El buen gobierno

🗓️10 de enero de 2022 |

Conocimiento de los hombres

Supongamos una banda de profesores acreditados. El director toma la flauta, y se la entrega al que toca el clarinete, el clarinete al que toca el bombardino, el bombardino al que toca el saxofón. ¡Qué desconcierto tan infernal! Es que nadie ocupa su sitio. Quien dirige a otros ha de conocerlos, para que desempeñen el papel que les corresponde, según sus cualidades. ¿No atina porque no las conoce? Pues la asociación, entidad o lo que sea, resultará un desconcierto maravilloso, por culpa exclusiva del director.

No hay satisfacción con carga excesiva

Aunque un superior fuera el ideal de la autoridad, el gobierno sería insoportable si el trabajo no puede llevarse humanamente. El trabajo inhumano agobia el cuerpo y el alma y hace insufrible la ocupación más gustosa. De modo que si la carga no depende del que manda, él no se hará odioso, pero la vida sí.

 No hay satisfacción donde existe ineptitud

Entre los absurdos que se achacan a la Compañía de Jesús, uno de ellos es el de contrariar las inclinaciones naturales. Es al revés: a cada cual se procura darle la ocupación más conforme a sus cualidades; con lo que el trabajo es más gustoso, rinde más y pueden llegar a formarse hombres de valor. Cuanto contribuya a hacer la ocupación más llevadera ha de favorecerse por la misma razón; dentro, como es evidente, del cumplimiento del deber.

No hay buen gobierno sin estabilidad

Sin estabilidad no puede haber plan; sin plan no puede haber labor eficaz; sin labor eficaz, el gobierno es inútil o perjudicial. Sólo por eso, aunque no hubiera otras razones que los hacen funestos, los gobiernos del sistema representativo son infecundos. Sin estabilidad no se forman gobernantes ni gobernados.

El prestigio del que manda se funda en sus prendas personales

Es decir, en su prudencia y discreción, su justicia y su bondad. No en que hable poco y grave y trate rara vez a los súbditos y se rodee la autoridad de trámites protocolarios. Un rey o un presidente de República, con el máximum de atributos externos de autoridad, puede ser el hazmerreír de todo el mundo.

 Suavidad y firmeza

Suavidad en las formas; firmeza en exigir el deber. Suavidad no sólo en las palabras, sino en el modo de exigir la obligación. El arte del gobernante consiste en lograr que se cumpla el deber con espontaneidad. 

La virtud de hacerse cargo

El superior ha de imitar a Dios en el modo de estimar las faltas. A los ojos divinos las faltas de fragilidad humana son dignas de compasión, porque son más pecados de naturaleza que de voluntad y de malicia. Aun las mismas faltas veniales, raras y aisladas, son un tributo a la naturaleza caída. Lo que Dios detesta es el pecado venial consciente y habitual; es lo peligroso y no tolerable a los ojos divinos, y lo que no deja sin castigo, frecuentemente, la caída en cosas mayores. De la misma manera, el superior debe sentir compasión por los defectos y negligencias semivoluntarias de los súbditos y aun por las faltas aisladas y ligeras, aunque conscientes. La autoridad ha de ser tolerable con esas faltas y saber disimularlas; pero entiéndase que si eso es humano, no lo es menos que los súbditos se compadezcan del superior y le perdonen las mismas fragilidades.

Hay que tomar a los hombres como son

 ¡Qué satisfacción tan honda sentiríamos todos si pudiéramos hacer que cuantos nos rodean tuvieran las cualidades que quisiéramos nosotros! Pero los hombres son como son; no como quisiéramos que fuesen. Tienen cualidades buenas y malas, no buenas solamente. Podremos hallar sujetos que carezcan de esas malas cualidades y otros que las tengan mejores. Lo que no podremos hallar es hombres sin tacha: eso no. El caso es ver si está en nuestra mano encontrar quien reúna un conjunto más apreciable de buenas y malas prendas. ¿No lo encontramos? ¡Ah!, pues entonces prácticamente el sujeto que tenemos es ideal; porque no es el mejor posible, pero sí el mejor en realidad. Y, por tanto, haremos más con él que con nadie. k) Cualidades nativas y ejercicio de gobierno Las cualidades nativas son: prudencia, energía, vigilancia, espíritu de justicia, previsión. Pero estas cualidades no se intuyen. No basta mirar a la cara a un sujeto para sacar de ella que ha de ser un buen carpintero. Que sea aprendiz, que pase a oficial, que suba a maestro, y cuando hayamos visto sus obras, diremos si sirve o no. Por no seguirse este criterio ocurre tantas veces el fracaso de los que gobiernan, porque se creyó tenían cualidades que no tenían en realidad, o porque, teniéndolas, no las perfeccionaron con el ejercicio, adquiriendo la experiencia necesaria para cargos de mayor responsabilidad. En cuanto entramos en el orden moral de las cosas se pierde el juicio que en el orden económico se conserva de ordinario con lucidez. ¿Quién pone al frente efectivo de un Banco a un sujeto no acreditado anteriormente en cargos subalternos, cada vez de importancia mayor? Nadie. Pues eso que no hace nadie, tratándose de intereses económicos, lo hacemos a cada paso tratándose de apostolado.

(Extracto del libro «Formación para selectos»)


P. Ángel Ayala Alarcó

Sacerdote. Fundador de la Asociación Nacional Católica de Propagandistas (hoy, Asociación Católica de Propagandistas)

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