JMJ DE MATEMÁTICAS

🗓️15 de agosto de 2023 |

Unos días antes de la Jornada Mundial de la Juventud organizada por la Unión Matemática Internacional, un miembro de la organización dijo públicamente que la intención de esa Jornada no era convencer a los jóvenes de que las matemáticas son una ciencia exacta, ni promover su estudio, ni incitar a nuevos alumnos. Esa declaración me pareció sorprendente y fue una de las razones que me determinaron a acudir a aquel evento; quería ver con mis propios ojos aquella Jornada Mundial de las matemáticas que no se proponía enseñar las matemáticas.

   Al llegar allí me pareció encontrarme en una discoteca gigante a la que hubieran sustraído las paredes y el techo. Luces polícromas, ruido ensordecedor, histeria colectiva. Busqué signos que me indicaran que aquel era en verdad el evento que había organizado la Unión Matemática Internacional, pero por el momento no los vi. Yo había esperado encontrar un decorado lleno de símbolos algebraicos y referencias matemáticas, una escenografía que hiciera recordar en todo momento a la concurrencia cuál era el motivo y objeto de aquella reunión, pero en general nada distinguía aquel evento de un festival de música cualquiera.

   Y la música, por supuesto, era horrorosa: monótona, inculta, idiotizante. No me pareció la más adecuada para estimular a la juventud a ser superior a las bestias, pero en cualquier caso no fue el escaso valor artístico de la música lo que me llamó la atención, sino otra cosa: para abstraerme de su dolorosa fealdad, se me ocurrió prestar atención a la letra de una de las canciones, y me pareció escuchar con total nitidez esta frase: «dos más dos son cinco». Pero me negué a creer que realmente había escuchado aquellas palabras. No, a nadie se le ocurriría poner una canción así en una Jornada Mundial de la Juventud organizada por la Unión Matemática Internacional. «Sin duda ⸺pensé⸺ la imaginación me ha jugado una mala pasada. ¡Qué cosas tiene la mente!»

   Pero unos segundos después la misma frase volvía a repetirse en la canción, y hasta tres veces, por lo que tuve tiempo de convencerme de que mi imaginación no tenía nada que ver con aquello. Presté atención a las siguientes canciones, y en gran parte de ellas se volvían a repetir frases antimatemáticas. En algunas se negaba el teorema de Pitágoras, en otras se formulaba incorrectamente; unas se burlaban del cálculo diferencial, otras de las funciones algebraicas; aquélla insultaba a Fermat, ésta a Euler.

   Herido por aquella falta de coherencia, me dirigí a uno de los organizadores para pedirle explicaciones. Le pregunté cómo podían permitir que sonara aquella música y cité algunas de las frases que había escuchado.

—Oh, pero son jóvenes —me dijo—. A la juventud hay que darle estas cosas.

—¿Quiere decir que son tan jóvenes que no son capaces de entender que esas letras atentan contra las matemáticas?

—¿Qué quieres, que le pongamos a Bach? Son jóvenes, hay que ponerles música moderna. ¿O tienen que escuchar la misma música que escuchaba Descartes, o la que escuchaba Arquímedes?

—No, por supuesto, pero ¿no hay en la música actual ninguna canción que no atente directamente contra las matemáticas? ¿No habrá, por casualidad, alguna que diga que dos más dos son cuatro, o al menos que no diga lo contrario?

   Pero no obtuve más que una mirada de desprecio como respuesta, tras lo cual el organizador se perdió entre la multitud.

   Al instante la música dejó de sonar y se anunció a través de los potentes altavoces que tendría lugar una conferencia, la cual iba a ser impartida por el controvertido profesor de matemáticas Martin James. Este matemático es conocido en todo el mundo por oponerse a todos los teoremas, axiomas y principios matemáticos que de alguna forma puedan entrar en conflicto con el colectivo LGTB. Sostiene, por ejemplo, que el número 1 no es el primero, puesto que al representarse en forma fálica estaría favoreciendo la idea de que el hombre heterosexual es superior, ya que los números comprendidos entre el 2 y el 9 simbolizan las otras orientaciones sexuales. Siguiendo ésta y otras ideas igual de extravagantes, se dedica a rechazar a todas las grandes autoridades matemáticas de la historia, desde Euclides a Riemann pasando por Newton.

   Algunos pensamos que un profesor de matemáticas que niega los principios más elementales de esa ciencia, y que difunde entre sus alumnos el desprecio a las mayores autoridades en ese campo, debe ser cesado de inmediato, y que se le debe prohibir el ejercicio de la docencia.

   El episodio de la música y la presencia de Martin James fueron suficientes para convencerme de que aquél no era mi lugar, y así acabó mi corta experiencia en la JMJ de las matemáticas.

   Debo decir que, en el transcurso de la Jornada, también pude ver a verdaderos entusiastas de las matemáticas, alumnos aplicados que habían acudido allí de buena fe. Tampoco negaré que hubo verdaderos profesores impartiendo conferencias en las que no se escuchaba otra cosa que verdades matemáticas, como la del profesor Munilla. No niego todo lo bueno que hubo allí; no niego que hubiera una gran cantidad de gente, tanto entre los participantes como entre los asistentes, guiada únicamente por un sincero y ortodoxo amor a las matemáticas; no niego que el espíritu de las matemáticas sopla donde quiere y que, por lo tanto, habrá podido convertir a algunos a esa ciencia.

   No, mi intención no es criticar «a bulto». Tan sólo me limito a señalar que, en una JMJ organizada por la Unión Matemática Internacional, las canciones que atentan contra las matemáticas, los participantes invitados que niegan sus principios y los sacrilegios contra esa ciencia son más significativos que los actos en su favor, los cuales se presuponen.

   Si alguien me dice: «pero hombre, allí hubo quien dijo que dos más dos son cuatro, así que no estuvo tan mal», le diré que aplaudo todo lo bueno concreto que allí pasó, pero que en un acontecimiento preparado por una organización que se propone promover el estudio de las matemáticas no es gran mérito decir que dos más dos son cuatro, y en cambio es mucho demérito que se permita decir lo contrario, del mismo modo que en un evento náutico no es gran mérito que los barcos floten, pero es un gran demérito que haya aunque sólo sea uno que se hunda.

   Se presume que en una Jornada Mundial de la Juventud enfocada a las matemáticas habrá algunas cosas buenas relacionadas con esa ciencia, pero no puedo aplaudir el evento, ni felicitar a los organizadores, si se presentan mezcladas con una gran cantidad de cosas nocivas. No creo que alguien, al sufrir una intoxicación en un restaurante debido al mal estado de la carne, se le ocurra decir: «pero las patatas se podían comer». Y en caso de que lo dijera, sería una crítica y no un elogio al restaurante.

   Así, aquellos mismos que dicen que en la JMJ también ha habido cosas buenas, hacen, sin darse cuenta, la peor crítica que puede hacerse de ese evento. Por supuesto, no pretendo que una Jornada de esa magnitud y afluencia deba ser perfecta; en toda organización humana se dan por sentadas las imperfecciones, premeditadas o no, y los inconvenientes que resultan de una reunión en masa. Pero cuando la previsión humana ha puesto todo su empeño y su buena fe, esas imperfecciones quedan reducidas de tal forma que se comentan como excepciones, y el mayor crítico se limita a decir: «también hubo cosas malas». No es el caso de esta JMJ, donde sus mayores defensores se ven obligados a decir: «también hubo cosas buenas». A confesión de parte, relevo de prueba.

ALONSO PINTO