¿Feliz Navidad o Felices Fiestas? El ocaso del Misterio.

🗓️24 de diciembre de 2023 |

La secularización de la Navidad y muchas otras festividades cristianas no es novedad. Desde que Papá Noel, Santa Claus, los renos y los regalos, se convirtieron en el centro de atención, se ha ido olvidando el motivo real de la celebración, el verdadero regalo. Jesucristo nació y muchos quieren que nos olvidemos. Del mismo modo como desde que el conejo de pascua esconde huevos de chocolate, se ha desdibujado la pasión de Cristo. Cuidado.

Es sabido que el mundo moderno se ha ido alejando del misterio de la encarnación. Y la razón real es porque se ha ido alejando del misterio en general. El hombre tiene que develar todo, el tiempo de asombro quedó en el pasado. Se debe construir una realidad en torno a los intereses y libertades propias.

Es paradójico que a medida que se ha ido alejando del misterio y con afán de entender todo de un modo más “serio”, también se ha ido alejando de la realidad objetiva, de las esencias como se las entendía antaño. La realidad fuera de mí tenía una esencia, una razón de ser particular, un enigma que debía ser develado. Si la esencia de las cosas las construyo yo mismo, no hay misterio. No hay mundo por conocer, sino por construir. La navidad deja de ser el nacimiento de Cristo, y pasa a ser lo que yo quiero y me conviene que sea.

Pero ¿qué es entonces la Navidad? Leonardo Castellani describe este tema muy claramente “Cristo quiso nacer en la mayor pobreza, quiso hacernos ese obsequio a los pobres. La piedad cristiana se enternece sobre ese rasgo y hace muy bien; pero ese rasgo no es lo esencial de ese misterio: no es el misterio. El misterio inconmensurable es que Dios haya nacido.

El Dios invisible e incorpóreo, que no cabe en el Universo, tomó cuerpo y alma de hombre, y apareció entre los hombres, lleno de gracia y de verdad; ése es el misterio de la Encarnación, la suma de todos los misterios de la Fe. Bueno es que los niños se enternezcan ante las pajas del pesebre, la mula y el buey…y que los predicadores derramen lágrimas sobre la pobreza del Verbo Encarnado; pero los adultos han de hacerse capaces de la grandeza del misterio y han de asombrarse no tanto de que Dios sea un niño pobre, sino simplemente que sea un niño.”[1]

De nuevo el misterio, la Encarnación de Cristo.  como decía, la secularización de la Navidad ha ido in crescendo desde hace ya algunos siglos. Y sin ir más lejos, el año pasado hubo un rumor acerca de la posibilidad de cambiarle el nombre a la Navidad. En lugar de navidad, la Unión Europea habría propuesto decir Felices Fiestas, salió en varios portales de noticias y rápidamente fue desmentido, pero esto no quita que hace tiempo gran parte de Europa y occidente en general, se ha olvidado de sus raíces, de su fundamento, de su razón de ser. Y hasta pareciera que una fuerza superior pusiera todo su empeño en que todos lo olviden.

La causa puede venir de un largo proceso, se alejó el hombre de lo real, el famoso giro lingüístico apareció en escena y desde hace tiempo que entendió (o malentendió) que, si no hay realidad objetiva, si no hay esencia que conceptualizar y luego expresar en palabras, lo que queda son solo las palabras, (lo que llamo el síndrome de la cáscara vacía). El lenguaje tomó el rol primordial: si no nombro la Navidad, no existe.

Por eso tenemos que estar atentos, en El Evangelio de Jesucristo, continúa Castellani (2011) “La herejía contemporánea, que consiste en una especie de naturalización del dogma, no tiene inconveniente en celebrar la “Fiesta de la Familia” y en enternecerse ante el “niño divino”; con tal que sea divino como todos los otros niños son “divinos”. El cristiano debe estar atento: no es un niño como los otros niños.” (p. 187)

Pareciera que el misterio se nos ha ido haciendo cada vez más extraño, la frialdad de la razón y hoy de la voluntad sin sentido hicieron mella en lo más profundo de nuestra alma. Y como dice Marechal “Si lo extraordinario parece hoy inaccesible a la criatura humana es porque la criatura humana se ha venido apretando en horizontes mentales cada vez más estrechos, y porque la zona cortical de su alma se ha solidificado en un cascarón infranqueable”[2]

Ante este panorama y con el mandato de ser sal de la tierra, los cristianos debemos recuperar el Misterio, el asombro de lo simple y a la vez grandioso. Seamos como Niños como mandó el mismo Cristo. Y como nos recordaba el gran Chesterton, quien sabía que los cuentos de hadas están ahí para recordarnos el misterio de la realidad y cuanto más pequeños somos más intacto está nuestro anonadamiento hacia las cosas simples. Y nos decía entonces “Cuando somos muy chicos no necesitamos cuentos de hadas; solamente necesitamos cuentos. La simple vida es suficientemente interesante”[3]

Invito a los cristianos de mi Patria y de las Patrias lejanas a no dejar de asombrarse, a no olvidar el misterio de la Encarnación.

¡Feliz Navidad!


[1] Castellani, L. (2011) El Evangelio de Jesucristo. Ed. Cristiandad

[2] Marechal, L (2023) El Banquete de Severo Arcángelo. Ed. Seix Barral (p. 10)

[3] Chesterton, G. k. (2010). Ortodoxia. Ed. San Pablo. (p. 64)

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Yesica Grillo

Profesora de filosofía