90 años del voto femenino en España

🗓️2 de enero de 2022 |

El pasado mes de octubre se cumplieron 90 años de la llegada del voto femenino a España. Ocurrió un primero de octubre. Por la matraca que nos han dado con el tema, debe tratarse de un asunto de capital importancia. (1)

En el artículo 36 de la Constitución sectaria de 1931 se incluyó esta supuesta conquista social que incorporó a la mujer al tribunal popular que decide en plebiscito si Dios existe o no existe, si la Patria debe sobrevivir o por el contrario debe suicidarse, si la justicia social es necesaria o es mejor aplazarla sine die. 

Votaron en las Cortes fraudulentamente Constituyentes de la II República 161 diputados a favor y 121 en contra. Voto a favor la derecha, algunos diputados del Partido Radical y del PSOE, y algunas minorías republicanas, «progresistas» y nacionalistas. Votaron en contra diputados de Acción Republicana y del Partido Radical Socialista (PRS). 

Sólo había entonces dos mujeres diputadas. Clara Campoamor, del Partido Radical coaligado con la CEDA en el bienio estúpido 1934-1935, autora de la proposición de ley y que lógicamente votó a favor. Y Victoria Kent (PRS) que votó en contra. 

El 1 de diciembre de aquel año un diputado de Acción Republicana intentó, sin conseguirlo, retrasar la participación de la mujer en las elecciones legislativas hasta que hubiese participado dos veces en las elecciones municipales. Esta iniciativa acabó en votación parlamentaria, resultando de 127 a favor y 131 votos en contra. En esta ocasión había en la Cámara una diputada más, Margarita Nelken, del PSOE, que votó en contra de las tesis de Clara Campoamor.

La filosofía marxista tiene una moral revolucionaria, esto es, subordinada a la conquista de sus objetivos políticos. Por eso, es fácil encontrarse en la izquierda, especialmente cuando es española, ese doble rasero de medir los pecados propios y ajenos. Los mismos pecados (v. gr., el uso de la violencia, la pena de muerte, el Pacto germano-soviético, los golpes de Estado, la censura o hasta la dictadura…) son pecados justificados cuando los comete la izquierda, a quien se supone de forma apriorística una intención loable. Pero resultan pecados deleznables cuando los cometen quienes no son marxistas, para confirmar cualquier prejuicio antifascista, ese cajón de sastre donde cabe cualquier contestación ideológica a los planteamientos de la izquierda… Es una mentalidad sectaria y cínica, que atenta contra las exigencias más elementales de la lógica aristotélica y escolástica, y que sin embargo no por ello merma las adhesiones o los resultados electorales de los partidos de izquierda.

La bandera del voto femenino curiosamente fue iniciativa de una mujer cuyo partido acabó coaligado con la vieja derecha más reaccionaria. Pero todos los obstáculos para su promulgación y aplicación vinieron sólo de la izquierda (2), al parecer menos «progresista» entonces. La izquierda estimaba que la mujer no estaba preparada o que estaba bajo la influencia del confesionario. 

Esto demuestra que esa sensibilidad feminista en la izquierda es artificiosa y utilitarista, y que su ética es tan flexible como falsa. La capacidad camaleónica de la izquierda es capaz de atribuirse los méritos de una revolución y también su eventual represión, si así conviene a su estrategia para satisfacer el ansia de poder (3). Por eso repetía Onésimo Redondo que la mentira es al marxismo como el agua al pez, elemento indispensable de vida.

Nuestro rechazo al voto femenino, en idéntica proporción que nos resulta despreciable el voto masculino, se explica porque el voto femenino llegó para equipararse en iniquidad al voto masculino, que se atribuye arbitrariamente no sólo la soberanía sino también la interpretación del hombre, de la vida y de la historia, olvidando que las instituciones civiles pierden la condición de autoridad, con o sin voto femenino, cuando se transgreden los derechos inalienables y fundamentales de la persona. (4)


(1) Tal vez por ello podría haberse mantenido el nombre original de un importante hospital de Madrid que se denominaba 1º de Octubre, fecha de la exaltación del general Franco a la Jefatura del Estado, y que ahora se llama 12 de Octubre, fiesta de Nuestra Señora del Pilar y de la Hispanidad.

(2) Por cierto, en la reaccionaria EE. UU. se aprobó el voto femenino en 1920, una década antes que la Constitución de 1931. La «progresista» Francia no lo hizo hasta 1944. Y la moderna Suiza esperó hasta 1971…

(3) Todavía recordamos la famosa foto de Carrillo y Tamames con la bandera bicolor de España en rueda de prensa aceptando la monarquía, la bandera monárquica y al rey heredado del Régimen anterior. Ahora, ya legalizados y sin probable vuelta atrás, ya son de nuevo republicanos de la II República, que era un Régimen liberal y capitalista, que la izquierda quiso convertir ilegalmente en satélite soviético.

(4) Cf. San JUAN PABLO II, Veritatis splendor, 97, en JUAN PABLO II, Encíclicas de JUAN PABLO II, Madrid: Edibesa, 1998, p. 1134-1136


Francisco J. Carballo

(Madrid, 1967) Doctor en Ciencias Políticas, licenciado en Ciencias Religiosas y máster en Doctrina Social de la Iglesia. Es autor de varios libros, estudios académicos y artículos sobre pensamiento social cristiano.

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