La culpabilidad de la ignorancia

🗓️22 de febrero de 2022 |

Por Jordán Bruno Genta

La ignorancia es siempre culpable, aún del que yerra involuntariamente, porque el hombre está hecho para la verdad, e incluso cuando se equivoca, inocentemente vamos a decir así, se siente culpable, y se siente movido, obligado a reparar el daño que él, por ese error involuntario, pueda haber producido en otra persona. Pero ésta es la ignorancia menor de todas, la menos culpable.

Hay grados en la ignorancia, grados de culpabilidad, que significan proyecciones cada vez más arduas y tremendas en el orden de la convivencia. Después de esta ignorancia del que yerra, del que se equivoca, se dice que es humano errar, y nos estamos equivocando a cada rato, sin voluntad de hacerlo; está la supina ignorancia, la ignorancia del necio, de aquél que no sabe pero cree que sabe. Esta es ya una ignorancia con una tremenda culpa, tremendamente grave en sus consecuencias, y difícil de superar. Es la ignorancia del necio, de aquel que no sabe una cosa y cree que la sabe, y entonces tiene la desenvoltura, el empaque y la resolución de aquel que estuviese realmente en la verdad.

Pero hay una ignorancia más culpable todavía que la del necio, que es la del falso, la del que miente, la de aquél que conoce la verdad y la oculta, y por interés, por placer, por temor, dice el error conociendo la verdad. Esto es todavía más grave, y de mayores consecuencias negativas.

Hay una ignorancia peor todavía que ésta, que es una de las que está más difundida en los días que corren, que es el espíritu dialéctico, la mentalidad dialéctica. ¿Qué es la dialéctica?. Dialéctica en su sentido propio es la lógica de la apariencia sin ser, es discurrir con la negación, con la contradicción, y pretender que la verdadera síntesis y resolución final afirmativa, es la que resulta al negar lo negado. Según la dialéctica, la inteligencia humana elabora conceptos negativos, privativos, como por ejemplo el concepto de ceguera, pongamos por caso el concepto de la nada, el concepto del mal. La nada, el mal, la ceguera, no son cosas reales, son pensamientos relativos a lo que falta, a lo que está ausente. La ceguera no es una cualidad que uno tiene, es una cualidad que a uno le falta, la ceguera es una ausencia de algo que debiéramos tener, que es la vista. Eso es la ceguera física. ¿Qué es ser manco?, no es tener; es no tener la mano que uno debiera tener, uno está privado de lo que debiera tener. Entonces en la realidad, no es algo sino algo que falta; y el ser malo, o el mal, es ausencia del bien, privación del bien.

Pero ésta todavía no es la peor ignorancia. Hay una mucho más radical y tremenda, que ya no es humana en su raíz, sino diabólica. Hay una ignorancia diabólica, que es la ignorancia del ángel rebelde frente a Dios. El, una inteligencia separada y la más encumbrada de todas, no podía dejar de ver a Dios, de conocer a Dios, aunque no lo viera en su misma luz.

¿Cuál era el único modo de negar a Dios, y no servirlo?, apartar la mirada, apartarla. No querer verlo, porque si ponía los ojos en Él, tenía que adorarlo. Entonces el único modo de apartarse de Dios y no servirlo, era apartar la mirada. Se dice también entre los hombres, «no hay peor ciego que el que no quiere ver», «no hay peor sordo que el que no quiere oír». Esa es la ignorancia más culpable de todas, la verdaderamente diabólica. Esa es la ignorancia en la que están incurriendo los responsables de la conducción política de nuestra Patria. Cierran los ojos ante la evidencia, e insisten en el absurdo.

Etiquetas: ,

La Cumbrera

Actualidad, opinión y análisis desde una perspectiva Católica.

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso. Aceptar y continuar | Más información