LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

🗓️25 de febrero de 2022 |

A lo largo de los siguientes artículos vamos a hacer un comentario-resumen de los diferentes aspectos que nos ofrece sobre la figura de María el Concilio Vaticano II, más concretamente su Constitución Dogmática Lumen Gentium.

  1. María desde el Antiguo Testamento hasta su Ascensión

Ya el Antiguo Testamento iluminaba la figura de la mujer Madre del Redentor. Ella es insinuada en la promesa de victoria sobre la serpiente en GN 3,15. En Isaías 7, 14 se dice que “concebirá y dará a luz un Hijo, cuyo nombre será Emmanuel”, recordándose así en Mateo 1, 22-23.

La Virgen sobresale entre los humildes y pobres del Señor que esperan la salvación. Con ella se cumple la plenitud de los tiempos y se inaugura la nueva economía.

“Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió a su Hijo hecho de mujer… para que recibiésemos la adopción de hijos”. Gal 4, 4-5. Este misterio continúa en la Iglesia (cuerpo del Señor) donde se venera la memoria, en primer lugar, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Nuestro Dios y Señor Jesucristo”.

Antes de todo vino la aceptación de la Madre predestinada. Eva, con anterioridad, contribuyó a la muerte y, por el contrario, María contribuyó a la vida. María, por lo tanto, arregló lo que Eva había hecho. Difundió la vida que renueva todo, enriquecida con dones por Dios. Los Santos Padres la nombraban de diferentes maneras: toda santa, inmune de todo pecado, hecha una nueva criatura… Además, se decía de ella que no era un instrumento pasivo ya que era cooperadora a la salvación por la libre fe y obediencia. San Ireneo: “Obedeciendo fue causa de su salvación y de la del género humano entero”.

Su aceptación vino con las palabras escritas en Lc 1, 38, diciendo “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Ella, libremente, se consagró a la persona y obra de su Hijo.

La unión de la Madre con el Hijo se dio desde el momento de la concepción hasta su misma muerte. Esta unión entre los dos se vislumbra en hechos como la visita de María a su prima Isabel, en la Natividad de los pastores y los Magos, en la presentación a Simeón (el Hijo sería signo de contradicción y una espada le traspasaría el alma), cuando se perdió en el templo y sus padres no lograban entender lo que decía. Ante todo, su madre conservaba en su corazón, meditándolas, todas estas cosas.

Durante el ministerio público de Jesús, María aparece significativamente: en las bodas de Caná, movida a misericordia, por su intercesión comienzan los milagros; en la predicación en el monte, Jesús hace alusión a personas como ella al decir “bienaventurados los que oyen y observan la palabra de Dios; avanzó, unida con fidelidad a su hijo, hasta la muerte y se mantuvo de pie, consintiendo con amor la inmolación de su Hijo y también al ser dada como Madre al discípulo por el mismo Cristo Jesús.

Ya en Pentecostés las mujeres oraban con los apóstoles tras la muerte de su Hijo y María, implorando el don del Espíritu Santo, fue asunta en alma y cuerpo a la gloria celestial y enaltecida como Reina del Universo.

En el próximo artículo trataremos el papel de la Virgen en la redención y salvación y su relación con la Iglesia.

¡Que Dios les bendiga!

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El Joven Rico

Joven y católico. Siempre en la búsqueda y la defensa de la verdad. En una formación cristiana continua.

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