Encarnar a Cristo en la empresa

🗓️7 de abril de 2022 |

El fin primario es producir bienes y servicios: la utilidad es un fin secundario, es un motor para que la gente produzca ese servicio. Es legítimo en cuanto favorece al primario y no lo contradice.

Para juzgar a un hombre hay que amarlo. Por eso hay que evitar la mecanización del trabajo, ese estado de humillación latente de los trabajadores que es ignorar para qué se trabaja, que sean los que no cuentan, esa desigualdad de situaciones de vida que casi siempre hace imposible toda promoción individual o colectiva, quitando, con la esperanza, las mejores razones de vivir. Por eso es importante no olvidar que:

1) Lo esencial es respetar la dignidad humana.

2) Debe haber amistad y buena voluntad.

3) Hay que usar la inteligencia, estudiar y observar para dar con la adecuada técnica psicológica necesaria aun para la aplicación de ideales sanos.

Además, debe haber comunicación: consultarlo, explicarle; debe haber participación (dar un sentido al asociado); debe haber trabajo en equipo. Según Pío XI en Quadragesimo Anno, hay que tener: “energía, iniciativa, no descuidar el progreso técnico y económico”.

Hay que remediar las injusticias, trabajar con eficacia, energía, iniciativa. Considerar como deber de estado el ser eficientes; para poder distribuir más hay que producir más. Además la eficacia es la mejor garantía de la continuidad de trabajo para los obreros, y más importante que querer –por vanidad – que la empresa crezca. No hay que descuidar el progreso técnico ni el económico. Hay que extender la propiedad privada. Es necesaria una distribución más justa de las riquezas. Hoy es cosa sabida que nada anda bien en una sociedad donde muchos están mal. Hay que saber distinguir y desechar lo superfluo. Lo superfluo es vanidad aun en nuestras empresas.

Debemos fomentar la cooperación, educando para que desaparezca la incertidumbre y la dependencia excesiva en que vive el obrero, que constituye, según los Papas, la esencia del proletariado. Debemos tener sentido de responsabilidad. Pío XI en Divini Redemptoris, al dirigirse a los patrones decía: “Acuérdense de su responsabilidad.” El ser eficiente es un deber de estado. Es un deber hacerse suplementar para que la función patronal sea cumplida. “Si uno no puede hacer, ayudar a hacer”; así lo decía León Harmel.

Es tener otra actitud, otro gusto, otro paladar; como tratándose de arte o de castidad. Que el objeto de la vida económica, el dinero, ocupe un lugar subordinado al carácter y a la virtud. Un hombre dotado de sentido social tendrá facilidad en hallar el punto medio de la comunicación de sus bienes sobrantes. En virtud de atenciones sociales, un hombre con sentido social moderará su espíritu de lucro, reconocerá el valor y la dignidad del trabajo ajeno, lo tratará con consideración y se esforzará para que llegue el trabajo a la elevación económica y moral correspondiente a su dignidad. Conduce a una manera de ser, a un estilo de vida.

Es necesario formar empresarios cristianos y darles un estilo de vida; contribuir a un mundo mejor, principalmente mediante la acción de cada empresario cristiano en su propia esfera, mediante la acción que, como institución, se pueda aportar a las instituciones y estructuras que hacen al bien común. El acento debe ser puesto sobre los hombres, sobre los jefes en nuestro país. Esta es una misión de religión y vida: tratar de santificarnos a través de la profesión y de santificar la profesión.


Enrique Ernesto Shaw fue un marino y empresario católico argentino.​ Por su vida ejemplar, la Iglesia aceptó que se inicie su proceso de canonización y desde 2021 es considerado Venerable.​

Entre las múltiples entidades en que actúaba, participo en la Acción Católica y el Movimiento Familiar Cristiano. Junto con otros empresarios participo en la organización de ayuda a la Europa de post-guerra que en 1946 promueve el Episcopado argentino, respondiendo al llamado de Pío XII, e intenta crear una entidad para que los empresarios “sean más cristianos”.

Con el estímulo del Canónico Cardijn funda en 1952 la actual Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) y en intensa acción evangelizadora dirigida al país y América Latina promueve el ingreso a UNIAPAC (Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresa).

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La Cumbrera

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