A través del Evangelio de Juan: una variación del Génesis y una disquisición solipsista.

🗓️15 de agosto de 2023 |

Una variación del Génesis:

Dios creó este universo por el Logos. Pero en este universo durante miles de millones de años Dios se manifestó en voluntad, sola voluntad, hasta que llegó el momento en que esta voluntad fue manifestando Su razón -semilla del Logos- como un espejo en el humano. (Génesis 1, 1- 2 y Juan 1, 1-3).

Esta razón fue fruto de las disposición para el diálogo del humano con la Creación y con los demás humanos. Esta disposición al diálogo sucedió por una apertura y ofrecimiento de la voluntad al “Otro”, pero muchas veces esta voluntad, imbuida en el pecado original, era sólo “voluntad de poder”, por lo que las verdaderas “razones” e “intenciones” quedaban en la “oscuridad”( Génesis 1, 3-4. Génesis 4, 5-7 y Juan 1, 4-5)

Pero nació un humano, que también es Dios, Jesús de Nazareth. Jesús comprendiéndolo todo no sólo con su razón sino también con su voluntad, decidió ofrecer esa propia voluntad para redimir esa razón y voluntad humanas sumidas en la doblez de la oscuridad (Juan 3, 14-16), para que los humanos pudieran santificarse fundiéndose, ofreciéndose a través de su propia voluntad humana a la Luz de la voluntad divina (Juan 1, 14).

Y tan perfecto es este acontecimiento de Redención, tan lleno de Luz que ni los Ángeles lo comprendieron con su razón y por eso lo adoraron, lo adoran y lo adorarán (Juan 1, 51).

Una disquisición solipsista:

¿Por qué los católicos nos desgañitamos en tantas argumentaciones racionales, si para alcanzar la Luz lo que vale es el acto sincero de ofrecimiento de la propia voluntad?

¿Si los mismos ángeles adoraron sin comprender, nosotros no deberíamos primero siempre adorar para comprender?

Creo que la clave está aquí:

«Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos:

conocerán la verdad y la verdad los hará libres»(Juan 8, 31-32)

Este pasaje indica que ser fieles a la palabra de Dios, a los mandamientos del Amor, es el único camino por el que podemos conocer la verdad y la libertad. Sólo haciendo la voluntad de Dios se va ganando la experiencia de la verdad y así se deja de estar encapsulado en el propio mundo de razones solipsistas. Así, conociendo la verdad de Dios, nos vamos desprendiendo de nuestros propios humanos razonamientos y esto nos hace libres en la verdad, aptos para captar el Espíritu de Dios, lo que Él nos quiera mostrar y no lo que nosotros queremos ver.

A la samaritana Jesús le responde:

«Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre.

Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» (Juan 4, 21-24)

Aquí justamente Jesús está diciendo que no basta con ir al templo para adorar. Es decir que la doblez entre nuestra razón y voluntad nos puede hacer creer que se conoce a Dios, pero este conocimiento puede ser endeble si no nos lleva a la adoración. Lo que aquí señala Jesús es que para ser “un hombre sin doblez” (Juan 1, 47), para no caer en el circulo solipsista puramente formal-humano-social, alejado de la Creación y del Don de Dios (Juan 4, 10), a Dios se lo debe adorar en espíritu y en verdad, es decir, con la razón y la voluntad unificadas.

(Un buen consejo es esta frase que se adjudica a san Francisco de Asís: “Predica el Evangelio en todo momento y, si es necesario, usa las palabras”)

Santiago Festa von Neufforge