Roy Campbell, poeta y hombre de acción

🗓️22 de abril de 2022 |

Ese título bien podría ser el resumen de toda una vida, la del poeta converso Roy Campbell (1901-1957), llena de situaciones en las que el azar, al que no le perdió la cara, desempeñó un gran papel como protagonista hasta el último suspiro terrenal del bueno de Roy. También, podría ser la inscripción de un epitafio, el título de un artículo –de hecho, lo es– o el titular de un periódico británico, The Times, un par de días después, el 25 de abril de 1957, del fatal desenlace.

Hoy, 23 de abril de 2022, se cumplen 65 años del fatídico accidente de tráfico que costó la vida a Roy Campbell en las inmediaciones de Setúbal, Portugal. La Muerte, con su guadaña escondida a escasos metros del arcén, estaba presta y dispuesta para colaborar en tu redención como personaje literario y referente humano.

Como William Shakespeare, Roy nos dejó un día de San Jorge que, además en aquel 1957, coincidía con el Lunes de Pascua, fecha más que señalada por su conversión al catolicismo en Altea (Alicante) en junio de 1935. Fue entonces cuando las Letras británicas y la poesía mundial quedaron huérfanas de su músculo, fuerza y encanto. Fue entonces, también, cuando los ecos de la Semana Santa de Sevilla, esa con la que tanto habías disfrutado días atrás, se apagaron y las campanas de alegría por el Resucitado doblaron a muerto.

En su honor, esta carta. Es lo mínimo que, en la distancia y en el tiempo, puedo seguir haciendo por un amigo como tú, Roy.

Querido ROY:

Hoy he encontrado este libro, la biografía «Roy Campbell: marginación, exilio y conversión», que ahora tengo en mis manos. Ha sido por casualidad, fruto del azar, pero, leyendo entre líneas, me he dado cuenta de que, tras conocer retazos de tu vida, soy un principiante en este tipo de lances de la Providencia. ¡Qué iluso!

Me he sentido un advenedizo, un recién llegado, respecto a tantas cosas que dijiste, episodios que narraste, países que visitaste, anécdotas que viviste, poesía que escribiste o literatura que tradujiste. Siendo sincero, hasta confieso una cierta vergüenza al aprender de ti y establecer comparaciones con los diversos y leves avatares que el Destino diariamente me ofrece. Jamás podré estar a tu altura, Roy.

No soy nada, no soy nadie, sin esas innumerables experiencias que ocuparon días y días de una agitada existencia vital. No conozco MARGINACIÓN, no he estado en el EXILIO, no he precisado de ningún tipo de CONVERSIÓN, pero me siento como tú, amigo, me identifico con esa salvaje naturaleza que te dio Sudáfrica, tu tierra natal; con ese indómito espíritu de lucha contra viento y marea, contra el rugido de mares y océanos, contra el «bramido» de aquellos necios que te negaron una mayor relevancia en el universo de las Letras por ser un tipo sin complejos, gran amigo de sus amigos, y encarnizado enemigo de sus detractores.

me gusta tu posicionamiento contra corriente, tu forma de resolver los problemas, de acudir a compromisos eludibles y temerarias convicciones para resurgir de tus cenizas y recobrar esa libertad que la opresiva mentira quiso imponer sobre tu insigne figura humana y literaria. 

Tu actitud, como la del soldado cristiano Jorge ante el tirano Diocleciano aquel lejano 23 de abril del año 303, te honró. Nunca diste tu brazo a torcer ante la opresión del más fuerte a sabiendas de las duras consecuencias que, sobre tu persona y carrera literaria, pudieran tener.

Añoro, poeta, el fragor de tus múltiples batallas, el estilo de tus irónicos dardos poéticos, la constante lucha por una supervivencia en entredicho, la fe gestada y ganada a pulso en España al ritmo que marcan estos párrafos cuando paso páginas con gloriosos renglones de la historia de tu vida.

Roy, poeta y hombre de acción, la lectura de tus versos y el recuerdo de tu carácter aún perduran en tiempos actuales que, paradójicamente, adolecen de heroicos tipos como tú, de los que van de frente y se posicionan ante la injusticia, ante los seguidores de la mainstream y los serviles aduladores del Establishment que, como marionetas, se mueven al antojo de los hilos de una endiosada manipulación.

Roy Campbell, ¡presente!
R.I.P.

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