Congreso de la Fundación Pablo VI: congraciarse con el mundo

🗓️27 de octubre de 2022 |

Los días 9 y 10 del pasado mes de marzo, la Fundación Pablo VI celebró en Madrid un Congreso titulado «Iglesia y sociedad democrática. El mundo que viene». Esta Fundación, presidida por el obispo de Getafe, promueve la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), está vinculada a la Universidad Pontifica de Salamanca, y depende del Episcopado Español.

Una pluralidad de personajes (cardenales, diputados, ugetistas, empresarios o profesores…), desfiló por varias mesas redondas para hablar de la educación, la economía o la juventud.

            La jornada concluyó con un debate titulado «Hacia dónde camina la Política», y contó con la presencia de Monseñor Argüello, Secretario de la CEE; Francisco José Contreras, Diputado de VOX; el Alcalde de Madrid; y Margarita Robles, Ministra de Defensa.

Monseñor Argüello empezó buenista, quejándose de la aspereza del lenguaje político, y las descalificaciones ad hominen. La suavidad en el lenguaje no es moralmente obligatoria. Toda buena dialéctica y apologética acomoda el tono y la carga de las palabras de forma proporcional a la importancia del problema. En presencia de Mao o Stalin no tiene sentido un reproche de sus crímenes con palabras melifluas y suaves sonidos. Su Ilustrísima estaba en presencia de políticos profesionales corresponsables de todo cuanto sucede en España y que conceden legitimidad moral a la progresiva descristianización de España. Monseñor olvida el lenguaje severo de San Juan Evangelista con Herodes (Mc. 6, 18). O de Cristo con los mercaderes del templo (Mt. 21, 12-13). Y con los fariseos (Mt. 23, 27-39). Y hasta con el propio San Pedro (Mt. 16, 21-23). Y no olvidemos que Cristo nunca pecó (2Cor. 5, 21). Sobre las descalificaciones personales, León XIII elogió la obra del padre Sardá y Salvany donde se defiende la tesis contraria, esto es, la necesidad de descalificar a los enemigos de la verdad, en lo público y en lo privado.

Añadió una enigmática reflexión: «hace falta una democracia participativa además de la representativa». Más de millón y medio de abortos desde 1985 en España, ¿y ese problema accidental es la inquietud sobresaliente de Su Ilustrísima? No entendemos nada.

La Ministra, sin quererlo, dijo algo más que interesante: la política es mucho más que los partidos políticos, y para hacer política no es necesario apuntarse a un partido político, añadiendo que es más lo que nos une que lo que nos separa. Monseñor Argüello no se sintió ni aludido ni ofendido. Inquietante.

            Argüello recordó que la DSI aporta algo que comparten las democracias occidentales y nuestra Constitución, es decir, la dignidad sagrada de todos y el bien común. Pero Ilustrísima, todas las democracias occidentales son, en sus leyes, la negación de todo cuanto usted ama y defiende.

El profesor Contreras, un tipo interesante aunque no exento de contradicciones, agitó la conciencia dormida del Sr. Obispo, recordando que se invoca de forma abstracta al bien común, uno de los cuatro principios innegociables expuestos por el Papa Benedicto XVI. Esto le llevó a entrar en política y en VOX. Aquí el Sr. Contreras ha confundido los deseos con la realidad. VOX nunca ha dicho que acabaría legalmente con la despenalización del aborto, sino de volver a la primitiva ley de 1985. Tampoco se opone a la fecundación in vitro, fuente de tantos abortos…

El segundo principio habla de la familia. Pero VOX ni se acuerda del divorcio. En el cuarto principio sobre el bien común, implica un régimen económico justo. VOX defiende un orden capitalista, incompatible con la concepción de la riqueza, la propiedad o el trabajo en la DSI. El bien común implica también, nos enseña el Concilio, el estímulo público de la vida religiosa, y la protección de la moralidad en la atmósfera social, que por supuesto ni aparece en el programa de VOX. Esperábamos que Monseñor Argüello hubiese añadido la enseñanza de San Juan Pablo II a este respecto. No es aceptable apoyar un programa político que atiende algunos elementos del bien común pero desatiende al bien común en su conjunto.

Monseñor Argüello pronunció la frase clave: no hay acuerdo antropológico. Y tampoco hay consenso sobre el bien. Pues claro, Ilustrísima. Este es el problema. Y concluyó preguntándose si no sería posible un mínimo marco de referencia sobre el eje de la dignidad humana y el bien común. Pues parece Su Ilustrísima que los enemigos de Dios no quieren. Y nunca querrán, hasta que se conviertan como Clodoveo o Recaredo. Pero mientras esto llega, es imperativo cristiano proclamar la verdad ante los enemigos, como hicieron los mártires, y ante los amigos, como hizo San Ambrosio de Milán.

Cuánta autocensura. Cuánto deseo enfermizo de consenso, de no discutir, de no discrepar. Cuánta tibieza y paños calientes con los tiranos, invitados a un congreso católico despojados de su responsabilidad en el genocidio del aborto. Cuanto deseo de congraciarse con el mundo, convirtiendo el diálogo en un fin en sí mismo, olvidando, si no queremos caer en la apostasía pública, que el primer deber de la caridad es con Dios.

Este Congreso ha sido, dijo Monseñor Ginés en su discurso de clausura, un congreso para la esperanza, desde la escucha, la acogida, el dialogo y el abrazo a todos. ¿Abrazo a Diocleciano, Saladino o Selim II? El amor a los enemigos es una virtud heroica, mandato del Señor a quienes le aman. Pero amar al enemigo nunca debe confundirse con la permisividad con el mal, cuyos derechos de gobierno son la legalización de la injusticia y la opresión.


Francisco J. Carballo

(Madrid, 1967) Doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Ciencias Religiosas y máster en Doctrina Social de la Iglesia. Es autor de varios libros, estudios académicos y artículos sobre pensamiento social cristiano.

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