Lex injusta non est lex

🗓️12 de enero de 2022 |

«Lex injusta non est lex», decía Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia. Y lo dice también la Biblia, «Ay de aquellos que dictan leyes injustas y con sus decretos organizan la opresión» (Isaías, 10, I).

Los confusos tiempos en que vivimos requieren de un profundo análisis y consideración de nuestra parte para actuar de la manera correcta según las circunstancias que se nos presenten. El atropello y extralimitación de los gobiernos de turno esta llegando a niveles impensados y requieren de nuestra parte una respuesta concreta.

Obedecer pseudo-leyes podrá salvar nuestro cuerpo, nuestros intereses temporales, pero perderá nuestra alma. Deben ser en conciencia desobedecidas, resistidas, sin darles cumplimiento, pues de otro modo nos haríamos cómplices de maldades criminales.

Y no basta con desobedecer las leyes injustas; hay que combatirlas con todas las fuerzas, procurando su derogación en todos los modos posibles: reuniones de oración, campañas de opinión, actos legítimos de desobediencia civil, manifestaciones públicas, recogida de firmas para un referéndum, publicación de artículos en los medios de comunicación, huelgas, congresos y actos que tengan difusión mediática, etc.

La ley formalmente aprobada pero que viola la justicia, no puede pretender obligar a los ciudadanos como lo haría una ley justa; se ha desviado, se ha corrompido, ha dejado de obligar como ley en sentido estricto, y ha pasado a presionar como expresión de poder (violencia). Un simil puede ayudarnos a entender: si un asaltante nos manda: “debes entregarme tu billetera”; es claro que formalmente hay una norma imperativa, pero ¿reclama que se obedezca por ser razonable y legítima? Claro que no. Si tenemos posibilidades de hacerlo, podremos desobedecerla y resistirla. Si no podemos, la obedeceremos y entregaremos la billetera, pero en tal caso no estaremos prestando obediencia al mandato en cuanto tal, sino a la violencia que se ejerce sobre nosotros.

Volvamos a Santo Tomás: «Cuando una ley está en contradicción con la razón, se le llama ley injusta, no tiene razón de ley y se convierte en violencia».

Los modernos Estados democráticos liberales son monstruosos, pero la mayoría no lo advierte. Por eso su monstruosidad es muy insuficientemente denunciada y combatida. Todavía muchos, también entre los católicos, hacen discernimientos completamente absurdos: «nosotros que vivimos en un régimen de libertad», «es increíble que pueda suceder algo tan espantoso viviendo en democracia»… No entienden nada. No alcanzan a cumplir la exhortación del Apóstol: «dáos cuenta del momento en que vivís» (Rm 13,11).

A veces puede ser necesario cumplir las leyes, ya sea para evitar males mayores como el desorden social, la anarquía o el escándalo moral que pueda llevar a otros a pensar que las leyes no son obligatorias. Pero en otras ocasiones, se podrá – o incluso, se deberá– incumplirlas por medio de la objeción de conciencia, la resistencia, la desobediencia civil y, en casos extremos, ejerciendo el derecho de rebelión contra un régimen tiránico.

Para ampliar sobre el tema: “Católicos y política” , P. Iraburu José María

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