta época, que no se propone una forma confesional<a href="#_ftn43" id="_ftnref43">[43]</a> de organización social, sino que el bien común precisa una verdadera interpretación de la naturaleza humana en consonancia con la Ley Natural. La política debe inspirarse en valores absolutos, porque el ser humano es una realidad superior e independiente de la voluntad general. El bien común será desatendido si se prescinde de la adecuada visión del hombre en su doble dimensión corporal y espiritual.</p>



<p>&nbsp;El Cardenal Ratzinger puntualiza que las exigencias del bien común no obedecen exclusivamente a «valores confesionales», pues tales exigencias éticas están radicadas en el ser humano y pertenecen a la ley moral natural<a href="#_ftn44" id="_ftnref44">[44]</a>.</p>



<p>La frecuentemente referencia de la Iglesia ya desde Pío XII a la laicidad requiere una clarificación no solamente terminológica. Para la doctrina moral católica, la laicidad se entiende como la autonomía de la esfera civil y política de la esfera religiosa y eclesiástica, pero no de la esfera moral. Es decir, se trata de la separación formal entre la Iglesia y el Estado, pero nunca de la independencia del Estado respecto a la moral verdadera<a href="#_ftn45" id="_ftnref45">[45]</a>.</p>



<p>Evidentemente, la cultura relativista, que busca negar influencia política y cultural a la fe cristiana, niega al tiempo la misma posibilidad de una ética natural. Las consecuencias de esta anarquía moral, ilegítimo pluralismo, serán el abuso del más fuerte sobre el débil, el fin de la vida social y de la concordia necesaria entre los pueblos, y el peligro de desaparición de los mismos fundamentos espirituales y culturales de la civilización<a href="#_ftn46" id="_ftnref46">[46]</a>.</p>



<p><strong>Un regalo de Dios</strong></p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una lectura reposada del documento permitirá descubrir una enorme riqueza en matices y exigencias para la acción política de los cristianos. No necesitaba el magisterio repetirse sobre algo evidente, y ya enseñado por el magisterio reciente y no reciente. Pero el clima de profundísima confusión que afecta a los cristianos y a la sociedad en general sobre aspectos esenciales de la fe, hace que no pocos ya crean que la vieja Cristiandad, sin excluir a España, no sólo precisa de una nueva evangelización, como tantas veces han repetido los papas más recientes, sino que se ha convertido en tierra de misión.</p>



<p>Ahora hace falta, en primer lugar, que todos los católicos, desde los laicos hasta los prelados, sean eco de las enseñanzas del Papa, eco fiel en lo doctrinal y en la vehemencia y pasión que el texto pontificio desborda entre sus líneas. De lo contrario, como ha ocurrido en tantas ocasiones, el mensaje tal vez llegue solamente a quienes ya vivían de acuerdo con los postulados del documento.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En segundo lugar, si la sociedad no tiene sensación de obra mal hecha, de error&#8230; porque se confunde la obligada indulgencia con el pecador, con la tolerancia, comprensión o infravaloración del pecado grave y contumaz, el banquete de la confusión está servido.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En la Nicaragua del año 2002 lo tenían más claro. La Iglesia nicaragüense excomulgó, justo poco después de la publicación de esta <em>Nota doctrinal</em>, a los padres y médicos que habían practicado un crimen de aborto con la inocente consecuencia de una violación a una pobre niña. Estaban excomulgados automáticamente, como dice el Código de Derecho Canónico. Pero con la sentencia pública todo el mundo se enteró de las consecuencias canónicas del asesinato del nasciturus y el aborto apareció con elocuente nitidez como una aberración a los ojos de todo el mundo.</p>



<p>La claridad de ideas y la vehemencia en su exposición y defensa, en buena lógica, deben ser proporcionales a la gravedad de la situación, al índice de conciencia social sobre el asunto y a las posibilidades de los medios disponibles. El poder y la autoridad están para usarlos en defensa de aquello que les dio vida y sentido. En caso contrario, ¿a qué estamos jugando?</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Claro que la empresa es harto difícil. Ni todas las encíclicas de la historia, ni la visita personal del Sumo Pontífice, como si la historia se repitiese con los profetas de Israel y la dureza de corazón de los judíos de la Antigua Alianza, seguramente podrían convencer a la mayoría de los católicos que ostentan amplias parcelas del poder, de que su autoridad viene de Dios, de que tienen que obedecer a Dios antes que a los hombres, de que no deben apoyar, bendecir ni obedecer leyes injustas, y que lo importante para ellos y para el bien común es tener a Dios contento y no a los electores.</p>



<p>Si escuchasen a la Iglesia muchos tendrían que revisar toda una vida de gobernantes para concluir dramáticamente que sólo han servido por acción u omisión a los derechos del mal y del error, falsos derechos humanos. Y no pocos se consolarían tristemente con el papel de aparente mal menor de Pilatos frente a la mayor crueldad aparente de Caifás.</p>



<p>Los católicos esencialmente seguimos, pese a la buena intención, haciendo el juego al enemigo, a quien por mucho que amemos no deja por ello de ser el enemigo de todo aquello que puede considerarse sagrado. Podemos y debemos discrepar, y también podemos y debemos resistir. Ese es el modelo que nos presenta la Iglesia con Santo Tomás Moro<a href="#_ftn47" id="_ftnref47">[47]</a>, patrón de los políticos, San Juan Fisher o Santo Tomás Becket, martirizados en sorprendentes parecidas circunstancias a las exigencias de nuestro tiempo, por no ceder ni siquiera formalmente con su aquiescencia al imperio de la iniquidad y la apostasía, aunque vengan disfrazadas de consenso, pluralismo o convivencia.&nbsp;</p>



<p><strong>Francisco J. Carballo</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> No por casualidad la <em>Nota</em> se firma en la solemnidad de N. S. Jesús Cristo, Rey del universo.</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> La claridad de los textos pontificios de los últimos 50 ó 60 años, en comparación con otros tiempos, tal vez sea una cuestión digna de análisis y debate.</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> JUAN PABLO II, <em>Christifideles Laici</em>, 36 y 41, en <em>Documentos Sinodales (vol. I)</em>, Madrid: Ebidesa, 1996, p. 640-642 y 657-659.</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Ib., 32, p. 628-630.</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Ib., 34-35, p. 633-640.</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Ib., 16-17, p. 576-583.</p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> Ib., 8-17, p. 558-583.</p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> Sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo a los veinte años del Concilio Vaticano II.</p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> Cf. Instrucción <em>Instrumentum laboris</em> (1987), 50-55. JUAN PABLO II, <em>Christifideles Laici</em>, 37-38, en <em>Documentos Sinodales (vol. I)</em>, op. cit.,p. 642-650.</p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> Cf. Instrucción <em>Instrumentum laboris</em> (1987), 50-55. JUAN PABLO II, <em>Christifideles Laici</em>, 42-44, en <em>Documentos Sinodales (vol. I)</em>, op. cit., p. 659-672.</p>



<p><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> CONCILIO VATICANO II, <em>Lumen Gentium</em>, 29, Madrid: BAC, 1966, p. 248.</p>



<p><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> PABLO VI, <em>Populorum Progressio</em>, 16-17, en <em>Encíclicas de Pablo VI</em>, Madrid: Ebidesa, 1998, p. 162-164. El desarrollo debe ser integral, y no es sinónimo de progreso económico o bienestar material.</p>



<p><a href="#_ftnref13" id="_ftn13">[13]</a> La <em>Nota Doctrinal</em> apela al Catecismo, y no pretende repetir lo que allí se ha enseñado, pero quiere «recordar algunos principios propios de la conciencia cristiana, que inspiran el compromiso social y político de los católicos en las sociedades democráticas. Y ello porque, en estos últimos tiempos, (…) han aparecido orientaciones ambiguas y posiciones discutibles» (CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 1).</p>



<p><a href="#_ftnref14" id="_ftn14">[14]</a> Ib., 2.</p>



<p><a href="#_ftnref15" id="_ftn15">[15]</a> Ib.</p>



<p><a href="#_ftnref16" id="_ftn16">[16]</a> Ib., 1.</p>



<p><a href="#_ftnref17" id="_ftn17">[17]</a> Ib,, 3.</p>



<p><a href="#_ftnref18" id="_ftn18">[18]</a> Cf. ib., 2-3.</p>



<p><a href="#_ftnref19" id="_ftn19">[19]</a> Ib., 3.</p>



<p><a href="#_ftnref20" id="_ftn20">[20]</a> Ib.</p>



<p><a href="#_ftnref21" id="_ftn21">[21]</a> Cf. ib.</p>



<p><a href="#_ftnref22" id="_ftn22">[22]</a> Ib., 3.</p>



<p><a href="#_ftnref23" id="_ftn23">[23]</a> Ib., 7. JUAN PABLO II, <em>Fides et ratio</em>, 90.</p>



<p><a href="#_ftnref24" id="_ftn24">[24]</a> Esta grave afirmación del cardenal Ratzinger, que ha pasado inadvertida también para la inmensa mayoría de la jerarquía eclesiástica, puntualiza o completa la encíclica <em>Nobilissima gallorum gens</em> (1884) de León XIII sobre la participación de los católicos en un régimen político impío (vid. LEÓN XIII, <em>Nobilissima gallorum gens</em>,en José Luis GUTIÉRREZ GARCÍA, op. cit., p. 139-154). El Papa León XIII, bajo algunas condiciones, legitimaba el poder constituido, aunque fuese bajo los principios condenados de la Revolución Francesa, como poder accidental que debía ser obedecido por imperativo del bien común. Esta táctica conocida como «ralliement» nunca obtuvo los frutos deseados (apaciguar los ánimos en un ambiente anticlerical) sino que favoreció el laicismo en la III República francesa a principios del siglo XX. Esta encíclica tuvo su precedente en la encíclica <em>Cum multa</em> de 1882, dirigida a los católicos españoles (vid. LEÓN XIII, <em>Cum multa</em>,en José Luis GUTIÉRREZ GARCÍA, op. cit., p. 127-138). Aunque el propio Papa León XIII se puntualizó a sí mismo más tarde en <em>Inmortale Dei</em>: «puede muy bien suceder que, en alguna parte, por causas muy graves y muy justas, no convenga en modo alguno intervenir en el gobierno de un Estado ni ocupar en él puestos políticos» (LEÓN XIII, <em>Inmortale Dei</em>, 22, en José Luis GUTIÉRREZ GARCÍA,op. cit., p. 215-216).</p>



<p><a href="#_ftnref25" id="_ftn25">[25]</a> Bastaría con referirse a las leyes que despenalizan el genocidio del aborto, que permiten la experimentación con embriones, que han legalizado la eutanasia o aquellas otras que se inhiben o fomentan la corrupción del ambiente moral que condena a los niños a respirar un aire insalubre que mata la vida de sus almas.</p>



<p><a href="#_ftnref26" id="_ftn26">[26]</a> CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 3.</p>



<p><a href="#_ftnref27" id="_ftn27">[27]</a> CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et spes</em>, 73, op. cit., p. 322.</p>



<p><a href="#_ftnref28" id="_ftn28">[28]</a> Es necesario de la pastoral episcopal acomode sus reflexiones preelectorales a esta disposición de la Santa Sede. Pedir el voto en coherencia cristiana con motivo de cada convocatoria electoral, cuando vivimos en un régimen genocida (sólo en España dos millones de niños han sido ejecutados desde 1985), parece claramente insuficiente a tenor del texto pontificio.</p>



<p><a href="#_ftnref29" id="_ftn29">[29]</a> CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 3.</p>



<p><a href="#_ftnref30" id="_ftn30">[30]</a> Ib., 5.</p>



<p><a href="#_ftnref31" id="_ftn31">[31]</a> Ib., 7.</p>



<p><a href="#_ftnref32" id="_ftn32">[32]</a> Ib.</p>



<p><a href="#_ftnref33" id="_ftn33">[33]</a> Cf. ib., 6.</p>



<p><a href="#_ftnref34" id="_ftn34">[34]</a> Ib., 7.</p>



<p><a href="#_ftnref35" id="_ftn35">[35]</a> Ib., 9. CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et spes</em>, 43, op. cit., p. 268-273. JUAN PABLO II, Exhortación Apostólica <em>Christifideles laici</em>, 59, en <em>Documentos Sinodales (vol. I)</em>, op. cit.,p. 715-717.</p>



<p><a href="#_ftnref36" id="_ftn36">[36]</a> Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 4.</p>



<p>Sólo podrían votar por el mal menor cuando en una disyuntiva en el parlamento, una ley fuese menos gravosa —por ejemplo— para la vida del hombre que su alternativa, siempre y cuando —dice el documento— la absoluta oposición personal, por ejemplo, al aborto fuese clara y notoria.</p>



<p><a href="#_ftnref37" id="_ftn37">[37]</a> Cf. ib., 5. La historia reciente de España demuestra que la jerarquía eclesiástica y el pueblo de Dios han dado la espalda a partidos y movimientos católicos, o al menos que se dicen católicos, electoralmente desahuciados para apoyar a los no católicos o a los católicos abiertamente incoherentes, pero con opciones de éxito, sin otra lógica que parecían menos malos que otras alternativas. Somos responsables de las consecuencias.</p>



<p>El mal en sus múltiples variantes domina en monopolio la escena electoral y el bien prácticamente ha desaparecido de la vida política, desfondado y completamente abandonado de los hijos de la luz. Suponiendo que no hubiese un bien como alternativa al mal, sólo sería legítimo escoger el mal menor si cumple con los cuatro principios no negociables que estableció Benedicto XVI en <em>Sacramentum caritatis</em>.</p>



<p>Tal vez sea hora de plantearse la posibilidad de un cambio de régimen, asunto que la plutocracia ha conseguido eliminar de la agenda de cualquier debate político, periodístico, cultural y hasta académico. Hoy se discute de todo, sin excluir la dignidad del hombre, la condición de hombre o mujer de la persona humana o los datos científicos. De todo menos de la democracia parlamentaria y de la plusvalía y los privilegios del capital, que son los «a priori» de nuestro tiempo. El régimen político imperante en Occidente no sólo adolece de representación política (sólo están representadas las ideologías subvencionadas y afectas al orden establecido), sino que el propio régimen de partidos políticos, por su propia naturaleza relativista y de lucha encarnizada y amoral por el poder, es incompatible con el bien común (cf. PÍO XI, <em>Ubi arcano</em>, 9, en Federico RODRÍGUEZ, op. cit., p. 486-487).</p>



<p>Es lo que Pío XI denominaba la tercera de las concupiscencias que amenazan al hombre: «la soberbia de vida, es decir, el ansia de mandar a los demás, ha llevado a los partidos políticos a contiendas tan encarnizadas, que no se detienen ni ante la rebelión, ni ante el crimen de lesa majestad, ni ante el parricidio mismo de la patria» (ib., p. 492). Entre las muchas fórmulas alternativas posibles se trataría, en primer lugar, de garantizar una representación política universal y efectiva de los intereses de las personas mediante una representación corporativa. Y, en segundo lugar, de limitar el poder civil con la moral objetiva para evitar que sea un poder absolutista que defina caprichosamente que es moralmente aceptable. Para evitar en definitiva que se convierta en un poder totalitario.</p>



<p><a href="#_ftnref38" id="_ftn38">[38]</a>Podría añadirse que el recurso al llamado mal menor se ha convertido en una solución ya mítica en la conciencia cristiana para establecer un criterio moral en unas elecciones partidistas. Pero en buena lógica quienes aman el bien, no buscan premeditadamente el mal, ni mayor ni menor. Si se tratase de una disyuntiva insalvable parece preferible un mal menor a un mal mayor. Pero esta disyuntiva es falsa. Además, el mal mayor puede convertirse en los próximos comicios en mal menor ante la aparición de una amenaza superior. En esta dinámica podríamos encontrarnos el resto de nuestra vida, de tal manera que el bien o el mal ya no se definen ontológicamente sino en función de las circunstancias. El mal tiene una estrategia perfectamente orquestada mediante la implantación de sucesivos males «menores», antaño mayores. El riesgo de un mal de mayor intensidad se presenta como posibilidad precisamente para disminuir la percepción de la gravedad de los males menores.</p>



<p>En realidad, el hombre ha nacido para el bien, que es lo que conviene a su naturaleza. Sólo tiene sentido apoyar un mal menor ante la ausencia de bien, siempre y cuando tales males menores no sean «intrínsecamente malos», es decir, aquellos males que lo son siempre y por sí mismos, por su objeto, independientemente de las intenciones de quien actúa, y de las circunstancias (cf. JUAN PABLO II, <em>Veritatis Splendor</em>, 80, en <em>Encíclicas de Juan Pablo II</em>, Madrid: Edibesa, 1998, p. 1111-1113). Es lo que llamará Benedicto XVI más tarde, principios innegociables.</p>



<p>La ausencia de bien es un caso atípico. En términos electorales, los propios católicos somos muchas veces responsables de la ausencia de bien, por una moral utilitarista incompatible con la fe, o por desoír los imperativos de los laicos hacia un orden social cristiano. Lo habitual es que el fiel católico votante ponga de su cosecha un nuevo filtro: votar a un mal menor con opciones de éxito frente al bien sin opciones aparentes. Con esta interpretación subjetiva el bien tiene que vencer una doble batalla electoral: tener la razón y albergar opciones de éxito. Si ambas condiciones no se dan, los fieles católicos extrañamente abrazan acríticamente la segunda condición, olvidando la consigna de San Pablo: «no es lícito hacer el mal para lograr el bien» (<em>Rom.</em> 3, 8).</p>



<p><a href="#_ftnref39" id="_ftn39">[39]</a> Vid. Sobre este tema la declaración <em>Dominus Iesus</em> sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia, de 6 de agosto de 2000, firmada también por el Cardenal Ratzinger.</p>



<p><a href="#_ftnref40" id="_ftn40">[40]</a> Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 8. Repárese que la Iglesia y el propio Concilio hablan de verdadera religión y de inmunidad de coacción, algo que por otra parte la Iglesia ha defendido siempre. Al igual que ha defendido siempre que toda propaganda religiosa no tiene derechos absolutos sino límites en la moralidad pública y el bien común, que el Estado tiene obligación de estimular los valores religiosos (dimensión positiva de la libertad religiosa), obligaciones de proteger el ambiente moral de la sociedad, y obligaciones de inspirar su acción de gobierno en la moral objetiva (cf. CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et spes</em>, 74, op. cit, 323-325). Es necesario atender al contenido completo del documento conciliar <em>Dignitatis humanae</em> y encontraremos una reafirmación de la enseñanza tradicional de la Iglesia.</p>



<p><a href="#_ftnref41" id="_ftn41">[41]</a> «A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal».</p>



<p><a href="#_ftnref42" id="_ftn42">[42]</a> Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 5.</p>



<p><a href="#_ftnref43" id="_ftn43">[43]</a> En realidad, el núcleo de la confesionalidad del Estado reside en la subordinación de las leyes civiles al orden natural, que interpreta el magisterio eclesiástico. Desde el momento en que la autoridad política reconozca a la Iglesia como instancia moral, estaríamos ante un Estado confesional. Conviene no huir de la claridad terminológica por sistema, para no ahondar en la confusión y desorientación del pueblo cristiano. La pastoral de nuestro tiempo habla de este núcleo (subordinación de las leyes humanas a la moral objetiva, al bien común, a una recta concepción de la persona…) pero dando un rodeo para evitar palabras que resultan hoy anacrónicas. Es pan para hoy y hambre para mañana. Pero al final se dice lo mismo de siempre. Se condena una concepción voluntarista del Derecho, y la alternativa a este modelo liberal del Estado es un Estado que reconozca la verdad del hombre.</p>



<p><a href="#_ftnref44" id="_ftn44">[44]</a> CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 5.</p>



<p><a href="#_ftnref45" id="_ftn45">[45]</a> Cf. ib., 6. CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et spes</em>, 76, op. cit., p. 329-331.</p>



<p><a href="#_ftnref46" id="_ftn46">[46]</a> Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 6.</p>



<p><a href="#_ftnref47" id="_ftn47">[47]</a> Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em>, 1. JUAN PABLO II, <em>Carta Encíclica Motu Proprio dada para la proclamación de Santo Tomás Moro Patrón de los Gobernantes y Políticos</em>, 4: «el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral».</p>
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		<title>¿El demonio gobierna el mundo? Las contradicciones del ex-ministro «católico» Jorge Fernández Díaz</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/el-demonio-gobierna-el-mundo-las-contradicciones-del-ex-ministro-catolico-jorge-fernandez-diaz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2023 15:08:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://chesterton.es/?p=1962</guid>

					<description><![CDATA[<p>No cabe duda. La lucha entre el bien y el mal tiene lugar en todos los ámbitos de la vida humana. La tendencia natural de la razón a la verdad y de la voluntad al bien convive en lucha sin cuartel con la naturaleza humana herida por el pecado original que «hace el mal que [&#8230;]</p>
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<p>No cabe duda. La lucha entre el bien y el mal tiene lugar en todos los ámbitos de la vida humana. La tendencia natural de la razón a la verdad y de la voluntad al bien convive en lucha sin cuartel con la naturaleza humana herida por el pecado original que «hace el mal que no quiere». También se produce esta lucha en la historia y en el orden social, como explicó San Agustín en De Civitate Dei.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si nuestra época tiene un rasgo característico es la rebeldía contra el orden natural y sobrenatural, gestada en tantas escuelas filosóficas antropocéntricas y que se han traducido en tantas revoluciones disolventes, desde la herejía luterana, pasando por la Revolución Francesa, para terminar en la Revolución Rusa, en el Mayo del 68 o en el modernismo teológico. Sin duda Satanás es el instigador de esta rebeldía, continuación del primer pecado.</p>



<p>El hecho es evidente incluso para Jorge Fernández Díaz, ex-Ministro del Interior entre 2011 y 2016 en el Gobierno liberal de Mariano Rajoy. Al menos dos veces se ha pronunciado el Sr. Fernández en este sentido.</p>



<p>La última ocasión ha sido a comienzos del mes de enero de 2023, afirmando<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>,&nbsp; nada menos, que «la Agenda 2030 es su programa de gobierno para esta década, con una estrategia de aplicación por medio de esos 17 ODS –Objetivos de Desarrollo Sostenibles– que integran las 169 metas que ellos han decidido imponer a la población mundial, a la que promete que “no tendrá nada pero será feliz”. Son esas élites financieras multimillonarias que detentan el poder a la orden del “príncipe de este mundo”, poblado por 8.000 millones de personas que consideran que ya son demasiadas para seguir ellos mandando y viviendo como desean. Y por supuesto, ante todo y sobre todo, para cumplir con el supremo objetivo de su Jefe, que es el conseguir tener a toda la humanidad sometida a sus diabólicos designios».</p>



<p><strong>«El diablo quiere destruir a España»<a href="#_ftn2" id="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a></strong></p>



<p>El Sr. Fernández Díaz ya se había pronunciado en 2015 en la misma dirección, a propósito de un encuentro personal con Benedicto XVI. El Papa emérito le dijo que «el diablo quiere destruir a España». El Papa añadió que «el diablo conoce los servicios prestados por España a la Iglesia de Cristo. Conoce la misión de España, la Evangelización de América, el papel de España durante la «Contrarreforma», la persecución religiosa de los años 30…». Benedicto XVI concluyó profetizando que el diablo no lo conseguirá y que las cuatro herramientas necesarias para vencer al demonio en esta batalla son la humildad, la oración, el sufrimiento y la devoción a la Santísima Virgen.</p>



<p>Lo que el Sr. Fernández Díaz no ha meditado suficientemente a la luz del Sagrario, sabiendo como sabemos que es hombre de oración<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>, es cuánto ha colaborado él mismo directa e indirectamente a estos planes del demonio. La vida pública del Sr. Fernández ha tenido dos características esenciales. Primero, su apoyo a los derechos de gobierno del mal y, segundo, su condición de dirigente de un partido ateo.</p>



<p>Jorge Fernández Díaz es un demócrata convencido. Un liberal<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a> sin pasado franquista, que comenzó su andadura política en la UCD como gobernador civil en Oviedo y Barcelona. En esta fecha su partido aprueba la Ley del Divorcio en España. UCD es el partido de las amnistías a los asesinos de ETA, de la Constitución sin Dios, de la despenalización de todos los delitos que vulneran el bien común, de la descristianización brusca de la legislación española.</p>



<p>Después de un paso fugaz por el CDS de Adolfo Suárez, aterriza en Alianza Popular, el partido que bendijo la Ley para la Reforma Política que trajo la soberanía popular a España, y concedió libertad y hasta oportunidades de gobierno a todos los enemigos de todo cuanto el Sr. Fernández Díaz asegura amar de corazón.</p>



<p>Por eso cuando escuchamos de estas bocas una queja sobre el auge y monopolio del separatismo o el comunismo, no sabemos si reír o llorar, porque los que abrieron las puertas de la fortaleza al enemigo, ahora se extrañan de sus perversiones y atrocidades.</p>



<p>No se trata de un despistado. Es un católico culto y cuerdo que ha colaborado activa y decisivamente como dirigente con el partido que trajo a España la píldora abortiva, que fue pionero en los llamados matrimonios homosexuales, que financió numerosas campañas de contracepción, que ha mantenido marginada la asignatura de religión, que no ha derogado la ley del aborto pudiendo hacerlo con sus mayorías absolutas<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>… y un largo etcétera que constituye la negación paradigmática del quehacer de un gobernante católico.</p>



<p>Su despacho en el Congreso de los Diputados estaba presidido por un retrato de Santo Tomás Moro<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>, patrón de los políticos, con el fin de obtener fortaleza, paciencia, perseverancia y buen humor. Debe tratarse de una broma macabra y sacrílega. Apelar precisamente a Santo Tomás Moro, que entregó la vida en homenaje a la Verdad, aún sabiendo que su sacrificio era testimonial y que no impediría el desafuero planeado, es precisamente lo contrario de lo que ha vivido y practicado el Sr. Fernández Díaz, que asistía como espectador impotente pero respetuoso al vilipendio de todo lo sagrado en el Congreso de los Diputados.</p>



<p>Sus reflexiones sobre política y religión son más que peregrinas. Dice que aunque parezca que el Congreso de los Diputados ha cerrado la puerta a Dios, tiene la íntima convicción de que Dios está muy presente en el Congreso<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a>. ¿Íntima convicción? Aquí no hay más convicción posible que la pura y tozuda realidad. El Congreso legisla por sistema contra Dios y el Sr. Fernández Díaz concede legitimidad moral y política a las decisiones del Congreso.</p>



<p>Añade que «la política es un magnífico campo para el apostolado, la santificación personal y el servicio a los demás»<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>. El apostolado es cosa buena y santa, pero un apóstol no puede gestionar las estructuras de pecado<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>. Ni siquiera un cristiano debe participar en un sistema político que atenta gravemente contra la dignidad humana<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>.</p>



<p>Y cuando en las instituciones se vitupera la verdad, se espera del verdadero apóstol, si quiere servir al bien y santificarse, el espíritu profético de San Juan Bautista denunciando y señalando públicamente a Herodes y Herodías en su pecado público. El Sr. Fernández Díaz no ha pasado todavía de un modesto imitador de Poncio Pilatos.</p>



<p><strong>Francisco J. Carballo</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Sin los complejos, inseguridades doctrinales y autocensuras de su época de Ministro del Interior…</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Buena parte de este artículo fue censurado por una revista tradicionalista española, que sintió pena por el Sr. Fernández Díaz, enemigo en la práctica de todo cuanto la referida revista decía representar. A la revista tradicionalista no le daba tanta pena el Papa Francisco, cuya imagen pública era vituperada por sistema en sus páginas, en contumaz competencia entre la mayoría de sus articulistas…</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Jorge Fernández Díaz se dice próximo a la espiritualidad del Opus Dei, es de misa diaria, reza el Rosario, y es amigo de la lectura espiritual (cf. <strong>Gonzalo ALTOZANO</strong>, <em>No es bueno que Dios esté sólo</em>, Madrid: Ciudadela, 2011, p. 23).</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> San Pablo VI advirtió que contradicen gravemente su fe los cristianos que apoyan partidos de ideología liberal (cf. <strong>PABLO VI</strong>, <em>Octogesima adveniens</em>, 26).</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Pese a ello dice sentirse cómodo en el PP, en «cuyo ideario ocupa un lugar importante el humanismo cristiano» (ib., 24). ¿Los que trajeron la experimentación con embriones se inspiran en el humanismo cristiano? Si no llega a inspirarles el humanismo cristiano, ¿de qué habrían sido capaces?.</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Ib., 22.</p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> Ib., 24.</p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> Ib.</p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> <strong>JUAN PABLO II</strong>, <em>Sollicitudo rei Socialis</em>, 36.</p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> <strong>Card. Joseph RATZINGER</strong>, <em>Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política</em> (2002), 3; CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et spes</em>, 73.</p>
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		<title>Un año sin la Madre Trinidad, una profetisa de nuestro tiempo</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/un-ano-sin-la-madre-trinidad-una-profetisa-de-nuestro-tiempo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Nov 2022 06:35:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://chesterton.es/?p=1873</guid>

					<description><![CDATA[<p>El 28 de julio del pasado año falleció en Roma[1] Trinidad Sánchez Moreno (Dos Hermanas (Sevilla), 1929 – Roma, 2021), familiarmente conocida como la Madre Trinidad, fundadora de «La Obra de la Iglesia» en 1959. Se trata de un instituto de vida consagrada[2] declarado de derecho pontificio por el Papa San Juan Pablo II en [&#8230;]</p>
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<p>El 28 de julio del pasado año falleció en Roma<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> Trinidad Sánchez Moreno (Dos Hermanas (Sevilla), 1929 – Roma, 2021), familiarmente conocida como la Madre Trinidad, fundadora de «La Obra de la Iglesia» en 1959.</p>



<p>Se trata de un instituto de vida consagrada<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a> declarado de derecho pontificio por el Papa San Juan Pablo II en 1997. Roma ha respetado, en caso singular, la peculiaridad de «La Obra de la Iglesia» según sus propias Constituciones, de tal manera que no ha sido incluida en ninguna de las formas de vida apostólica previstas en el CIC, reformado para incluir esta nueva forma de vida consagrada, lo que constituye un especial reconocimiento.</p>



<p>Antes, en 1967, había recibido aprobación del Arzobispo de Madrid, don Casimiro Morcillo, como Pía Unión, después de varios años de autorizaciones verbales para realizar el apostolado en la diócesis.</p>



<p>«La Obra de la Iglesia» tiene un triple fin: vivir el misterio de la Iglesia, testimoniar esta vivencia de palabra<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a> y obra, y ayudar al Papa y a los Obispos en su misión.</p>



<p>Tiene centros estables en España (Madrid, Guadalajara, Sevilla, Cádiz, Toledo, Valladolid, Ávila), Italia (Roma, Albano Laziale y Rocca di Papa) y Guinea Ecuatorial (Malabo), aunque desarrolla desde ellos misiones apostólicas también en otros países como Angola, Burkina Faso, Camerún, República Democrática del Congo, Uganda, Bolivia, Colombia, Ecuador, EE. UU., Perú, India, Alemania, Serbia, o Suiza.</p>



<p><strong>La Madre Trinidad</strong></p>



<p>La Madre Trinidad vivió en Dos Hermanas hasta 1955, cuando se traslada a Madrid con veintiséis años para acompañar a su hermano mayor que se había establecido en la capital. Desde los catorce años había estado ayudando a su familia en una tienda de calzados. Es importante subrayar que a los seis años, mientras jugaba con unas amigas, un accidente le había dañado los ojos. Aunque se recupera finalmente, la convalecencia le obliga a recibir educación en el colegio sólo como oyente. Este acontecimiento tendrá relevancia posterior, porque la obra de Dios en su alma brillará con inefable intensidad al contraste con su pobre sabiduría humana. En 1946, mientras estaba en su tienda, el Señor irrumpió en su vida y ella se consagró inmediata y definitivamente a Dios.</p>



<p>En 1959 en su residencia madrileña de la calle Cadarso el Señor inundó su alma de forma extraordinaria<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>, haciéndole comprender y vivir sus más hondos misterios. En una comunicación invisible a los ojos humanos pero visible y comprensible a los ojos del alma, Dios le comunicó su vida trinitaria, su plan de amor hacia el hombre y todo el dogma de la Iglesia tal y como se presenta en el Credo.</p>



<p>&nbsp;Los escritos de la Madre Trinidad ocupan numerosos volúmenes<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>. Hasta el momento se han publicado cuatro libros (<em>Frutos de oración</em>, <em>La Iglesia y su misterio</em>, <em>Vivencias del alma<a href="#_ftn6" id="_ftnref6"><strong>[6]</strong></a></em>, y <em>Luz en la noche. El misterio de la fe</em>), y tres opúsculos.</p>



<p>¿Por qué el Señor la escogió a ella entre tantos? Esta pregunta surgió rápidamente en su mente y en su alma. Y recibió respuesta inmediata desde lo alto. Porque no encontré a nadie tan pobre, tan desvalida, tan sencilla, y tan receptiva a la voluntad de Dios.</p>



<p>Y en esa contemplación gozosa, en un «solo Dios basta», tuvo el Señor a su alma durante cuatro años, hasta que en 1963 el Señor la impulsa a comunicar a los hombres todo lo recibido, a presentar el «verdadero rostro de la Iglesia», «a reavivar y recalentar el dogma», «a realizar una revolución cristiana en el seno de la Iglesia». Finalmente, después de enormes dificultades humanas que con tesón y providencia divina fue superando, después de vencer los obstáculos que el demonio fue colocando en su camino, funda «La Obra de la Iglesia».</p>



<p>La Madre Trinidad, que había visto en su alma la vida íntima de Dios, recibe la misión divina, cual profeta del Antiguo Testamento, de comunicar a toda la Iglesia<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a>, una experiencia de Dios que sólo pueden ver quienes ya han muerto. Ella no ha visto nada con sus ojos, pero ha conocido, como sólo el alma puede conocer y saborear, todo lo que la Iglesia sabe y enseña por divina Revelación.</p>



<p>La Madre Trinidad no añade nada a cuanto la Iglesia vive y custodia, pero presenta con una extraordinaria profundidad, vitalidad y elocuencia el misterio de Dios y de la Iglesia. No añade novedad alguna a la Revelación divina, pero constituye una explicación viva de los misterios divinos, con la vivacidad propia de un testigo<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>.</p>



<p>Por eso, «La Obra de la Iglesia» no es un carisma más en el seno de la Iglesia. No viene a complementar a otras santas instituciones que Dios ha suscitado a lo largo de la historia, ni a rellenar un vacío en alguna de las múltiples facetas de la caridad de Dios en su Iglesia. Tiene una misión superior: renovar la vida de la Iglesia toda, en su cabeza y en sus miembros, primero, haciendo comprender a todos los hijos de la Iglesia aquello que viven, en un nuevo creer para entender y entender para creer.</p>



<p>La Madre Trinidad, como testigo de la vida de Dios, ha sido un milagro viviente, que permite afrontar el don de la fe con un plus extraordinario de gracia, fortaleza y clarividencia. Es la fe servida en bandeja de plata, en un mundo ignorante, insensible y ensoberbecido, donde casi nadie sabe nada<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>.</p>



<p>La Iglesia militante se estremecerá cuando se conozca en detalle el alcance de la obra de Dios en esta mujer, y se lamentará de no haberla tratado habiendo sido coetánea. Estamos ante un episodio insólito en la historia de la salvación. Es la respuesta de Dios a la crisis que vive la Iglesia.</p>



<p>Por eso equivocan el tiro gravemente quienes señalan que el problema de la Iglesia está en el Concilio, o en la nueva liturgia, o en el Santo Padre de turno. La crisis es inherente a la Iglesia en la medida que es humana y siempre necesitada de perfeccionamiento y conversión. Pero esta crisis no es nueva. Tiene más de un siglo. Se remonta al influjo del modernismo<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>, propio de la mentalidad y el espíritu antropocéntrico de nuestro tiempo. Para eso se convocó el Concilio, para revitalizar las fuentes, para provocar un impulso misionero, para responder al reto del ateísmo que hoy atenaza, sin que nadie salvo la Iglesia supiese anticiparse, a buena parte del mundo Occidental.</p>



<p>Y como la solución siempre viene de Dios, la Madre Trinidad tiene en su vida y en su obra la solución a la crisis de la Iglesia, una crisis de identidad, de luz, de oración, de vivencia e intimidad con el Señor, de desapego de nuestra naturaleza y vocación sobrenatural. Por eso, la Madre Trinidad ha venido con el encargo divino de presentar el rostro de la Iglesia tal y como es, rebosante de divinidad, porque en la Iglesia vive Dios y en la Iglesia Dios derrama toda su realidad infinita. Un rostro liberado de las limitaciones de lo humano y sus visiones alicortas, y de la suciedad de nuestros pecados, que afean y distorsionan su imagen ante los hombres.&nbsp;</p>



<p><strong>Francisco J. Carballo</strong></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> La Madre Trinidad vivía en Roma, cerca de Pedro, desde 1993.</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Está formada por tres ramas de vida consagrada: sacerdotal, laical masculina y femenina, en torno a las cuales se organizan las demás ramas de Adheridos, Militantes y Colaboradores. Los grupos que la integran son los Responsables, los Adheridos, los Militantes, Colaboradores y Colaboradores simpatizantes. Los Responsables son personas consagradas a Dios con los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, que viven en comunidad en los hogares de «La Obra de la Iglesia», en casas separadas, una para los sacerdotes y hombres seglares y otra para las mujeres. Los Adheridos son obispos, sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas o seglares consagrados privadamente a Dios, que sin vivir en comunidad en los hogares de «La Obra de la Iglesia», pertenecen a ella y participan de su misión allí donde la voluntad de Dios les haya puesto. Los Militantes son jóvenes y personas adultas casadas, solteras o viudas que, sin estar consagradas a Dios, buscan vivir la perfección de su estado en medio del mundo.</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Especialmente populares e importantes en los objetivos de la «La Obra de la Iglesia» son los retiros espirituales para la formación de sus sacerdotes, militantes y simpatizantes. El llamado «Plan de Dios», por ejemplo, es un retiro de cuatro días en régimen de silencio y con separación de hombres y mujeres, donde se presenta la vida de Dios y su plan de salvación para su criatura predilecta, el hombre. Se alternan charlas de la fundadora y de algún sacerdote o consagrado, con largos ratos de oración. La propia Madre Trinidad es la prueba irrefutable del poder infinito de la oración. Primero se habla del ser de Dios y su vida trinitaria, después de la Creación, del pecado, de la Redención, de Cristo como la más perfecta obra de la Creación, de la Iglesia, de la Santísima Virgen María, como Creación aparte; de la oración como el trato frecuente con el Señor, y de la misión evangelizadora de los bautizados con palabras y obras. Nadie que haya vivido esta experiencia ha podido resultar defraudado en las expectativas…</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> El Papa Juan Pablo II, que trató personalmente a la Madre Trinidad y reconoció la actuación divina en su alma, quiso que quedase reflejado en el Decreto de aprobación pontificia de «La Obra de la Iglesia» la fecha del 18 de marzo de 1959 como fecha fundacional, en honor al momento especial de esta actuación.</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Más de mil de las charlas que ha impartido a lo largo de los años se han grabado en cinta magnetofónica o video.</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Es un libro de poesías, fruto de su experiencia mística. La autora, sin conocimientos de métrica ni bagaje literario alguno, ha sido capaz de escribir numerosos poemas, respetando de forma inconsciente todas las regularidades formales normalizadas. Según algunos expertos sus poesías pasarán a la historia de la literatura.</p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> El Señor prometió a la Madre Trinidad que sus hijos serían multitud antes de llevarla a su seno. Tal vez por esta razón desde el año 2002 la Santa Sede concedió a «La Obra de la Iglesia» el servicio de acogida y ayuda a los Obispos de todo el mundo durante su estancia en Roma, ya sea con motivo de las reuniones con las congregaciones romanas, las celebraciones en las Basílicas o el encuentro con el Santo Padre. Se les ofrece la posibilidad de alojarse gratuitamente en las casas de la «La Obra de la Iglesia» en la Ciudad Eterna, donde dispone de dos parroquias. Y son acompañados en todos sus desplazamientos.</p>



<p>Este servicio ha supuesto que todos los Sucesores de los Apóstoles pueden conocer la rica teología de la Madre Trinidad, provocando en ellos, aparte de la sorpresa y admiración entusiasta, una creciente demanda de sacerdotes, retiros espirituales y casas de «La Obra de la Iglesia» en sus diócesis de origen.</p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> «La Obra de la Iglesia» vive con adhesión incondicional su condición de Iglesia. Su disciplina con la jerarquía eclesiástica en este sentido es singular, sin que haya manifestado nunca sentimientos de más o menos adhesión a ningún prelado o pontífice. Los acepta a todos por igual y a priori, tanto es así que la fundadora siempre ha insistido en que la voluntad de Dios se manifiesta en la obediencia al Papa y a los obispos en comunión con el Papa, y que ella callaría si así se lo mandase Pedro.</p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> Cf. Jdt. 8, 13.</p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> La Madre Trinidad ha sido muy crítica con la teología de nuestro tiempo, que ha considerado antiteología, porque ha humanizado lo divino, reduciéndolo a una caricatura de su realidad infinita, tal y como Dios la ha revelado, la Tradición Apostólica ha transmitido y la Iglesia celosamente custodia por derecho divino.</p>
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		<title>Congreso de la Fundación Pablo VI: congraciarse con el mundo</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/congreso-de-la-fundacion-pablo-vi-congraciarse-con-el-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Oct 2022 13:50:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://chesterton.es/?p=1852</guid>

					<description><![CDATA[<p>Los días 9 y 10 del pasado mes de marzo, la Fundación Pablo VI celebró en Madrid un Congreso titulado «Iglesia y sociedad democrática. El mundo que viene». Esta Fundación, presidida por el obispo de Getafe, promueve la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), está vinculada a la Universidad Pontifica de Salamanca, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<section class="botones-sociales">
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<p>Los días 9 y 10 del pasado mes de marzo, la Fundación Pablo VI celebró en Madrid un Congreso titulado «Iglesia y sociedad democrática. El mundo que viene». Esta Fundación, presidida por el obispo de Getafe, promueve la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), está vinculada a la Universidad Pontifica de Salamanca, y depende del Episcopado Español.</p>



<p>Una pluralidad de personajes (cardenales, diputados, ugetistas, empresarios o profesores…), desfiló por varias mesas redondas para hablar de la educación, la economía o la juventud.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La jornada concluyó con un debate titulado «Hacia dónde camina la Política», y contó con la presencia de Monseñor Argüello, Secretario de la CEE; Francisco José Contreras, Diputado de VOX; el Alcalde de Madrid; y Margarita Robles, Ministra de Defensa.</p>



<p>Monseñor Argüello empezó buenista, quejándose de la aspereza del lenguaje político, y las descalificaciones ad hominen. La suavidad en el lenguaje no es moralmente obligatoria. Toda buena dialéctica y apologética acomoda el tono y la carga de las palabras de forma proporcional a la importancia del problema. En presencia de Mao o Stalin no tiene sentido un reproche de sus crímenes con palabras melifluas y suaves sonidos. Su Ilustrísima estaba en presencia de políticos profesionales corresponsables de todo cuanto sucede en España y que conceden legitimidad moral a la progresiva descristianización de España. Monseñor olvida el lenguaje severo de San Juan Evangelista con Herodes (Mc. 6, 18). O de Cristo con los mercaderes del templo (Mt. 21, 12-13). Y con los fariseos (Mt. 23, 27-39). Y hasta con el propio San Pedro (Mt. 16, 21-23). Y no olvidemos que Cristo nunca pecó (2Cor. 5, 21). Sobre las descalificaciones personales, León XIII elogió la obra del padre Sardá y Salvany donde se defiende la tesis contraria, esto es, la necesidad de descalificar a los enemigos de la verdad, en lo público y en lo privado.</p>



<p>Añadió una enigmática reflexión: «hace falta una democracia participativa además de la representativa». Más de millón y medio de abortos desde 1985 en España, ¿y ese problema accidental es la inquietud sobresaliente de Su Ilustrísima? No entendemos nada.</p>



<p>La Ministra, sin quererlo, dijo algo más que interesante: la política es mucho más que los partidos políticos, y para hacer política no es necesario apuntarse a un partido político, añadiendo que es más lo que nos une que lo que nos separa. Monseñor Argüello no se sintió ni aludido ni ofendido. Inquietante.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Argüello recordó que la DSI aporta algo que comparten las democracias occidentales y nuestra Constitución, es decir, la dignidad sagrada de todos y el bien común. Pero Ilustrísima, todas las democracias occidentales son, en sus leyes, la negación de todo cuanto usted ama y defiende.</p>



<p>El profesor Contreras, un tipo interesante aunque no exento de contradicciones, agitó la conciencia dormida del Sr. Obispo, recordando que se invoca de forma abstracta al bien común, uno de los cuatro principios innegociables expuestos por el Papa Benedicto XVI. Esto le llevó a entrar en política y en VOX. Aquí el Sr. Contreras ha confundido los deseos con la realidad. VOX nunca ha dicho que acabaría legalmente con la despenalización del aborto, sino de volver a la primitiva ley de 1985. Tampoco se opone a la fecundación in vitro, fuente de tantos abortos…</p>



<p>El segundo principio habla de la familia. Pero VOX ni se acuerda del divorcio. En el cuarto principio sobre el bien común, implica un régimen económico justo. VOX defiende un orden capitalista, incompatible con la concepción de la riqueza, la propiedad o el trabajo en la DSI. El bien común implica también, nos enseña el Concilio, el estímulo público de la vida religiosa, y la protección de la moralidad en la atmósfera social, que por supuesto ni aparece en el programa de VOX. Esperábamos que Monseñor Argüello hubiese añadido la enseñanza de San Juan Pablo II a este respecto. No es aceptable apoyar un programa político que atiende algunos elementos del bien común pero desatiende al bien común en su conjunto.</p>



<p>Monseñor Argüello pronunció la frase clave: no hay acuerdo antropológico. Y tampoco hay consenso sobre el bien. Pues claro, Ilustrísima. Este es el problema. Y concluyó preguntándose si no sería posible un mínimo marco de referencia sobre el eje de la dignidad humana y el bien común. Pues parece Su Ilustrísima que los enemigos de Dios no quieren. Y nunca querrán, hasta que se conviertan como Clodoveo o Recaredo. Pero mientras esto llega, es imperativo cristiano proclamar la verdad ante los enemigos, como hicieron los mártires, y ante los amigos, como hizo San Ambrosio de Milán.</p>



<p>Cuánta autocensura. Cuánto deseo enfermizo de consenso, de no discutir, de no discrepar. Cuánta tibieza y paños calientes con los tiranos, invitados a un congreso católico despojados de su responsabilidad en el genocidio del aborto. Cuanto deseo de congraciarse con el mundo, convirtiendo el diálogo en un fin en sí mismo, olvidando, si no queremos caer en la apostasía pública, que el primer deber de la caridad es con Dios.</p>



<p>Este Congreso ha sido, dijo Monseñor Ginés en su discurso de clausura, un congreso para la esperanza, desde la escucha, la acogida, el dialogo y el abrazo a todos. ¿Abrazo a Diocleciano, Saladino o Selim II? El amor a los enemigos es una virtud heroica, mandato del Señor a quienes le aman. Pero amar al enemigo nunca debe confundirse con la permisividad con el mal, cuyos derechos de gobierno son la legalización de la injusticia y la opresión.</p>
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		<title>Murió monseñor Díaz Merchán</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/murio-monsenor-diaz-merchan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Oct 2022 09:04:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Monseñor Gabino Díaz Merchán (Mora, Toledo; 1926 – Oviedo, 2022) falleció el pasado 14 de junio a los 96 años de edad. Sus padres[1] fueron fusilados en 1936 por milicianos del Frente Popular en Orgaz (Toledo). Fueron beatificados en 2007. Estudió en el seminario de Toledo y en la UPCO, donde obtuvo la licenciatura en [&#8230;]</p>
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<p>Monseñor Gabino Díaz Merchán (Mora, Toledo; 1926 – Oviedo, 2022) falleció el pasado 14 de junio a los 96 años de edad. Sus padres<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a> fueron fusilados en 1936 por milicianos del Frente Popular en Orgaz (Toledo). Fueron beatificados en 2007.</p>



<p>Estudió en el seminario de Toledo y en la UPCO, donde obtuvo la licenciatura en Filosofía y el Doctorado en Teología. Ordenado sacerdote en 1952, fue nombrado capellán mozárabe en 1956 y Canónigo de la Catedral Primada de Toledo en 1960. Obispo de Guadix-Baza (1965-1969), el obispo más joven de Europa, y Arzobispo de Oviedo (1969-2002), participó en la última sesión del Concilio Vaticano II. Fue también miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (1962-1972 y 1978-1981) y luego su presidente (1972-1978), presidente de la Comisión de Pastoral (1996-1999) y miembro del Comité Ejecutivo de la CEE (1981-2002).</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Sustituto del cardenal Tarancón en la presidencia de la Conferencia Episcopal Española (1981-1987), fue continuador de una delirante deriva de liberalismo permisivo en la Iglesia española en cuestiones socio-políticas, en la disciplina y en el gobierno pastoral. En cuestiones doctrinales fue un pastor ambiguo, confuso y contradictorio, obsesionado con el afán de congraciarse con el mundo, cultivando la amistad y la comprensión con los enemigos de la Iglesia. Fue un hombre práctico que sacrificó la verdad en aras de la paz.</p>



<p>Fue de las pocas voces episcopales contra el documento de la CEE titulado «La Iglesia y el orden temporal a la luz del Concilio Vaticano II» (1966), probablemente el último documento colectivo del Episcopado Español que se inspira en la Doctrina Social de la Iglesia<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>. Defendió el contagio marxistizante de Acción Católica, pese a que fue propuesto para el episcopado por el general Franco<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>.</p>



<p>Apoyó la Constitución de 1978 frente a la docena de obispos que advirtieron de la apostasía de una ley que prescinde de la Piedra Angular. Preguntado por la incoherencia de que un Sucesor de los Apóstoles bendijese una ley positiva atea, responsable del holocausto de millón y medio de abortos, arguyó que el asunto no era dogma de fe, y que debía dar por finalizada la entrevista porque le esperaban para cenar…</p>



<p>Contradiciendo a todo el Episcopado español que vivió la persecución religiosa y a varios papas (el último San Pablo VI) afirmó en 1986 que «la exaltación de una de las partes contendientes en la guerra civil con el apelativo de Cruzada fue un desacierto»<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>. Cuando San Juan Pablo II le informó en 1986 de que la Iglesia comenzaría a subir a los altares a los mártires de la persecución religiosa, comentó: «No podría volver a mi pueblo». Ese mismo año decía públicamente que «no podemos hacer de los mártires un arma política».</p>



<p>Acompañó en 1996 a los trabajadores de la empresa asturiana «Duro Felguera» que se habían encerrado en la Catedral de Oviedo durante 318 días. Y lamentó la destitución del apologista del ateísmo, Gonzalo Puente Ojea, como embajador ante el Vaticano.</p>



<p>Buena parte de las crónicas sobre su vida han hecho coincidir a modernistas, paniaguados y despistados, una característica patológica en los hijos de la luz de nuestro tiempo. Entre las muchas bobadas, mentiras y exaltación de falsos méritos, vamos a detenernos en un artículo del Sr. Arzobispo de Toledo, don Francisco Cerro<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>. Los elogios públicos a quien no los merece son una imprudencia. Más aún si quien elogia tiene autoridad. Porque proponer como modelo a quien erró en materia grave y de forma contumaz constituye un antitestimonio, antipedagógico y antipastoral.</p>



<p>Don Gabino no fue artífice de «la reconciliación desde la verdad» sino coartada eclesial para un régimen político que concedió a los asesinos de 13 obispos, 350 monjas y más de seis mil sacerdotes, libertad y derechos de gobierno. Tampoco «supo vivir su fidelidad a Pedro». Su Ilustrísima no está bien informado. Presidiendo la CEE boicoteó la publicación de los discursos de Juan Pablo en su visita a España en 1982. ¿Qué «no quiso vivir un episcopado nostálgico»<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>? Bastaba con que hubiese sido fiel al Concilio, que enseña que la acción política «debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral para procurar el bien común» (cf. Gaudium et spes, 74).</p>



<p>¿«Sembrando claridades»<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a>? ¿Estamos de broma?. Fue permisivo con las absoluciones colectivas en numerosas diócesis. Roma llamó al orden en su presidencia de la CEE a numerosos responsables pastorales y profesores de universidades pontificias. Promocionó, en clara rebeldía contra la Santa Sede, muchas de las conclusiones desautorizadas de la Asamblea Conjunta de 1971&#8230;</p>



<p>Don Francisco, no olvide que don Marcelo, que tanto discrepó con don Gabino, le mira y le vigila desde el Cielo…</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Su padre fue seguidor de Melquíades Álvarez, también asesinado por los rojos.</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Produce auténtica vergüenza ajena y escándalo que este documento sea fiel al Compendio de la DSI, editado en 2004, y el resto de documentos episcopales de la Transición no encuentren acomodo posible en la doctrina oficial de la Iglesia.</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Este dato ha sido ocultado por la mayoría de las biografías del finado.</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> Vid. <em>Ecclesia</em>, 9 a 16 de agosto de 1986.</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Cf. Francisco CERRO, «Don Gabino: Haciendo el bien y sembrando claridades», <em>Padrenuestro</em> 1670 (2022), p. 3.</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Ib.</p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> Ib.</p>
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		<title>Una funeraria católica para niños nonatos y la esperanza de su salvación eterna</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/una-funeraria-catolica-para-ninos-nonatos-y-la-esperanza-de-su-salvacion-eterna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Aug 2022 07:31:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La Providencia de Dios siempre ha respondido en la historia a las necesidades de la Iglesia y del mundo suscitando personas y carismas para nuestro perfeccionamiento y nuestra salvación. Cada vez que se produce un aborto natural, los padres, compungidos y aturdidos por el trauma, dan por bueno que los «restos biológicos», como técnicamente se [&#8230;]</p>
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<p>La Providencia de Dios siempre ha respondido en la historia a las necesidades de la Iglesia y del mundo suscitando personas y carismas para nuestro perfeccionamiento y nuestra salvación.</p>



<p>Cada vez que se produce un aborto natural, los padres, compungidos y aturdidos por el trauma, dan por bueno que los «restos biológicos», como técnicamente se denominan en los hospitales, se utilicen para la investigación científica, con destino final desconocido y en cualquier caso inquietante. «Nosotros nos ocupamos», es la respuesta socorrida que recibe la madre cuando pregunta por el cuerpo de su bebé.</p>



<p>Si la respuesta no es satisfactoria para los padres, viene un médico con su autoridad científica para decir a la madre postrada en la cama del hospital que sería bueno descubrir por qué se ha producido el aborto. Si los padres siguen sin convencerse, ese sanitario añadirá que tal vez se pueda encontrar en la madre alguna enfermedad en estado latente. Si esto tampoco logra persuadir a los padres, el argumento final será el económico. Legalmente nadie puede sacar un cadáver del hospital salvo una funeraria, y las funerarias valen dinero. Además el servicio funerario de un bebé nonato tiene el mismo precio que cualquier otro difunto…</p>



<p>Para atender y confortar esta angustia y aflicción en los padres ha nacido «María, Puerta del Paraíso» (<a href="https://www.mariapuertadelparaiso.org/">https://www.mariapuertadelparaiso.org/</a>). Se trata de una funeraria católica para niños nonatos. Aparte de ocuparse de todos las gestiones (papeleo, féretro, traslado, exequias y entierro) realiza un servicio espiritual de acompañamiento para ayudar a los familiares del bebé fallecido a vivir la muerte como la vivió Cristo, que «sabiéndose Hijo muy amado por su Padre, atraviesa por amor la muerte y recibe de nuevo la Vida».</p>



<p>Esta iniciativa santa surge en 2018 gracias a Helena Acín, consagrada a Dios en la Comunidad del Cordero<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>. Según ella misma explica, «María, Puerta del Paraíso» no es un servicio funerario que encarna una espiritualidad pascual, sino una espiritualidad pascual que se encarna en un servicio funerario. Imitando la Pascua de Jesús, se unge el cuerpo para acompañarlo a la entrada del Padre. No se trata de ninguna invención, sino de recuperar una tradición de la Iglesia en el momento de la muerte con sus tres estaciones: momento para velar, momento para la exequia, momento para acompañar en el cementerio</p>



<p>Los precios de esta funeraria son asequibles y ofrecen una tumba a perpetuidad para el bebé en la madrileña Sacramental de San Lorenzo y San José, perteneciente al Arzobispado de Madrid.</p>



<p><strong>Enterrar a los muertos</strong></p>



<p>Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal con el prójimo<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>, en este caso con un hijo difunto. Las obras de misericordia son deberes de amor hacia Dios y hacia el prójimo<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>. Son fuente de gracias divinas, y satisfacción de las penas adeudadas por nuestros pecados.</p>



<p>Enterrar a los muertos es también imitación de Cristo: «Camino, Verdad y &nbsp;Vida»<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>. Cristo visita a las hermanas de Lazaro, Marta y María. Después de llevarles el consuelo, fue al sepulcro, lloró y rezó al Padre por su amigo<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>.</p>



<p>Es cierto que lo más importante son las oraciones por los difuntos. Pero los muertos merecen una sepultura digna. Quienes sepultaron a Cristo, lo hicieron con prisas pero con dignidad. Dice Santo Tomás que el cuerpo sin el alma ya no es hombre sino multiplicidad de substancias materiales, pero no por ello carece de valor y de una dignidad especial. Ese cuerpo ya no es soporte del alma pero lo fue durante algún tiempo y lo volverá ser con la resurrección de la carne.</p>



<p>El cuerpo es parte esencial de la persona de tal forma que el alma sin el cuerpo es una sustancia incompleta, no está en su condición natural y no puede decirse persona estrictamente hablando porque la palabra persona se refiere a la substancia completa, unidad entre el cuerpo (materia) y el alma (forma). El alma tiene inclinación natural hacia el cuerpo, en el cuerpo despliega todas sus capacidades y en el cuerpo alcanza su perfección natural, dice Santo Tomás. Además el cuerpo humano ha sido alojamiento del Espíritu Santo<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>.</p>



<p>Enterrar a los muertos y con perspectiva sobrenatural, sabiéndose acompañado por Cristo, Buen Pastor, es además consuelo enorme para los familiares, que perciben que la despedida no es definitiva. Su ser querido tendrá además un lugar donde reposar, que ayudará a tenerle presente y no olvidar que ya es intercesor. Los muertos no han desaparecido de nuestra vida. Rezamos con la esperanza de que duerman en el Señor, a la espera de la resurrección, bien disfrutando de la visión de Dios cara a cara o en esperanza de la visión beatífica purificándose en el purgatorio.</p>



<p>Es reconfortante para la familia un ritual de despedida pero también un tiempo de duelo. Reconstruir la vida sin el ser querido es necesario, pero desde la mirada de Dios, desde la oración, para que sea el Espíritu Santo Quien lo restaure todo.</p>



<p><strong>¿Se salvan los niños que mueren sin bautismo?</strong></p>



<p>La Santa Sede publicó en 2007 un interesante documento sobre este tema, tal vez el estudio más completo sobre el estado de la cuestión.</p>



<p>La enseñanza tradicional de la Iglesia ha recurrido durante siglos a la teoría del limbo de los niños<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a> para explicar el destino de las almas de los niños que mueren sin bautismo. Como son almas que han muerto con pecado original, no podrían gozar de &nbsp;la visión beatífica (pena de daño), aunque no sufrirían ningún castigo (pena de sentido<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>), ya que su pecado es heredado y no personal<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>.</p>



<p>Santo Tomás enseñaba que se trata de almas privadas de la gracia, porque no han sido bautizadas y conservan el pecado original. En consecuencia no pueden entrar en el cielo. Ni pueden ir al infierno porque no han muerto en pecado grave personal. Tampoco al purgatorio, lugar de transitorio de purificación antes de entrar en el cielo y que supone la gracia santificante. Y finalmente, tampoco al Seno de Abrahán, vacío desde la Redención y que ya no existe<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>.</p>



<p>Por eso apareció en la escolástica la teoría del limbo de los niños<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a>, que nunca ha sido doctrina oficial de la Iglesia<a href="#_ftn12" id="_ftnref12">[12]</a>, aunque ha circulado como hipótesis teológica posible. El&nbsp;<em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>&nbsp;(1992) ni siquiera la cita. Para el teólogo eminente don Antonio Royo Marín «no pertenece a la fe católica»<a href="#_ftn13" id="_ftnref13">[13]</a>.</p>



<p>Los Padres de la Iglesia de cultura griega sostuvieron en esencia esta misma tesis. Es el caso de Pseudo-Atanasio, San Gregorio de Nisa, San Anastasio del Sinaí o San Gregorio Nacianceno: no recibirán ni castigo ni alabanza del Justo Juez. Pero San Gregorio de Nisa añade que «Aquel que ha hecho bien todas las cosas con sabiduría<a href="#_ftn14" id="_ftnref14">[14]</a>&nbsp; sabe sacar bien del mal».</p>



<p>Un Padre latino como San Agustín, en contestación a Pelagio, sostenía que estos niños iban al infierno, aunque con castigo suave. Lo que se castiga en el infierno es el pecado y estos niños tienen el pecado original, pero como no son responsables de ese pecado su pena es la más leve de todas porque es proporcional a la responsabilidad. San Agustín confiesa sin embargo que no puede encontrar una explicación satisfactoria y adecuada. Solo sabe que quien se salva se salva por los méritos de Cristo en gracia inmerecida. Y quien se condena lo hace en juicio bien merecido.</p>



<p>El Concilio de Cartago (418) rechazó a Pelagio pero no suscribió esta apreciación de San Agustín. La influencia del Doctor de la Gracia fue tan importante en Occidente que arrastró en esta opinión a otros padres latinos como San Jerónimo, San Fulgencio, San Avito de Vienne, San Gregorio Magno, y a los primeros escolásticos como San Anselmo de Canterbury y Hugo de San Víctor<a href="#_ftn15" id="_ftnref15">[15]</a>.</p>



<p>A partir de de Pedro de Abelardo se recuperan las tesis de los Padres Griegos. Una primera intervención del Magisterio eclesiástico (Concilio II de Lyon, Juan XXII o el Concilio de Florencia) afirmó en varias ocasiones que «los que mueren en pecado mortal» y los que mueren «sólo con el pecado original» reciben «penas diferentes».</p>



<p>Santo Tomás de Aquino o el beato Duns Scoto profundizaron en esta idea corrigiendo a San Agustín. Estos niños no bautizados no experimentan ningún dolor, e incluso gozan de una plena felicidad natural<a href="#_ftn16" id="_ftnref16">[16]</a> por su verdadera unión con Dios en todos los bienes naturales, de modo proporcionado a su condición. Además, como no conocen aquello de lo que están privados, no sufren por tanto por la privación de la visión beatífica<a id="_ftnref50"></a><a href="#_ftn17" id="_ftnref17">[17]</a>, como tampoco sufre el hombre sensato por las gracias que recibe el prójimo.</p>



<p>En el siglo XVI los Papas Paulo III, Benedicto XIV, Clemente XIII defendieron la libertad de las escuelas católicas para afrontar esta cuestión, incluyendo la tesis más severa de San Agustín. Pío VI en la bula&nbsp;<em>Auctorem</em>&nbsp;<em>fidei</em>&nbsp;(1794) confirmará esta libertad para especular sobre esta materia ante la ausencia de doctrina oficial, aunque la doctrina del limbo ha sido la doctrina común hasta la mitad del siglo XX.</p>



<p>El Concilio Vaticano I se planteó el problema, aunque no llegó a ser votado, en los términos clásicos<a href="#_ftn18" id="_ftnref18">[18]</a>. Y el Concilio Vaticano II no abordó la cuestión<a href="#_ftn19" id="_ftnref19">[19]</a>. Todavía Pío XII en 1951 alimentó la tesis clásica recordando que un acto de amor en un adulto puede conseguir la gracia santificante y suplir la falta de Bautismo, camino que está cerrado para el niño que no ha nacido o que acaba de nacer<a href="#_ftn20" id="_ftnref20">[20]</a>.</p>



<p>La enseñanza de Inocencio III (s. XII-XIII) que afirma que «la pena por el pecado original es la carencia de la visión de Dios», es enseñanza infalible<a href="#_ftn21" id="_ftnref21">[21]</a>. Pero que los niños muertos sin bautismo están privados de la visión beatífica, siendo doctrina común de la Iglesia durante siglos<a href="#_ftn22" id="_ftnref22">[22]</a>, no por ello gozaba de la certeza de una materia revelada ni había sido proclamada como un acto definitivo del magisterio<a href="#_ftn23" id="_ftnref23">[23]</a>. La Iglesia dejaba por lo tanto de alguna manera la cuestión abierta<a href="#_ftn24" id="_ftnref24">[24]</a>.</p>



<p><strong>Esperanza sólida de salvación</strong></p>



<p>Cabe pensar que si falta certeza teológica al respecto porque el asunto no ha sido revelado ni el magisterio pontificio ha usado de su prerrogativa para enseñar sin error sobre la materia, que Dios en su misericordia infinita tenga algún remedio extraordinario para la purificación del pecado original en un caso como el que nos ocupa, que goza de todas las excepcionalidades posibles<a href="#_ftn25" id="_ftnref25">[25]</a>. No en vano Cristo dijo que el cuidado de estos pequeños ha sido confiado a los ángeles de Dios<a href="#_ftn26" id="_ftnref26">[26]</a>, porque «no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno de estos pequeños»<a href="#_ftn27" id="_ftnref27">[27]</a>.</p>



<p>No hay una enseñanza explícita de la Revelación a este respecto, pero el evangelista San Marcos enseña que la fe de algunos ha sido eficaz para la salvación de otros<a href="#_ftn28" id="_ftnref28">[28]</a>. Es cierto que el medio ordinario para alcanzar la salvación es el Bautismo sacramental<a href="#_ftn29" id="_ftnref29">[29]</a>, pero la Iglesia enseña que existen otras vías alternativas<a href="#_ftn30" id="_ftnref30">[30]</a>. La Iglesia ha reconocido tradicionalmente la existencia de dos sustituciones para el Bautismo de agua (incorporación sacramental al misterio de Cristo): el Bautismo de sangre (incorporación a Cristo a través del testimonio del martirio por Cristo) y el Bautismo de deseo (incorporación a Cristo por el deseo o el anhelo del Bautismo sacramental)<a href="#_ftn31" id="_ftnref31">[31]</a>.</p>



<p>Como no hay enseñanza revelada al respecto, la Iglesia, madre y maestra, apela a la esperanza de salvación y de felicidad eterna. Por eso hay un ritual de exequias previsto para estos niños: el&nbsp;<em>Misal</em>&nbsp;<em>Romano&nbsp;</em>de 1970 introdujo una misa funeral por los niños no bautizados cuyos padres deseaban bautizarlos<a href="#_ftn32" id="_ftnref32">[32]</a>.</p>



<p>1. Esta esperanza se fundamenta, primero, en la justicia y la misericordia divinas<a href="#_ftn33" id="_ftnref33">[33]</a>. «La misericordia de Dios nos hace confiar que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo»<a href="#_ftn34" id="_ftnref34">[34]</a>.</p>



<p>2. Segundo, en la Encarnación, en virtud de la cual el Hijo de Dios vive la vida de todos los hombres de todos los tiempos y por todos ha muerto<a href="#_ftn35" id="_ftnref35">[35]</a>, como afirman el Concilio de Trento y el Concilio Vaticano II<a href="#_ftn36" id="_ftnref36">[36]</a>. Es enseñanza dogmática de la Iglesia que la Gracia de Dios circula de la cabeza del Cuerpo Místico, que es la Iglesia, a todos los miembros de ese cuerpo en virtud de la Comunión de los Santos. La santidad de un miembro de este Cuerpo, que preside Cristo, sirve de vía de comunicación de la Gracia divina a todos los miembros del cuerpo. Son miembros de este Cuerpo de forma privilegiada los bautizados, pero de alguna manera misteriosa también todos los hombres en la medida que Cristo murió por todos, aunque no todos se salven, y vive la vida de todos, también de quienes no se salvan.</p>



<p>Por eso dice San Pablo que el cónyuge no creyente de un cristiano es santificado por el marido o la esposa creyentes, y que sus hijos son santos<a href="#_ftn37" id="_ftnref37">[37]</a>. San Pablo no les promete la salvación pero sí el influjo de la gracia<a href="#_ftn38" id="_ftnref38">[38]</a>.</p>



<p>3. Tercero, en la voluntad salvífica universal de Dios, que quiere que todos los seres humanos se salven<a href="#_ftn39" id="_ftnref39">[39]</a>. La voluntad salvífica universal de Dios no se opone a la necesidad del Bautismo sacramental. Pero también es cierto que estos niños han sido creados para vivir la misma vida de Dios y no oponen ningún obstáculo personal a la acción de la gracia redentora, don gratuito de Dios. Quienes se condenan lo hacen por un mal uso de su libre albedrío y es la consecuencia de una libre elección por el mal<a href="#_ftn40" id="_ftnref40">[40]</a>.</p>



<p>Todos los seres humanos tienen la oportunidad de salvarse si cumplen con las exigencias de su naturaleza inscritas en el corazón por su Creador. Es la Ley Natural, que la razón humana puede identificar, pero que solo la gracia divina ilumina<a href="#_ftn41" id="_ftnref41">[41]</a>.</p>



<p>Si la Iglesia nos enseña que todos los hombres, incluso los alejados o los infieles, tienen la oportunidad de salvarse, ¿serían los bebés muertos antes del Bautismo una excepción? Por eso Pío IX enseñaba que los que mueren en ignorancia invencible sobre la verdadera religión no están implicados en culpa alguna por esta cuestión ante los ojos del Señor<a href="#_ftn42" id="_ftnref42">[42]</a>. Si Dios ilumina a todos «para que al fin tengan la vida»<a href="#_ftn43" id="_ftnref43">[43]</a>, y la gracia «obra de modo invisible» en el corazón de todos los hombres de buena voluntad<a href="#_ftn44" id="_ftnref44">[44]</a>, «es difícil negar su aplicabilidad también a los que no han alcanzado el uso de la razón»<a href="#_ftn45" id="_ftnref45">[45]</a>. Es la Providencia de Dios que dirige la vida y la historia hacia el bien propio de todo ser humano que es Dios mismo.</p>



<p>4. Cuarto, en la maternidad, mediación<a href="#_ftn46" id="_ftnref46">[46]</a> y poder concedido por Cristo a su Iglesia. El niño bautizado que muere antes del uso de razón se salvaría por la intercesión de la Iglesia y sin su cooperación. Cabe pensar en la suerte del niño que muere sin Bautismo pero que goza de la oración de la Iglesia deseando su salvación. Fuera de la Iglesia no hay salvación<a href="#_ftn47" id="_ftnref47">[47]</a>, y por ello dice San Juan Pablo II, a propósito de los que no han tenido la oportunidad de llegar a conocer o acoger la Revelación del Evangelio, que «la salvación de Cristo es accesible en virtud de una gracia que tieneuna misteriosa relación con la Iglesia»<a href="#_ftn48" id="_ftnref48">[48]</a>.</p>



<p>«El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios»<a href="#_ftn49" id="_ftnref49">[49]</a>, dijo el Señor. Y por ello la Iglesia entiende la necesidad del Bautismo sacramental. Pero también dijo el Señor «si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros»<a href="#_ftn50" id="_ftnref50">[50]</a> y de estas palabras la Iglesia no concluye que quien no ha recibido el Sacramento de la Eucaristía no puede salvarse.</p>



<p>La salvación viene de Cristo, de su Iglesia y de sus Sacramentos, y el que se salva se salva por Cristo y por su Iglesia, de forma consciente cuando usa los medios ordinarios, y a veces de forma inconsciente cuando se vive de acuerdo con el orden natural aunque no se conozca sin culpa la Buena Nueva<a href="#_ftn51" id="_ftnref51">[51]</a>.</p>



<p>La Iglesia o los padres del niño, que bautizan al niño habitualmente cuando no tiene uso de razón y por lo tanto sin su consentimiento, actúan en su nombre cuando le bautizan, pero también cuando desean bautizarle. Es razonable pensar en este Bautismo de deseo de los padres y de la Iglesia como sustituto del Bautismo sacramental<a href="#_ftn52" id="_ftnref52">[52]</a>.</p>



<p>La oración de la Iglesia tiene valor infinito ante Dios porque se hace por los méritos de Dios mismo muerto y resucitado en Cristo, y se pide por los difuntos, se pide por los pecadores, por quienes ignoran la fe, por los herejes y por quienes persiguen a los cristianos. Y esta oración es fecunda, como puede comprobarse tantas veces en la historia y en el presente. ¿Qué nos impide pensar que la oración de la Iglesia es menos eficaz por los inocentes que sin culpa no han podido recibir el Bautismo?<a href="#_ftn53" id="_ftnref53">[53]</a></p>



<p>5. Quinto, en la tradición de la Iglesia. Los Santos Inocentes, aunque venerados como mártires por Cristo, sin embargo no fueron bautizados ni su martirio fue un acto de voluntad sino inconsciente.</p>



<p>Dios quiso limpiar la huella del pecado original en estos santos niños para que gocen de la visión beatífica como cualquier otro santo. Porque no habrían podido entrar en el cielo con el pecado original. También Dios quiso preservar a la Santísima Virgen María del pecado original en su Inmaculada Concepción. ¿Acaso no podría hacerlo también con los niños que mueren antes del Bautismo?<a href="#_ftn54" id="_ftnref54">[54]</a>.</p>



<p>6. Y sexto, en el privilegio capital de Cristo. Es la posibilidad de una configuración extrasacramental con Cristo<a href="#_ftn55" id="_ftnref55">[55]</a>. La salvación solo es posible con la participación en el Misterio Pascual de Cristo mediante el Bautismo para la remisión de los pecados. Los seres humanos, incluidos los niños, no pueden ser salvados sin la gracia de Dios derramada por el Espíritu Santo. Por lo tanto, los niños no podrían entrar en el Reino de Dios si no son liberados del pecado original por la gracia redentora. Algunos teólogos sostienen que Cristo, como cabeza del Cuerpo Místico, tiene el privilegio de administrar el Bautismo sin materia ni forma, especialmente cuando lo pide un alma en Gracia o la Iglesia.</p>



<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Esta apelación a la misericordia de Dios<a href="#_ftn56" id="_ftnref56">[56]</a> como esperanza de salvación para los niños que han muerto antes de recibir el Bautismo, no es incompatible con la obligación de recibir el Bautismo sacramental para salvarse eternamente<a href="#_ftn57" id="_ftnref57">[57]</a>. De la misma forma, que si la muerte nos sorprende sin estado de Gracia, la Iglesia nos pide como esperanza de perdón y salvación un acto de contrición como último acto de voluntad, sin intentar por ello suplantar al Sacramento de la Confesión como medio ordinario para el perdón de los pecados.</p>



<p>Muchas cosas no han sido reveladas por Dios<a href="#_ftn58" id="_ftnref58">[58]</a>. Aunque «Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo, sin embargo, Él no queda sometido a sus sacramentos<a href="#_ftn59" id="_ftnref59">[59]</a>. Por eso la Iglesia confía en «otros caminos de salvación para que esos niños vayan al cielo». Hay por lo tanto «poderosas razones para esperar que Dios salvará a estos niños cuando nosotros no hemos podido hacer por ellos lo que hubiéramos deseado hacer, es decir, bautizarlos en la fe y en la vida de la Iglesia»<a href="#_ftn60" id="_ftnref60">[60]</a>.</p>



<p>Así lo confirma San Juan Pablo II en referencia a las madres que han realizado abortos: «Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo, que ahora vive en el Señor»<a href="#_ftn61" id="_ftnref61">[61]</a>. &nbsp;</p>



<p>«Ahora, ¡vive en el Señor!».</p>



<p><strong>Francisco J. Carballo</strong></p>



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<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> La Comunidad del Cordero fue fundada en Francia por la religiosa Marie Coqueray. Fue reconocida primero en 1981 por el Obispo de Chartres, monseñor Michel Kuehn, y acogida en 1983 en la diócesis de Perpiñán por el Arzobispo Jean Chabbert. Este mismo año es reconocida por el padre Vicent de Couesnongle, maestro de los dominicos. Desde 1996 el Arzobispo de Viena, cardenal Christoph Schönborn, es el responsable de la Comunidad.</p>



<p>Siguiendo el modelo franciscano y dominico, son misioneros mendicantes-itinerantes y de vida monástica en plena ciudad. Viven únicamente de los donativos que reciben y de lo que piden casa por casa. Después de invocar al Espíritu Santo, los religiosos eligen una ruta por la ciudad para conseguir la ayuda necesaria para su subsistencia y para una «mesa abierta» con las personas pobres que acuden a su hogar.</p>



<p>La Comunidad del Cordero tiene rama masculina (35 hermanos) y femenina (170 hermanas). Están presentes en Francia, España, Italia, Austria, Polonia, Argentina, Chile y Estados Unidos. En España hay comunidades en las diócesis de Barcelona, Tarrasa, Valencia, Granada y Madrid.</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> Cf. <em>Gén</em>. 23, 12-13.</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> Cf. <em>Mt</em>. 25, 31-16.</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> <em>Jn</em>. 14, 5-6.</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Cf. <em>Jn</em>. 11, 1-45.</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> 1 <em>Cor</em>. 6, 19.</p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> La expresión limbo aparece en los siglos XII-XIII probablemente con San Alberto Magno. Significa orla del vestido, su reborde o límite final, en referencia a que se encontraría en «los límites del infierno» (Antonio ROYO MARÍN, <em>Teología de la salvación</em>, Madrid: BAC, 1956, p. 381).</p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> Era creencia común en la Iglesia desde antiguo que estos niños estaban exentos del fuego del infierno&nbsp; (cf. ib., p. 385 y 391-392).</p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> Cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, «La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo», 19 de enero de 2007, n. 55. Cf. <em>Rom</em>. 5, 12. Es un pecado contraído no cometido, un estado no un acto (cf. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 404), pero «mancha e inficiona realmente nuestra propia persona» (Antonio ROYO MARÍN, op. cit., p. 380).</p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> Cf. ib., p. 381.</p>



<p><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> La expresión limbo no aparece ni en la Sagrada Escritura ni en la enseñanza de los Santos Padres, que hablaban genéricamente del infierno como el destino de las almas que no están en el cielo (cf. ib., p. 381 y 385). La propia Sagrada Escritura se refiere al infierno al hablar del Seno de Abrahán. Santo Tomás distinguió entre el limbo de los niños y el limbo de los patriarcas, que Cristo dejó vacío cuando llevó el alma de los justos en la Antigua Ley al cielo (cf. ib., p. 303).</p>



<p><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> La bula&nbsp;<em>Auctorem fidei</em>&nbsp;del Papa Pío VI no es una definición dogmática sobre la existencia del limbo. Pío VI no condenó a los jansenistas porque negaban el limbo, sino porque sostenían que los defensores del limbo eran culpables de herejía pelagiana. La Santa Sede defendía la doctrina del limbo como una opción aceptable y legítima, sin hacerla propia (cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 38). Cf. Antonio ROYO MARÍN, op. cit., p. 383). Era la primera vez que la expresión limbo de los niños aparecía en un documentos pontificio (cf. ib., p. 385).</p>



<p><a href="#_ftnref13" id="_ftn13">[13]</a> Ib., p. 386. Pese a esta afirmación el profesor Royo Marín defendía la teoría como hipótesis probable. Otros teólogos como Suárez, Salmerón o Lesio defendieron la teoría de que estos niños habitarían otra vez el planeta Tierra renovado después de la resurrección y el juicio final, especulando con el lugar físico que necesariamente debe albergar a los cuerpos resucitados al final de los tiempos. Esta teoría apenas tuvo eco (cf. ib., p. 387).</p>



<p><a href="#_ftnref14" id="_ftn14">[14]</a> <em>Sal</em>.&nbsp;104, 24.</p>



<p><a href="#_ftnref15" id="_ftn15">[15]</a> Cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n.15-20. Cf. Antonio ROYO MARÍN, op. cit., p. 382-384.</p>



<p><a href="#_ftnref16" id="_ftn16">[16]</a> El padre dominico Royo Marín señala que si esta hipótesis es cierta habría una distancia infinita con la visión beatífica. Sería una felicidad incompleta, porque si conservan el pecado original no pueden gozar en su plenitud de aquellos bienes naturales que hubiese poseído la naturaleza humana en caso de no haber sido elevada por Dios al plano sobrenatural (cf. ib., n. 396-397). Parece muy difícil conciliar esta teoría con el don de la libertad humana y la voluntad salvífica de Dios para todos los seres humanos.</p>



<p><a href="#_ftnref17" id="_ftn17">[17]</a> Según Santo Tomás (cf. <em>Suma Teológica</em>, in 2, dist. 33, q. 2, a. 2) las almas en el limbo poseen una felicidad natural diferente del orden sobrenatural. Suárez y los escolásticos posteriores pusieron de relieve que Cristo restaura la naturaleza humana (su gracia es&nbsp;<em>gratia</em>&nbsp;<em>sanans,&nbsp;</em>que cura la naturaleza humana) y con ello haría posible la felicidad natural que Santo Tomás atribuía a las almas en el limbo (cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 90; Antonio ROYO MARÍN, op. cit., p. 389-391, 393 y 395-396). San Roberto Belarmino sostuvo una opinión parecida con audaces puntualizaciones (cf. ib., p. 393-394).</p>



<p><a href="#_ftnref18" id="_ftn18">[18]</a> Cf. ib., p. 386.</p>



<p><a href="#_ftnref19" id="_ftn19">[19]</a> La razón estriba en que algunos obispos adujeron que la teoría de que los niños muertos antes del Bautismo no gozan de la visión beatífica no pertenece a la fe de su pueblo (sensus fidelium): cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 96.</p>



<p><a href="#_ftnref20" id="_ftn20">[20]</a> Cf. ib., n. 29.</p>



<p><a href="#_ftnref21" id="_ftn21">[21]</a> Así lo confirman los Concilios de Cartago (DH. 102), Lyón (DH. 464) y Florencia (DH. 693).</p>



<p><a href="#_ftnref22" id="_ftn22">[22]</a> Conviene distinguir entre la doctrina oficial de la Iglesia y las opiniones teológicas que adquieren visos de autoridad especialmente cuando falta pronunciamiento oficial y definitivo (cf. ib., n. 40; Antonio ROYO MARÍN, op. cit., p. 384).</p>



<p><a href="#_ftnref23" id="_ftn23">[23]</a> Cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 36.</p>



<p><a href="#_ftnref24" id="_ftn24">[24]</a> Cf. ib., n. 70.</p>



<p><a href="#_ftnref25" id="_ftn25">[25]</a> Cf. ib., n. 36.</p>



<p><a href="#_ftnref26" id="_ftn26">[26]</a> Cf.&nbsp;<em>Mt.</em>&nbsp;18, 10.</p>



<p><a href="#_ftnref27" id="_ftn27">[27]</a> <em>Mt.</em>&nbsp;18, 14.</p>



<p><a href="#_ftnref28" id="_ftn28">[28]</a> Cf.&nbsp;<em>Mc</em>.&nbsp;2, 5.</p>



<p><a href="#_ftnref29" id="_ftn29">[29]</a> Cf. <em>Jn</em>. 3, 5.</p>



<p><a href="#_ftnref30" id="_ftn30">[30]</a> «La necesidad del bautismo sacramental es una necesidad de segundo orden respecto a la necesidad absoluta de la acción salvadora de Dios por medio de Jesucristo para la salvación definitiva de todo ser humano» (cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 10).</p>



<p><a href="#_ftnref31" id="_ftn31">[31]</a> Cf., ib., n. 66.</p>



<p><a href="#_ftnref32" id="_ftn32">[32]</a> Cf. ib., n. 100. Antes del Concilio Vaticano II estos niños no tenían un rito de exequias específico y eran sepultados en tierra no consagrada. Ahora tienen plegarias especiales en el Ordo exequiarum (cf. ib.).</p>



<p><a href="#_ftnref33" id="_ftn33">[33]</a> Cf. ib., n. 2.</p>



<p><a href="#_ftnref34" id="_ftn34">[34]</a> Cf. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 1261.</p>



<p><a href="#_ftnref35" id="_ftn35">[35]</a> Cf. ib., n. 6 y 49. «No hay, hubo o habrá hombre alguno cuya naturaleza no fuera asumida por él; así no hay, hubo, ni habrá hombre alguno por quien no haya padecido Cristo Jesús Señor nuestro, aunque no todos sean redimidos por el misterio de su pasión» (DH, 624).</p>



<p><a href="#_ftnref36" id="_ftn36">[36]</a> Cf. 1 <em>Tim</em>. 2, 3-6. Cf.&nbsp;CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et spes&nbsp;, </em>22.</p>



<p><a href="#_ftnref37" id="_ftn37">[37]</a> Cf. 1 <em>Cor</em>. 7, 14.</p>



<p><a href="#_ftnref38" id="_ftn38">[38]</a> Cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 97.</p>



<p><a href="#_ftnref39" id="_ftn39">[39]</a> Cf. <em>Gn.</em>&nbsp;3,15; 22,18;&nbsp;<em>1 Tm.</em>&nbsp;2, 4; CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 1261.</p>



<p><a href="#_ftnref40" id="_ftn40">[40]</a> COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 7 y 49. Cf. DH, 623.</p>



<p><a href="#_ftnref41" id="_ftn41">[41]</a> Cf. beato Pío IX, <em>Quanto conficiamur</em>, y<em> Singulari quaedam</em> (DH 2865). COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 33 y 57-58.</p>



<p><a href="#_ftnref42" id="_ftn42">[42]</a> Cf. ib., n. 58 y 59.</p>



<p><a href="#_ftnref43" id="_ftn43">[43]</a> Cf.&nbsp;CONCILIO VATICANO II, <em>Lumen gentium</em>, 16.</p>



<p><a href="#_ftnref44" id="_ftn44">[44]</a> Cf.&nbsp;CONCILIO VATICANO II, <em>Gaudium et spes&nbsp;, </em>22.</p>



<p><a href="#_ftnref45" id="_ftn45">[45]</a> COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 81.</p>



<p><a href="#_ftnref46" id="_ftn46">[46]</a> Cf. ib., n. 29.</p>



<p><a href="#_ftnref47" id="_ftn47">[47]</a> «<em>Salus extra Ecclesiam non est</em>» en expresión feliz del Padre de la Iglesia San Cipriano. Cf. CONCILIO VATICANO II, <em>Lumen gentium</em>, 14.</p>



<p><a href="#_ftnref48" id="_ftn48">[48]</a> JUAN PABLO II,&nbsp;<em>Redemptoris missio</em>, 10.</p>



<p><a href="#_ftnref49" id="_ftn49">[49]</a> <em>Jn.</em>&nbsp;3, 5.</p>



<p><a href="#_ftnref50" id="_ftn50">[50]</a> <em>Jn.</em>&nbsp;6, 53.</p>



<p><a href="#_ftnref51" id="_ftn51">[51]</a> Cf. COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 99.</p>



<p><a href="#_ftnref52" id="_ftn52">[52]</a> Cf. ib., n. 94.</p>



<p><a href="#_ftnref53" id="_ftn53">[53]</a> Cf. ib., n. 98.</p>



<p><a href="#_ftnref54" id="_ftn54">[54]</a> Cf. ib., n. 86-87. El pecado original se contrae sin consentimiento, a diferencia del pecado actual. Y sin consentimiento se perdona en el Bautismo. Pero quien salva es Cristo por sus méritos. ¿Acaso Cristo no podría salvar a estos niños sin su consentimiento, teniendo en cuenta que no tuvieron la oportunidad de consentir?</p>



<p><a href="#_ftnref55" id="_ftn55">[55]</a> Cf. ib., n. 29.</p>



<p><a href="#_ftnref56" id="_ftn56">[56]</a> Cf. ib., n. 101.</p>



<p><a href="#_ftnref57" id="_ftn57">[57]</a> «Si en caso de enfermedad mortal se dispone de dos medicinas, una que cura y otra que no estamos seguros de que cura, todo el que tenga sentido común aplicará la primera» (Jorge LORING, <em>Para salvarte</em>, Madrid: Edibesa, 2008, p. 798.</p>



<p><a href="#_ftnref58" id="_ftn58">[58]</a> Cf.&nbsp;<em>Jn</em>.16, 12.</p>



<p><a href="#_ftnref59" id="_ftn59">[59]</a> Cf. CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, n. 1257.</p>



<p><a href="#_ftnref60" id="_ftn60">[60]</a> COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL, op. cit., n. 102.</p>



<p><a href="#_ftnref61" id="_ftn61">[61]</a> San JUAN PABLO II, <em>Evangelium vitae</em>, 99. Extrañamente este número de la encíclica está mutilado en la versión web de la página de la Santa Sede.</p>



<p></p>
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		<title>En la muerte del padre Sayés: un ejemplo de lealtad y coherencia.</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/en-la-muerte-del-padre-sayes-un-ejemplo-de-lealtad-y-coherencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Jun 2022 11:31:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El pasado 26 de abril falleció a los 78 años en la residencia sacerdotal «El Buen Pastor» de Pamplona el sacerdote don José Antonio Sayés Bermejo (Peralta, Navarra, 1944 &#8211; Pamplona, 2022), después de una larga enfermedad neurodegenerativa. Era el menor de tres hermanos, ya fallecidos, uno de los cuales, Juan, también fue sacerdote. Autor [&#8230;]</p>
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<p>El pasado 26 de abril falleció a los 78 años en la residencia sacerdotal «El Buen Pastor» de Pamplona el sacerdote don José Antonio Sayés Bermejo (Peralta, Navarra, 1944 &#8211; Pamplona, 2022), después de una larga enfermedad neurodegenerativa. Era el menor de tres hermanos, ya fallecidos, uno de los cuales, Juan, también fue sacerdote.</p>



<p>Autor de más de 40 libros<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>, articulista, conferenciante prolífico por todo el mundo, formador de seminaristas, director de retiros espirituales; apologeta y animador de fecundos campamentos de verano en España y en otros países europeos…, el padre Sayés era Doctor en Teología por la Universidad Gregoriana y profesor de Teología Fundamental en la Facultad de Teología del Norte de España. En 1972 fue alumno de Joseph Ratzinger en un curso sobre la Eucaristía. Ordenado sacerdote en 1968 después de sus estudios en el seminario de Pamplona, colaboró con el cardenal de Viena, Von Schönbor, en la redacción del Catecismo de 1992.</p>



<p>Del padre Sayés se ha dicho que se trata de uno de los teólogos más importantes en España durante las últimas décadas. El comentario se queda corto y peca de injusticia. El padre Sayés ha sido de los pocos teólogos que ha salvado la dignidad científica y académica de la teología en el posconcilio.</p>



<p>En tiempos revueltos, llenos de confusión, tibieza y traición, el padre Sayés fue fiel a Cristo y a la Iglesia. Fue fiel a la Tradición y al Papa. Y fue fiel al Concilio, a su sacerdocio y a la teología.</p>



<p>Decía Juan Pablo II que la «teología se organiza como ciencia de la fe a la luz de un doble principio metodológico: el auditus fidei y el intellectus fidei. Con el primero, asume los contenidos de la Revelación tal y como han sido explicitados progresivamente en la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio vivo de la Iglesia. Con el segundo, la teología quiere responder a las exigencias propias del pensamiento mediante la reflexión especulativa»<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>.</p>



<p>Cuando la teología, rebelándose contra sus raíces y su naturaleza, quiso vivir al margen de la Revelación divina, de la Tradición Apostólica y del Magisterio Pontificio, buena parte de la Iglesia se dejó llevar por estos falsos profetas, por comodidad, por desidia, o por mundanidad. Pocos se opusieron a ese vendaval que todo lo contaminaba, todo lo retorcía y todo lo emponzoñaba. Se quedaron solos en muchas ocasiones, con el silencio o la felicitación clandestina de los «buenos». Y no cayeron en ninguna tentación esperpéntica o delirante. Fueron fieles al Señor, como San Atanasio, en la incomprensión generalizada.</p>



<p>El padre Sayés fue un modelo paradigmático en este sentido. No se dejó llevar de un análisis reduccionista y simplificador, propio de los slogans y los titulares de prensa. Identificó el problema. Lo situó en el tiempo. Corrigió a los heterodoxos. Hizo una llamada de atención a los responsables de la situación por acción u omisión, y buscó la santidad de vida propia y ajena, de tal manera que podemos decir de él, como San Pablo: «he combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe»<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a>.</p>



<p>1. Identificó el problema y lo situó en el tiempo. Por eso habló de una teología enferma<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a> que se llama «Teología de la secularización»<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a>, continuación de la crisis modernista en la teología, que reaparece con fuerza en el posconcilio, pero no por el Concilio, cuyos textos no habían tenido tiempo ni poder de influencia posibles en la vida de la Iglesia, ni para bien ni para mal<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>. Aparece como influjo de la teología protestante, como prolongación de un cristianismo sin Dios en el modernismo, como contagio del mundo con el proceso de creciente laicismo que sufre Europa en los dos últimos siglos, y como manifestación en último término de la dictadura de la subjetividad humana propia de la Edad Moderna.</p>



<p>Decía el padre Sayés que justo después del Concilio nadie leía los textos del Concilio. Sin embargo, muchos teólogos leían a Bonhoeffer<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a>, Robinson<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>, Cox, Altizer, Hamilton, Vahanian o Van Buren. Todos ellos venían del mundo protestante. Y se impuso en buena parte de la teología la tesis de que el Concilio habría de interpretarse de acuerdo con esta teología, previa al Concilio, que no invocaba al Concilio y que rompía con la Tradición Apostólica<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>.</p>



<p>Ningún misterio de la fe dejó de reinterpretarse según esta nueva teología disolvente, que en realidad no era nueva, sino la actualización vehemente del modernismo que nunca llegó a desaparecer de la vida de la Iglesia<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>.</p>



<p>Y la subjetividad trae consigo indefectiblemente tanto el relativismo como el laicismo<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a>. Es la humanización de la teología, en un naturalismo, que ya condenó León XIII<a href="#_ftn12" id="_ftnref12">[12]</a>. «Si no podemos conocer a Dios de forma objetiva por la razón, dice el padre Sayés, tampoco podemos afirmar que Cristo es Dios»<a href="#_ftn13" id="_ftnref13">[13]</a>. Estamos ante un neofideísmo, que une la crisis del dualismo antropológico (una de las alergias de la teología enferma), a la crisis moral, porque si no se sabe quién es el hombre, tampoco se sabe que le conviene<a href="#_ftn14" id="_ftnref14">[14]</a>.</p>



<p>El tomismo<a href="#_ftn15" id="_ftnref15">[15]</a> ha sido sustituido por Kant y su idealismo trascendental o por la fenomenología<a href="#_ftn16" id="_ftnref16">[16]</a>. Y la espiritualidad del «fuga mundi» ha sido sustituida por la experiencia del encuentro, la acogida y el diálogo que, sin experiencia de Dios, convierten la solidaridad en filantropía, el amor a la naturaleza en panteísmo, la justicia social en teología de la liberación, la paz en irenismo, el ecumenismo en sincretismo, y el pluralismo legítimo en ambiguo y disperso voluntarismo<a href="#_ftn17" id="_ftnref17">[17]</a>.</p>



<p>Con la llegada del escepticismo a la vida de la Iglesia, las certezas de la fe se difuminan, se dudan, se discuten y se acaban negando. Es la crisis de la secularización de sacerdotes y religiosos, especialmente en el posconcilio, pero también antes. Recuérdese que la crisis de Acción Católica en España comienza antes del Concilio.</p>



<p>A la crisis de fe, sobreviene necesariamente la crisis de oración, y a la crisis de ésta, el vacío, que tantos sacerdotes secularizados intentaron llenar con el amor femenino<a href="#_ftn18" id="_ftnref18">[18]</a>. El sacerdote estaba perdiendo su identidad. Ya no sería un alter Christus sino un delegado de la comunidad, un seglar más, cualificado si se quiere, pero insertado en el mundo (trabajo civil y familia), y que no buscaba interferir en el mundo, un mundo que ya no era autónomo sino independiente de Cristo Rey y providente.</p>



<p>Por eso, San Pablo VI dijo en 1972 que el Concilio, aunque había sido convocado buscando la «renovación y vitalidad para la Iglesia», inesperadamente desembocó sin embargo en una crisis de «proporciones devastadoras». Y añadió: «por alguna rendija ha entrado el humo negro de Satanás en la Iglesia»<a href="#_ftn19" id="_ftnref19">[19]</a>.</p>



<p>El Catecismo del Pueblo de Dios, los sucesivos Sínodos Episcopales celebrados después del Concilio, el Catecismo de 1992 y hasta el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia…, son algunas de las más importantes respuestas de la Iglesia para resolver la crisis neomodernista del posconcilio, interpretando el Concilio en continuidad con la Tradición Apostólica<a href="#_ftn20" id="_ftnref20">[20]</a>.</p>



<p>2. Corrigió a los heterodoxos. El padre Sayés, que entró al Seminario antes del Concilio, ya vio a sus profesores dudar<a href="#_ftn21" id="_ftnref21">[21]</a>.​ En muchos seminarios (la mayoría, dice el padre Sayés<a href="#_ftn22" id="_ftnref22">[22]</a>) se acogió con fascinación el cristianismo sin religión de K. Barth<a href="#_ftn23" id="_ftnref23">[23]</a>, la desmitificación de los Evangelios de R. Bultmann<a href="#_ftn24" id="_ftnref24">[24]</a>, y la epistemología subjetivista de K. Rahner<a href="#_ftn25" id="_ftnref25">[25]</a>.</p>



<p>K. Rahner ha condicionado como nadie la teología católica en una dirección secularizante<a href="#_ftn26" id="_ftnref26">[26]</a>. Es el célebre «giro antropológico», una teología reducida a mera antropología<a href="#_ftn27" id="_ftnref27">[27]</a>.</p>



<p>Estos autores, aupados por profesores y autoridades eclesiásticas a la condición de modelos y referentes, consiguieron relativizar las verdades de fe. Ahora se comprende que ya en la época del Concilio, de cien teólogos en el Seminario de Pamplona, acudían a Misa diaria sólo media docena de seminaristas<a href="#_ftn28" id="_ftnref28">[28]</a>. No es de extrañar que el padre Sayés fuera el único sacerdote ordenado de su promoción que vestía con alzacuellos<a href="#_ftn29" id="_ftnref29">[29]</a>. Conventos y congregaciones enteras han desparecido víctimas del virus de la secularización<a href="#_ftn30" id="_ftnref30">[30]</a>.</p>



<p>Mientras tantas autoridades eclesiásticas han guardado un silencio cómplice, han acogido las herejías invocando la pluralidad o han restado importancia a su influencia perversa<a href="#_ftn31" id="_ftnref31">[31]</a>, traicionando la misión sagrada de enseñar que les fue encomendada, el padre Sayés se enfrentó a muchos de ellos, con caridad pero también con claridad.</p>



<p>Denunció a Walter Kasper y su concepción ambigua y simbólica de los milagros<a href="#_ftn32" id="_ftnref32">[32]</a>. También a Xabier León-Dufour y su negación del carácter histórico de la resurrección de Cristo<a href="#_ftn33" id="_ftnref33">[33]</a>. Se atrevió con el icono de la teología española más decadente, el padre Olegario González de Cardedal, a quien acusó de resucitar la herejía adopcionista<a href="#_ftn34" id="_ftnref34">[34]</a>. Y es famosa la polémica del padre Sayés con las herejías del padre José Antonio Pagola<a href="#_ftn35" id="_ftnref35">[35]</a>.</p>



<p>3. Hizo una llamada de atención a los responsables de la situación por acción u omisión. Decía el padre Sayés que parece hoy que la situación de la teología es mucho más tranquila que en el posconcilio. Puede que así sea en algunos aspectos. Sin embargo, esta percepción es mera apariencia. Para el padre Sayés, «se ha encontrado una forma de convivencia eclesial basada en la tolerancia y el encubrimiento práctico de lo que en realidad se piensa o se enseña». Y este pluralismo teológico con frecuencia es puro subjetivismo, decía el cardenal Ratzinger<a href="#_ftn36" id="_ftnref36">[36]</a>. Dice el padre Sayés que vivimos un periodo confuso donde se agolpan en masa las herejías&nbsp; a las puertas de la Iglesia, de tal manera que «un teólogo que quiera ser fiel a la doctrina queda relegado». Permanecen vivas las verdades fundamentales, pero están oscurecidas en la teología y en la predicación<a href="#_ftn37" id="_ftnref37">[37]</a>. El ilustre padre José María Iraburu retrataba esta situación de forma dramática: el prestigio hoy es más fácil si el teólogo es disidente. El teólogo fiel es reiterativo, incomprensible para el hombre moderno, anticuado, superado. La fidelidad es una condición desfavorable para enseñar en seminarios y facultades eclesiásticas<a href="#_ftn38" id="_ftnref38">[38]</a>.</p>



<p>La ortodoxia es una condición desfavorable o excluyente para enseñar en un seminario o facultad universitaria en Occidente. El refractario será causa de problemas en un ambiente liberal, y acabará marginado, perseguido y tachado de integrista<a href="#_ftn39" id="_ftnref39">[39]</a>.</p>



<p>El padre Sayés, añade que sin duda hay excepciones, pero no son muchas. «Lo normal es que los obispos callen. Han encontrado un modus vivendi en el trato con los disidentes: tolerancia y silencio»<a href="#_ftn40" id="_ftnref40">[40]</a>.</p>



<p>El padre Iraburu señala que la tentación más importante de los obispos no es el autoritarismo, sino el dejar hacer propio de la política convencional, buscando el triunfo personal y la popularidad, olvidando las palabras del apóstol: «si todavía tratara yo de agradar a los hombres, ya no sería siervo de Cristo» (Gal. 1, 10).</p>



<p>El padre Iraburu denuncia que se ha perdido el sentido cristiano de la autoridad, que ha sido sustituido por una visión liberal. Contra las leyes canónicas y contra lo que Cristo y los santos han enseñado de palabra y obra, numerosos obispos, párrocos, superiores, religiosos, padres de familia, maestros y profesores no ejercen la autoridad que les es propia. Son incapaces de tomar decisiones impopulares. Invocan el bien de la Iglesia para ser estimados por todos, también por los mundanos, tolerando lo intolerable: herejías extendidas y sacrilegios arraigados. Ante la denuncia, responden con buenas palabras, pero nunca hacen nada. Y así el mal sigue avanzando<a href="#_ftn41" id="_ftnref41">[41]</a>.</p>



<p>La Conferencia Episcopal Española publicó en 2006 un documento sobre los errores de interpretación del Concilio: <em>Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II</em>. El texto habla de los últimos decenios y de una secularización interna de la Iglesia, que ha pretendido ampararse en un Concilio que nunca ha existido. Para el padre Sayés es grave que no se citen los nombres de los infractores, salvo aquellos que han sido amonestados por Roma, ignorando una praxis multisecular de la Iglesia. Los herejes no se darán por aludidos, porque el texto no les cita, y como tampoco son cesados porque nadie con autoridad les acusa, seguirán contaminando al pueblo de Dios impunemente. Así nos va.</p>



<p><strong>Francisco J. Carballo</strong></p>



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<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> Abordó los temas más delicados y controvertidos con rigor, claridad y ortodoxia, en títulos como <em>Dios existe</em>; <em>Ciencia, ateísmo y fe en Dios</em>; <em>Teología para nuestro tiempo: la fe explicada</em>, <em>¿Por qué creo?</em>, <em>Teología y relativismo</em>, <em>La Verdad de la fe</em>,<em> Teología moral fundamental</em>, <em>Cristianismo y filosofía</em>, <em>La Trinidad: misterio de salvación</em>, <em>Cristología fundamental</em>,<em> La Iglesia de Cristo: curso de eclesiología</em>, <em>Cristianismo y religiones: la salvación fuera de la Iglesia</em>, <em>El misterio eucarístico</em>, <em>Teología de la creación</em>,<em> La Gracia</em>, <em>El tema del alma en el Catecismo de la Iglesia Católica</em>,<em> Moral de la sexualidad</em>,<em> Más allá de la muerte</em>, <em>El demonio, ¿realidad o mito?</em>&#8230;</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> JUAN PABLO II, <em>Fides et ratio</em>, 65.</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> 2 Timoteo 4, 7.</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, Madrid: BAC, 2012, p. IX.</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> Esta teología de la secularización coincide con muchos postulados de la Ilustración y de la Revolución Francesa (ib., p. 23-28).</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> Cf. ib., p. 9. Son heridas, señalaba Sayés, que siguen abiertas (ib., p. X).</p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> Cf. ib., p. 11-15.</p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> Cf. ib., p. 15-23 y 37-38.</p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> Cf. ib., p. X y 5.</p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> El modernismo, «compendio de todas las herejías», había sido condenado en 1907 por San Pío X en la encíclica <em>Pascendi Dominici gregis</em>, cuyas recetas de precaución y buen gobierno siguen pareciendo necesarias. Muy poco antes lo había hecho el decreto <em>Lamentabili Sane Exitu</em>, que condenaba la tesis historicista del sacerdote francés Alfred Loisy, que postulaba la evolución del dogma, de las instituciones o de los sacramentos. En 1910 Pío X promulgó el motu proprio <em>Sacrorum Antistitum</em>, conocido como «Juramento antimodernista», que debía ser pronunciado por cualquiera que quisiera conservar o acceder a un oficio eclesiástico, incluida la docencia en teología.</p>



<p>Sustituyendo al juramento promulgado por Pablo VI en 1967, la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Ratzinger, promulgó en 1989 una fórmula de profesión de Fe y un juramento de fidelidad para los candidatos al orden episcopal: 1. Con fe firme se deben creer todas las verdades contenidas en el Credo y en la Palabra de Dios escrita o trasmitida, definidas por la Iglesia como divinamente reveladas. 2. Firmemente se deben acoger y retener las verdades acerca de la doctrina sobre la fe y las costumbres definidas por la Iglesia de modo definitivo. 3. Hay que acatar con religiosa deferencia de la voluntad y el intelecto las enseñanzas que el Pontífice Romano o el colegio episcopal disponen cuando ejercen su magisterio auténtico, aunque no pretendan proclamarlos como un acto definitivo (Stefano M. PACI, «Un juramento excesivo», 30 Días 55 (1992), p. 41-43).</p>



<p>Pío XII también publicó en 1950 una encíclica contra los errores modernos. Se tituló <em>Humani Géneris</em>. Más de un siglo antes, el Papa Gregorio XVI había condenado el liberalismo relativista en <em>Mirari vos</em> (1832) y el catolicismo liberal en <em>Singulari vos</em> (1834). Y poco después, en la misma dirección, Pío IX había publicado en 1864 dos documentos que abordaron los errores modernos de inspiración naturalista (<em>Quanta cura</em> y <em>Syllabus</em>).</p>



<p>Los máximos representantes del modernismo fueron el padre Alfred Loisy (catedrático de hebreo y Biblia, excomulgado y cuya obra fue incluida en el <em>Índice de libros prohibidos</em>, como le ocurrió a la mayoría de sus correligionarios), George Tyrrell (teólogo irlandés converso desde el anglicanismo, jesuita expulsado y excomulgado); Herman Schell (sacerdote alemán y profesor universitario de apologética), los sacerdotes franceses Louis Duchesne (catedrático de historia eclesiástica), Marcel Hébert (profesor universitario de filosofía y secularizado), Henri Bremond (exjesuita, excomulgado) y Albert Houtin (también secularizado); los sacerdotes italianos Romulo Murri (secularizado y excomulgado, uno de los padres de la democracia cristiana, que osciló desde la extrema izquierda hasta el fascismo mussoliniano), Giovanni Semeria y Ernesto Buonaiuti (profesor universitario de historia eclesiástica, antifascista y excomulgado); el arzobispo francés Edouard Mignot y su Vicario, el padre Birot; el teólogo austriaco Friedrich von Hügel; los filósofos franceses Maurice Blondel y Édouard Le Roy (amigo de Teilhard de Chardin), el poeta italiano Antonio Fogazzaro (que se retractó cuando fue advertido), Carl Muth (escritor y editor alemán de la revista católica Hochland, que acabó diluyendo su confesionalidad para convertirse en un foro abierto al debate sin ningún a priori), o Mary Petre (monja dominica inglesa, amiga de Tyrrell)…</p>



<p>El modernismo, influido por el agnosticismo kantiano y el protestantismo liberal, rechaza la capacidad de la razón para conocer a Dios. La religión estaría en el interior del hombre y la revelación divina sería una experiencia religiosa personal. El dogma por lo tanto sería el resultado de la elaboración que realiza el creyente sobre sus propios pensamientos según las circunstancias. El magisterio público sólo reconocería en realidad una conciencia común que proclama como dogma. La Sagrada Escritura sería una colección de experiencias extraordinarias de los creyentes. Y la Iglesia un mero ámbito donde comunicar a otros las propias experiencias religiosas, conservando y propagando esos sentimientos. Para el modernismo todas las representaciones de la realidad divina son simbólicas y nada es permanente. Todo en la Iglesia debería ser adaptado a las circunstancias de tiempo y lugar. Por eso, decía San Pío X que el modernismo niega el carácter sobrenatural de la Iglesia «no desde fuera, sino desde dentro».</p>



<p>El «desenfrenado afán de novedades» modernistas (cf. GREGORIO XVI, <em>Singulari nos</em>, 5) entre teólogos y pastores era ya un problema grave en la vida de la Iglesia más de un siglo antes del Concilio Vaticano II y reaparece con fuerza no en los textos del Concilio, aunque lo intentase, sino en su interpretación posterior.</p>



<p><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> Cf. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. X.</p>



<p><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> Cf. LEÓN XIII, <em>Libertas praestantissimun</em>, 12.</p>



<p><a href="#_ftnref13" id="_ftn13">[13]</a> Sobre el conocimiento de Dios por la razón, vid. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. X y 67-123.</p>



<p><a href="#_ftnref14" id="_ftn14">[14]</a> Cf. ib., p. X-XI. Es la negación de la moral objetiva que reivindicó <em>Veritatis splendor</em>, y que fue combatida por el neomodernismo en 1968 con <em>Humanae vitae</em> (ib., p. XII). Esta encíclica de San Pablo VI, respuesta a la revolución sexual que promovió el mayo francés de 1968, fue rechazada por el padre Curran, que encabezó una declaración de la Universidad Católica de Washington, con el apoyo de doscientos «teólogos». En España numerosos «teólogos» rechazaron también la encíclica, entre ellos el célebre Olegario González de Cardedal (cf. REDACCIÓN, «Una ola de protestas contra el estatuto clerical para la televisión y radio», en <em>Iglesia-Mundo</em> 53 (1973), p. 15).</p>



<p><a href="#_ftnref15" id="_ftn15">[15]</a> Cf. Teófilo URDANOZ, «La crisis de la Iglesia coincide con el abandono de la doctrina aquinatense», en <em>Iglesia-Mundo</em> 90 (1975) 23-26.</p>



<p><a href="#_ftnref16" id="_ftn16">[16]</a> Cf. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. XII y 9.</p>



<p><a href="#_ftnref17" id="_ftn17">[17]</a> Cf. ib., p. XI.</p>



<p><a href="#_ftnref18" id="_ftn18">[18]</a> Cf. ib., p. 6.</p>



<p><a href="#_ftnref19" id="_ftn19">[19]</a> Ib., p. 10. En la Exhortación Pastoral sobre el Año Santo, el Papa San Pablo VI habló de los enemigos infiltrados en la Iglesia: «Fermentos de infidelidad aparecen en la Iglesia y tratan de socavarla desde dentro». Ponen «en entredicho la obligación de obedecer a la Autoridad, querida por el Redentor» (PABLO VI, «Habla el Papa», <em>Iglesia-Mundo</em> 86 (1975), p. 5-13).</p>



<p><a href="#_ftnref20" id="_ftn20">[20]</a> Cf. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 34.</p>



<p>El Papa San Pablo VI en Francia ante el episcopado francés descalificó el progresismo posconciliar y el integrismo que absolutiza lo que es relativo en la Iglesia. El Papa sabe de los abusos y los reprueba, y condena el progreso que niega las raíces, y la nostalgia de otros tiempos que niegan el desarrollo legítimo sin admitir que el espíritu del Señor actúa hoy en su Iglesia con sus pastores unidos a Pedro. Pablo VI afirma justo al terminar el Concilio que éste no es una novedad sino que es la misma Tradición. Y que la inserción de la Iglesia en el mundo sólo puede hacerse desde las normas de la Tradición (cf. Jean GUITTON, <em>Diálogos con Pablo VI</em>, Madrid: Los Libros del Monograma, 1967, p. 340 y 345). Vid. también Victorino RODRÍGUEZ, «El progresismo denunciado por el Papa», <em>Iglesia-Mundo</em> 203 (1980), p. 10-11; y REDACCIÓN, «El Vaticano pide a los obispos españoles su recta aplicación», <em>Iglesia-Mundo</em> 380 (1989), p. 30.</p>



<p><a href="#_ftnref21" id="_ftn21">[21]</a> Cf. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 4. En una entrevista en la revista <em>Ecclesia</em> añadió: «Yo, por ejemplo, durante mis años de formación nunca recibí una clase de teología sobre el demonio. Ni en el seminario ni en la Universidad Gregoriana, la de los buenos tiempos que yo conocí. Y he escrito un libro sobre el demonio, porque yo mismo quería tener clara la cuestión».</p>



<p><a href="#_ftnref22" id="_ftn22">[22]</a> Cf. ib., p. 5.</p>



<p><a href="#_ftnref23" id="_ftn23">[23]</a> Cf. ib., p. 41-47.</p>



<p><a href="#_ftnref24" id="_ftn24">[24]</a> Cf. ib., p. 47-54. La contestación del padre Sayés a Bultmann aparece en José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 125-139.</p>



<p><a href="#_ftnref25" id="_ftn25">[25]</a> Cf. ib., p. X. Quienes han estudiado teología saben perfectamente que todavía hoy muchos manuales atienden a estos y otros autores análogos como fuente de autoridad de primera categoría, como si fuesen Padres o Doctores de la Iglesia, mientras la enseñanza oficial de la Iglesia recibe una atención cuantitativamente menor, y en todo caso como otra aportación más al tema objeto de estudio, que se presenta como una cuestión siempre abierta…</p>



<p><a href="#_ftnref26" id="_ftn26">[26]</a> Cf. ib., p. 54-66.</p>



<p><a href="#_ftnref27" id="_ftn27">[27]</a> Sobre el influjo de Rahner en la teología, vid. la obra del padre Sayés, <em>La esencia del cristianismo. Dialogo con K Rahner y H. U. von Balthasar</em>.</p>



<p>El padre dominico Victorino Rodríguez también consideró heterodoxa la teología de Karl Rahner. Confuso y contradictorio, confluyen en su pensamiento el sentido sobrenatural y el naturalismo antropocéntrico, el dogmatismo trascendental y el historicismo agnóstico, la voluntad de ortodoxia y la aceptación de aporías antidogmáticas (cf. Victorino RODRÍGUEZ, «Entrevista sobre su pensamiento teológico», <em>Iglesia-Mundo</em> 276 (1984), p. 19). Tampoco es aceptable su concepción de la Gracia, por influencia de la Nueva Teología y de su existencialismo. Rahner rechazaba la Gracia como hábito entitativo accidentario, como si la Gracia fuese una sustancia y no una cualidad inherente al alma. Rahner pretendía identificar la Gracia con la sustancia del hombre, como un constitutivo ontológico interno del ser humano, confundiendo el orden natural con el sobrenatural, y cayendo en el panteísmo (cf. Victorino RODRÍGUEZ, «Entidad de la gracia santificante», <em>Iglesia-Mundo</em> 437 (1991), p. 12-13).</p>



<p><a href="#_ftnref28" id="_ftn28">[28]</a> Cf. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 6.</p>



<p><a href="#_ftnref29" id="_ftn29">[29]</a> Cf. ib. El sacerdote que viste aseglarado incumple el CIC antiguo y moderno.</p>



<p><a href="#_ftnref30" id="_ftn30">[30]</a> Cf. ib., p. 7. En el Québec desapareció la vida consagrada, según denunciaba el Cardenal Ratzinger en su libro <em>Informe sobre la fe</em>: Madrid: BAC, 2005.</p>



<p><a href="#_ftnref31" id="_ftn31">[31]</a> Sería cosa digna de otro artículo explicar cómo algunas autoridades eclesiásticas han sido fuertes con los débiles, y débiles con los fuertes. Sobre todo cuando los débiles tenían alguna querencia de corte clásico… El padre Uraburu lo expresa así: «duramente autoritarios con los hijos de la luz y liberalmente permisivos con los hijos de las tinieblas» (José María URABURU, <em>Infidelidades en la Iglesia</em>, Pamplona: Gratis Date, 2005, p. 29-30).</p>



<p><a href="#_ftnref32" id="_ftn32">[32]</a> Cf. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 29-30.</p>



<p><a href="#_ftnref33" id="_ftn33">[33]</a> Cf. ib., p. 30-32.</p>



<p><a href="#_ftnref34" id="_ftn34">[34]</a> Ib., p. 32-33.</p>



<p><a href="#_ftnref35" id="_ftn35">[35]</a> La gravedad de la disputa obligó a la Conferencia Episcopal Española a publicar en 2008 una nota de condena del libro «Jesús. Aproximación histórica» del padre Pagola, donde se niega desde la divinidad de Cristo, hasta la divinidad de la Iglesia. Vid. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 141-194. El 11 de marzo de 2014, en el «Centro Loyola» de los jesuitas en San Sebastián, el padre Pagola pronunció una conferencia delirante titulada «Volver a Jesucristo. Recuperar la frescura original del Evangelio». Allí se dijo que «los decretos del Concilio no tienen poder para cambiar a la Iglesia, pueden cambiar algunas cosas, pero no el espíritu ni la dinámica de la Iglesia». Hasta los modernistas dicen sin querer alguna verdad. Por eso, no pueden invocar los textos del Concilio, y no tienen más remedio que invocar un espíritu del Concilio, desconocido e indefinido, para justificar lo injustificable.</p>



<p><a href="#_ftnref36" id="_ftn36">[36]</a> Cf. Cardenal Josep RATZINGER, <em>Informe sobre la fe</em>, op. cit., p. 79.</p>



<p><a href="#_ftnref37" id="_ftn37">[37]</a> Cf. José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 35.</p>



<p><a href="#_ftnref38" id="_ftn38">[38]</a> Recuerdo que, hace ya unos cuantos años, en el examen complexivo de final de carrera en una licenciatura teológica en la Universidad Pontifica de Comillas, me tocó exponer un tema a elegir entre tres que salieron en sorteo. Escogí por su aparente facilidad, el contenido y la historia del Sacramento de la Penitencia. Después de media hora de exposición, los miembros del tribunal empezaron a realizar preguntas sobre el tema durante otra media hora. Todo iba bien hasta que uno de los jueces quiso saber cuánto conocía yo sobre las teorías alternativas a la enseñanza oficial de la Iglesia sobre este Sacramento. Contesté que poco o nada. Sé que estaban en el manual y que eran materia de examen, pero he concentrado mi atención en la historia y la doctrina de la Iglesia sobre el Sacramento. Me replicaron que cómo era posible despreciar a numerosos autores de prestigio internacional que sostenían interesantes aportaciones que ensanchan nuestro horizonte, ofrecen nuevas perspectivas para el contraste de pareceres, y enriquecen nuestro conocimiento del misterio. Fui sincero. La verdad es que no me interesan. He leído por obligación sus argumentos y no aportan nada sustantivo, solo se dedican a erosionar nuestras certezas de fe. Resultado del examen: no apto.</p>



<p><a href="#_ftnref39" id="_ftn39">[39]</a> Cf. José María URABURU, <em>Infidelidades en la Iglesia</em>, op. cit, p. 9.</p>



<p><a href="#_ftnref40" id="_ftn40">[40]</a> José Antonio SAYÉS, <em>Teología y relativismo</em>, op. cit., p. 35.</p>



<p>La permisividad episcopal con las heterodoxias que circulan en la Iglesia ha sido una constante en el posconcilio. El padre Vitoriano Rodríguez, entre otros, denunció el Catecismo para preadolescentes aprobado por el Episcopado español con dos tercios de votos favorables. El texto rezumaba vaguedades, imprecisiones, confusiones, equívocos, omisiones y errores (cf. Victorino RODRÍGUEZ, «Catecismo para preadolescentes», <em>Iglesia-Mundo</em> 131 (1977), p. 29-32).</p>



<p><a href="#_ftnref41" id="_ftn41">[41]</a> Cf. José María URABURU, <em>Infidelidades en la Iglesia</em>, op. cit., p. 29-30.</p>
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		<title>Murió Doña Rosa Mª Menéndez, viuda del primer director de la revista Iglesia-Mundo</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/murio-dona-rosa-ma-menendez-viuda-del-primer-director-de-la-revista-iglesia-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Apr 2022 13:43:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El pasado 24 de enero falleció cristianamente en Madrid, con casi 100 años, doña Rosa María Menéndez Carrillo, viuda de don Jaime Caldevilla García-Villar,&#160; primer director de la revista Iglesia-Mundo. A la muerte de su marido en 1976, dedicó su vida a esta publicación durante 18 años. Estudió periodismo con 60 años, realizando numerosas entrevistas [&#8230;]</p>
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<p>El pasado 24 de enero falleció cristianamente en Madrid, con casi 100 años, doña Rosa María Menéndez Carrillo, viuda de don Jaime Caldevilla García-Villar,&nbsp; primer director de la revista Iglesia-Mundo.</p>



<p>A la muerte de su marido en 1976, dedicó su vida a esta publicación durante 18 años. Estudió periodismo con 60 años, realizando numerosas entrevistas para la revista. Nunca se ocupó directamente de la dirección, pero era su máxima accionista. Me consta que realizó importantes sacrificios económicos para evitar la desaparición de Iglesia-Mundo, acosada por las calumnias (sobre todo de las revistas Vida Nueva y Ecclesia) y por las deudas. La revista mantuvo un porcentaje fiel de suscriptores, aunque insuficiente para mantener viva la empresa pese al sacrificio de sus trabajadores.</p>



<p>Doña Rosa era asturiana, como su marido. Vivió unos años en Cuba, donde don Jaime, excombatiente carlista en la Cruzada, era Consejero de Información y Prensa en la Embajada de España en La Habana. Allí vivió la revolución castrista. La familia, que no tenía hijos, se volcó en la ayuda a los disidentes cubanos y españoles que huían de la isla.</p>



<p>Conocí a doña Rosa personalmente hace unos 11 años. Necesitaba algunos datos y documentación para algunos trabajos académicos. Pronto sintonizamos. Su colaboración fue más que generosa. Acogedora y risueña, tenía un porte distinguido, propio de otros tiempos.</p>



<p>La revista Iglesia-Mundo fue probablemente la más profunda, influyente e incisiva respuesta periodística de la Iglesia de siempre a la deriva modernista del cardenal Tarancón. Fue editada entre 1971 y 1994, poco más de 23 años, y alcanzó los 500 números. El año que ha terminado se cumplió el 50 aniversario del número 0, entre el silencio de los medios de comunicación civiles y eclesiales.</p>



<p>La revista nació dentro del Derecho Canónico, impulsada por el entonces presidente de la CEE, don Casimiro Morcillo. Le secundaron numerosos obispos. Monseñor Guerra Campos fue uno de los socios fundadores, junto a otros quince obispos. Las presiones del cardenal Tarancón obligaron a reconvertir la revista en sociedad mercantil.</p>



<p>La revista denunció la enorme cantidad de irregularidades doctrinales, litúrgicas y de gobierno en la Iglesia española a partir de 1972, haciendo una defensa numantina de la doctrina oficial de la Iglesia, vulnerada o abiertamente negada por las disposiciones o por el permisivismo del Episcopado español presidido por el cardenal Tarancón. La revista combatía las desviaciones imperantes en la Iglesia española apelando al Concilio, al Código de Derecho Canónico y a los escritos o discursos del Papa.</p>



<p>Como consecuencia de estas denuncias, el cardenal Tarancón hizo pública una nota contra la revista, acusándola de numerosas calumnias. La revista a su vez denunció al Sr. Cardenal ante los tribunales eclesiásticos y civiles por difamación e injuria. Al tiempo que recordó que estaba en plena comunión con el Papa Pablo VI y con el Concilio, con los obispos y su Magisterio, pero rechazaba con energía las desviaciones y caminos pastorales que se apartan del dogma y las enseñanzas pontificias. La revista se aferró con fuerza y esperanza al Vicario de Cristo, Pablo VI, y sobre todo a Juan Pablo II, en un ambiente eclesial de corrosión y autodemolición.</p>



<p>Entre sus páginas eran frecuentes artículos y pastorales del cardenal Marcelo González, y de los obispos Guerra Campos, Castán Lacoma, Peralta, Hervás, Olaechea, Barrachina o Temiño, que a veces escribían con pseudónimo. Muchos de ellos luego firmarían una Pastoral contra la Carta Magna de 1978.</p>



<p>La revista reunió en sus páginas a la Iglesia más tradicional. En sus páginas escribieron algunos miembros de la Hermandad Sacerdotal Española, e ilustres teólogos como Victorino Rodríguez, Fray Antonio de Lugo, Bernardo Monsegú, Luis Madrid Corcuera, José Ricart Torrens o Luis Vera.</p>



<p>Iglesia-Mundo fue especialmente beligerante contra la Asamblea Conjunta, la Ley para la Reforma Política, la Constitución de 1978, las leyes del divorcio y del aborto, o la marxista teología de la liberación.</p>



<p>La presencia de numerosos obispos en la redacción de la revista fue disminuyendo progresivamente por fallecimiento, y por las graves presiones que el cardenal Tarancón ejerció desde la CEE sobre el Episcopado español y sobre Roma para que los obispos retirasen el apoyo a la revista. Muchos sucumbieron. Pocos resistieron la embestida taranconiana. Uno de ellos fue monseñor Guerra Campos, accionista de la revista hasta su desaparición.</p>



<p>La lectura de sus páginas demuestra un equilibrio generalizado que le negaron sus enemigos, y con el tiempo, también algunos de quienes se decían amigos. Porque la revista resistió a la tentación modernista que avasallaba el ambiente eclesial en la misma medida que no cedió a la tentación cismática. Supo distinguir el espíritu del Concilio, irreal, tramposo y falso, de la letra del Concilio. Y la letra del Concilio de una interpretación modernista que tanto daño hace a la Iglesia de nuestros días.</p>



<p><strong>Francisco J. Carballo</strong></p>
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		<title>España, ¿una sociedad de asesinos?</title>
		<link>https://chesterton.es/jesuscarballo/espana-una-sociedad-de-asesinos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisco J. Carballo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 06 Apr 2022 13:37:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Pronto hará un año de la llegada a España del suicidio como un derecho financiado por el Estado y ejecutado por sanitarios profesionales[1]. Con 198 votos a favor y 138 en contra[2], el Congreso de los Diputados aprobó la legalización de un nuevo crimen con la Ley de la Eutanasia. España, otrora «evangelizadora de la [&#8230;]</p>
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<p>Pronto hará un año de la llegada a España del suicidio como un derecho financiado por el Estado y ejecutado por sanitarios profesionales<a href="#_ftn1" id="_ftnref1">[1]</a>. Con 198 votos a favor y 138 en contra<a href="#_ftn2" id="_ftnref2">[2]</a>, el Congreso de los Diputados aprobó la legalización de un nuevo crimen con la Ley de la Eutanasia.</p>



<p>España, otrora «evangelizadora de la mitad del orbe, martillo de herejes y Luz de Trento»<a href="#_ftn3" id="_ftnref3">[3]</a> se convierte en el sexto país del mundo en legalizar la eutanasia<a href="#_ftn4" id="_ftnref4">[4]</a>. Ya lo estaban Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y Colombia.</p>



<p>La gravedad de esta ley aparece amortiguada porque no supera en crueldad el genocidio del aborto, donde 40 millones de niños concebidos y no nacidos son masacrados legalmente en el mundo cada año, superando holgadamente los genocidios nazi y comunista. Cien mil de ellos en España como mínimo, porque con la píldora<a href="#_ftn5" id="_ftnref5">[5]</a> que nos trajo el gobierno del democristiano José María Aznar, y con las leyes de reproducción asistida, la cifra se nos escapa.</p>



<p>La autoridad política no sólo abandona su misión constitutiva y natural de velar por el bien común, sino que se convierte en agente hostil con su poder coactivo y sus recursos de una nueva agresión contra el primero de los derechos humanos, el derecho a la vida. Primero depositó la vida del nasciturus en la madre otorgando derecho de propiedad absoluto de unas personas sobre otras en un neoesclavismo. Ahora, en otra mentira antropológica, atribuye la propiedad de la vida personal a la propia persona, olvidando que nadie se ha dado la vida a sí mismo, sino que la ha recibido de otro en calidad de administrador.</p>



<p>La vida humana ya no es un bien, digno de protección jurídica, sino que tiene el valor que arbitrariamente le conceden las mayorías parlamentarias. Esto demuestra que los derechos humanos, cuando no se fundamentan en la dignidad humana de origen sobrenatural, pierden toda su verdad y toda su fuerza vinculante para las leyes humanas, para acabar en papel mojado. Por eso la búsqueda de una ética universal de consenso básico es una utopía ingenua. Y los derechos, una vez más, no se predican de lo que conviene al ser humano para su propia perfección, sino que son cambiantes en virtud de modas, ideologías extravagantes, mayorías parlamentarias o petición popular, como si la naturaleza humana no fuese una realidad universal e inmutable.</p>



<p>Estamos ante un episodio más de auténtico darwinismo social. Los débiles, los vulnerables y desesperados ya no encontrarán el consuelo, el alivio y la protección de la autoridad, sino que al contrario, encontrarán en la propia autoridad el estímulo para solucionar de forma fácil y rápida las tribulaciones personales, al tiempo que el Estado del Bienestar se ahorra ingentes cantidades de dinero en pensiones y en tratamientos sanitarios. Esta es la solución rápida y drástica que el régimen político relativista de partidos políticos que padecemos ha encontrado al problema de la financiación de las pensiones<a href="#_ftn6" id="_ftnref6">[6]</a>.</p>



<p>El desprecio del dolor es otra mentira antropológica de la modernidad. El sufrimiento forma parte de la vida humana, perfecciona las inclinaciones egoístas del hombre y eleva el espíritu sobre la tiranía de la carne. Es fuente de innumerables gracias cuando se ofrece con espíritu corredentor en virtud del Cuerpo Místico de Cristo y la Comunión de los Santos. Y es alivió de la pasión de Cristo de tal manera que participando de su tragedia participa también de su gloria en la Resurrección de la carne.</p>



<p>Los grandes avances científicos de nuestro tempo impiden sufrimientos insoportables. Pero la huida sistemática y cobarde de cualquier contratiempo en los propios planes es la negación de la solidaridad intergeneracional, de padres con hijos y de hijos con padres, de unos cónyuges con otros, de todos con todos, uno de los fundamentos de toda comunidad política.</p>



<p>Pero tal vez lo peor de esta aventura empecatada es que la sociedad, ya saturada de asesinos con padres abortistas, sanitarios abortistas o políticos abortistas, sufrirá el acecho de una nueva oleada de asesinos: familiares que firmarán la condena a muerte de sus abuelos, sanitarios que ejecutarán la sentencia, políticos que financiarán estos planes, y el pueblo que seguirá con su vida privada, creyendo que los pecados de omisión no claman al Cielo.</p>



<p>Estos nuevos asesinos serán padres, vecinos o votantes. Sus almas serán almas de asesinos. Serán almas donde no vivirá Dios, donde no habrá ni dones ni frutos del Espíritu Santo. Dios no bendecirá estos pueblos, entregados a la crueldad y la barbarie. Y caminaremos errantes y sin luz, como tal vez no hayamos conocido otra época en la historia.</p>



<p>En medio de tanta oscuridad y desconsuelo humano, la Iglesia tiene la vocación&nbsp; de alumbrar esta etapa siniestra de un mundo que agoniza. Su magisterio, rico y apretado, solución de todos los problemas humanos, está tan arrinconado, tan silenciado, que apenas se escucha su eco<a href="#_ftn7" id="_ftnref7">[7]</a>.</p>



<p>Por eso esperábamos con emoción filial el documento del Episcopado español en este trance difícil. El texto de nuestros obispos condena evidentemente la ley de la eutanasia como una violación del orden moral, pero volvió a decepcionar, por enésima vez, cuando abordaba la responsabilidad de las instituciones en este nuevo holocausto. Dicen nuestros obispos que «el hecho instaura una ruptura moral; un cambio en los fines del Estado»<a href="#_ftn8" id="_ftnref8">[8]</a>. No es cierto. No instaura ninguna ruptura moral, porque ya estaba instaurada con la ley del aborto, la ley de experimentación con embriones o la ley de fecundación artificial. Simplemente se trata de una vuelta de tuerca. Del discurso episcopal parece que las instituciones democráticas estaban en armonía con la Ley Natural, pero la llegada de la eutanasia ha roto este idilio.</p>



<p>Seguidamente, piden a «cuantos tienen responsabilidad en la toma de estas graves decisiones que actúen en conciencia, según verdad y justicia». ¿Y si no lo hacen? ¿Cuáles son las consecuencias personales e institucionales para quienes actúan contra la verdad y la justicia en la esfera pública? Porque toda decisión humana tiene consecuencias e incurre en responsabilidad.</p>



<p>El texto episcopal sobre la eutanasia de 1993 era mucho más clarividente y certero: la eutanasia no sólo es una cuestión de ética individual sino de legitimidad del poder civil. En 1993 se condenaba el positivismo jurídico y la lógica de las mayorías como fundamento del Derecho. Se recordaba también que la legitimidad de origen debe acompañarse necesariamente de la legitimidad de ejercicio, y que la dignidad humana es fuente y raíz del Estado de Derecho<a href="#_ftn9" id="_ftnref9">[9]</a>.</p>



<p>La nota episcopal de 11 de diciembre de 2020 sobre la eutanasia sigue sin encontrar razones suficientes para desautorizar moralmente un régimen político inicuo y oprobioso<a href="#_ftn10" id="_ftnref10">[10]</a>, de tal manera que «se levantan tronos para las premisas, y para las consecuencias, cadalsos»<a href="#_ftn11" id="_ftnref11">[11]</a>. ¿Dónde está hoy el relevo de san Juan Bautista denunciando públicamente el pecado de los poderosos?.</p>



<p>El Catecismo es mucho más audaz enseñando que sólo es legítima la autoridad que busca el bien común y que la ley injusta debe desobedecerse<a href="#_ftn12" id="_ftnref12">[12]</a>. Si la autoridad no es legítima es tiránica. Y contra la tiranía del parlamento no cabe el diálogo ni la mera denuncia. Hay que derrocar resueltamente al tirano. ¿Tendremos convicciones suficientes para ello? ¿Tendremos el arrojo necesario?</p>



<p><strong>Francisco J. Carballo</strong></p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p><a href="#_ftnref1" id="_ftn1">[1]</a> La Ley se aprobó en el Congreso de los Diputados el 18 de marzo de 2021 y entró en vigor poco después, el 25 de junio.</p>



<p><a href="#_ftnref2" id="_ftn2">[2]</a> PSOE, Podemos, BNG, ERC, Junts per Catalunya, Más País, Bildu, PNV, CUP, Ciudadanos, votaron a favor. Y PP, Vox, UPN, en contra. Hubo también dos abstenciones (CDC y Teruel Existe).</p>



<p><a href="#_ftnref3" id="_ftn3">[3]</a> <strong>Marcelino MENÉNDEZ Y PELAYO</strong>, <em>Historia de los heterodoxos españoles</em>, Madrid: BAC, 1987, p. 1038.</p>



<p><a href="#_ftnref4" id="_ftn4">[4]</a> La eutanasia viola gravemente las Leyes de Dios (vid. <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, 2276-2279).</p>



<p><a href="#_ftnref5" id="_ftn5">[5]</a> El Estado liberal, refractario al uso de la pena de muerte, sin embargo concede a los particulares esta potestad, que se ejerce en casa sobre un inocente, con impunidad, y sin acusación, sin juicio y sin abogado.</p>



<p><a href="#_ftnref6" id="_ftn6">[6]</a> El parlamento creó el problema de la natalidad con el aborto, el divorcio, el abandono de las familias numerosas, o la injusticia social que consagran todas las reformas laborales sin excepción. Y ahora afronta la solución a su incompetencia técnica y moral con disparatadas soluciones al precio de la dignidad del hombre y el bien común, pisoteadas, en honor a la salud de los datos macroeconómicos, a la absolutización de la propiedad y a la dictadura totalitaria de las mayorías parlamentarias.</p>



<p><a href="#_ftnref7" id="_ftn7">[7]</a> «Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable. Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador» (<em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, 2277). Cf. JUAN PABLO II, <em>Evangelium vitae</em>, 65.</p>



<p><a href="#_ftnref8" id="_ftn8">[8]</a> <strong>Nota de la CEE</strong>,«La vida es un don, la eutanasia un fracaso», 11 de diciembre de 2020.</p>



<p><a href="#_ftnref9" id="_ftn9">[9]</a> <strong>COMITÉ EPISCOPAL PARA LA DEFENSA DE LA VIDA (CEE)</strong>, <em>La eutanasia</em>, Madrid: Ediciones Paulinas, 1993, p. 80-82.</p>



<p><a href="#_ftnref10" id="_ftn10">[10]</a> En la misma dirección, un texto de 2019 de la CEE sobre la eutanasia presta toda su atención a la ética individual, recuerda que es una ley que daña la vida social (V), pide a las instituciones que sirvan el derecho a la vida (VI y VIII) y a los ciudadanos católicos que exijan con el voto y el asociacionismo el respeto del Estado a la vida (VII). Ni una palabra sobre la obligación del Estado con el orden moral objetivo como título de legitimidad (vid. <strong>SUBCOMISIÓN EPISCOPAL PARA LA FAMILIA Y DEFENSA DE LA VIDA (CEE)</strong>, <em>Sembradores de Esperanza: Acoger, proteger y acompañar en la etapa final de esta vida</em>, 1 de noviembre de 2019).</p>



<p><a href="#_ftnref11" id="_ftn11">[11]</a> <strong>Juan VÁZQUEZ DE MELLA</strong>, Obras Completas, volumen XXIV, Madrid: Junta de homenaje a Mella, 1934, p. 252.</p>



<p><a href="#_ftnref12" id="_ftn12">[12]</a> Cf. <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, 1903, 1901, 2242.</p>
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