«Los místicos no son espíritus caracterizados por la pasividad o la resignación, sino por la rebeldía.» Rafael Narbona

🗓️27 de enero de 2022 |

Chesterton decía qué el periodismo el periodismo  «El periodismo consiste esencialmente en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. ¿Qué es el periodismo para usted?

Es cierto que el periodismo habla de muchas banalidades y, en no pocas ocasiones, intenta manipular a la opinión pública, transformando un hecho irrelevante o poco significativo en un acontecimiento. Yo me he dedicado fundamentalmente al periodismo cultural. El periodismo político apenas me interesa, salvo cuando se trata de análisis consistentes y fundamentados. Para mí, el periodismo es un una actividad que me permite escribir sobre literatura, filosofía, cine, arte, teología, cómic, acercándome a los lectores desde un formato particularmente accesible. Gracias a las redes sociales, un artículo puede convertirse en un diálogo fructífero.  Las redes sociales me han dado muchos disgustos, pero también han propiciado encuentros fructíferos. Si tuviera que definir el periodismo, diría que es un medio privilegiado para tomar el pulso a una época e intentar clarificar sus problemas fundamentales. Me permito añadir que en el caso del periodismo cultural, un buen artículo puede llegar a ser un diálogo con la belleza.

Usted afirma «Estoy harto del periodismo. Quita mucho tiempo y no da prestigio.» ¿A qué se debe la decadencia del periodismo actual y su falta de prestigio en la sociedad?

La irrupción de internet casi ha acabado con el periodismo. Se ha generalizado la idea de que los periódicos deberían ofrecer sus contenidos gratuitamente, lo cual es muy injusto, pues detrás de un artículo hay un periodista que trabaja mucho para elaborar un texto. Yo, que creo en la economía de mercado, pienso que el periodismo debería estar bien retribuido. A cambio, el periodista debería esforzarse al máximo para ofrecer un trabajo de calidad. Sin embargo, hoy se cobra por un artículo la mitad que hace diez años. En algunas publicaciones culturales de prestigio, ya no se paga, pues la retribución que podría ofrecerse se considera casi ofensiva. Algunos periódicos han intentado combatir esta situación, apostando por el amarillismo o por contenidos más ligeros, lo cual ha provocado un deterioro de un medio que desempeña una función social importante. En el campo de la crítica literaria, que es mi especialidad, una concepción demagógica del espíritu democrático ha destruido la autoridad de los críticos. Hoy se considera que cualquier opinión vale lo mismo. Da igual que un libro cuente con el aval de grandes críticos, como Harold Bloom o Reich-Ranicki, las dos últimas grandes figuras de la crítica literaria. Muchos lectores consideran que su opinión es tan valiosa como el criterio de un especialista con una larga trayectoria. Ya no se acepta la noción de jerarquía ni el principio de autoridad.

En su Twitter publicó un escrito nada halagüeño.  «Hasta que no publicas un libro de impacto, eres subproletariado, un plumilla que cobra 100 euros -o nada- por artículo. Es un camino hacia ninguna parte, pues el destino de los artículos es el olvido casi inmediato» ¿Cree que hay salida a la precarización del periodismo? ¿Qué recomendaría a un joven -o no tan joven- periodista?

No veo salida a esta situación y me duele por los más jóvenes. Algunos de mis antiguos alumnos se dedican al periodismo y lo hacen francamente bien. Sin embargo, cobran salarios miserables. Detesto dar consejos. Me limito a solidarizarme con los jóvenes periodistas que experimentan frustración por sus bajos salarios y el escaso reconocimiento. Eso sí, tengo muy claro que un mundo con un periodismo residual o de mala calidad será un mundo menos libre y menos digno.

¿Cuáles creen que son los principales problemas del periodismo?

Como ya he comentado, la idea de que todo debe ser gratis, aplicada a la información. Nadie aceptaría que su trabajo no fuera remunerado. Otro problema, pero este es más antiguo, es la demanda de un periodismo ligero, frívolo o truculento. Sin una ciudadanía ilustrada, el periodismo acaba chapoteando en el cieno.

Usted ha leído más de 6.000 libros ¿Qué libros recomendaría a los jóvenes?

Los grandes clásicos: Cervantes, Dante, Shakespeare, Dostoievski, Tolstoi, Proust, Thomas Mann, Galdós, Unamuno, Miguel Delibes, Borges y, por supuesto, Chesterton. En ellos está lo esencial: la preocupación por el hombre, la búsqueda de la trascendencia, la reflexión sobre los afectos, el anhelo de belleza, los grandes dilemas morales. También recomiendo a autores contemporáneos como Sebald, Coetzee, Thomas Bernhard o Javier Marías. Y como no quiero que me acusen de no incluir nombres femeninos, mencionaré a unas cuantas escritoras con un talento excepcional: Jane Austen, las hermanas Brontë, Rosa Chacel, María Zambrano y Ernestina de Champourcin, por la que siento un gran aprecio. Me permito una coda más: los poetas, que los jóvenes lean a los poetas. En España, hay grandes líricos, como san Juan de la Cruz, fray Luis, Bécquer, Machado, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, Cernuda, Aleixandre, Luis Rosales, José Antonio Muñoz Rojas, Valente.

Usted tiene un personaje en sus escritos llamado el padre Bosco, ¿qué similitudes y diferencias encuentra con el padre Brown de Chesterton?

Entre las semejanzas, citaré el ingenio, la humildad y la capacidad de análisis. La diferencia más acusada surge de pertenecer a épocas muy diferentes. El padre Brown no conoció el Concilio Vaticano II. Es un cura tradicional. El padre Bosco no es un teólogo de la liberación, pero simpatiza con las reformas de Francisco. Además, el padre Bosco fue un joven conflictivo. A diferencia del padre Brown, es un hombre corpulento que antes de ejercer el sacerdocio practicó el boxeo amateur. Creo que ambos personajes se encuentran en una perspectiva humanista que les aleja del fanatismo y en una profunda comprensión de las emociones de sus semejantes.

Uno de los dilemas que se plantea el padre Bosco es sobre la legitimidad de asesinar a Hitler, ¿qué recomendaría hacer a un joven que se encuentra ante grandes dilemas en su vida?

No precipitarse. No dejarse llevar por reacciones viscerales. Meditar con serenidad y buscar la alternativa más ecuánime. No sé qué habría hecho si me hubiera enfrentado a la posibilidad de matar a Hitler antes de que causara una hecatombe de proporciones desconocidas. Desgraciadamente, hay guerras necesarias, como la que acabó con la dictadura nazi, pero la violencia siempre es un fracaso y, lo que es peor, salpica a los inocentes.

Aunque los místicos que usted recoge en  Peregrinos del absoluto. Una experiencia mística (Editorial Taugenit)  son muy diversos ¿qué cree que pensarían de la sociedad actual?

Que el ser humano ha perdido el sentido de lo trascendente, que cada vez es menos receptivo a la belleza, que la banalidad ha invadido todos los ámbitos. Sin embargo, no caerían en el desánimo. Lucharían por aportar profundidad y sentido. Los místicos no son espíritus caracterizados por la pasividad o la resignación, sino por la rebeldía. Etty Hillesum habría seguido buscando a Dios en su interior, proclamando que la vida, pese a sus insuficiencias, es un precioso don.


Álvaro Guzmán Galindo

Director de Chesterton.es Esposo y padre. Graduado en Derecho con estudios en Administración y Dirección de Empresas. Profesionalmente dedicado a las Redes Sociales y la Comunicación.

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